Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/09/13 16:55

El origen de los demonios

Es necesario anotar que el cristianismo no apareció espontáneamente en América y cuando los españoles pisaron suelo americano trajeron consigo la muerte.

Carlos Julio Martínez. Foto: Semana.com

Para nadie es un secreto que en materia de religiosidad la mayoría de latinoamericanos se autodefinen como cristianos, católicos o protestantes. El 90 % de quienes profesan esa fe —incluyendo a la senadora Viviane Morales, perseguidora acérrima de la comunidad LGBTI en Colombia— jamás se cuestionarán sobre el origen de sus creencias. Es necesario anotar que el cristianismo no apareció espontáneamente en el continente sino que su génesis data de 1492, cuando los españoles pisaron suelo americano y trajeron consigo la muerte disfrazada de una “civilizada religión”.

En la actualidad es tal el fanatismo religioso que predomina en la América moderna, que los fieles no se percatan de la historia apocalíptica que padeció la América aborigen mientras era convertida al cristianismo. Los teístas ignoran profundamente que la Iglesia Católica —la misma institución a la que pertenece el exprocurador Ordóñez— exterminó a cientos de miles de indígenas y culturas enteras por el simple hecho de profesar un culto diferente y creer en otros dioses.

Hay que decir que la corona española y la Iglesia, bajo la bendición del papa Alejandro VI, consideraban a los indígenas bestias paganas, salvajes y brujos. Llegaron a afirmar que no eran realmente humanos e hijos de Adán como los europeos. Así que había que ‘civilizarlos’ según el modelo de la sociedad española del siglo XVI. Para tal fin utilizaron todo tipo de torturas, atropellos y vejámenes en nombre de una divinidad desconocida para los indios. A esta colectividad con miles de asesinatos encima, paradójicamente, hoy día se le exonera del pago de impuestos.

No se puede desconocer que antes del desembarco de las carabelas en las costas americanas —las que venían repletas de aventureros sin ley, bajo el mando del navegante genovés Cristóbal Colón— los indígenas americanos habían construido ciudades sobre las cuales organizaron la sociedad, la política y las distintas actividades humanas. Poseían métodos heredados para extraer de la naturaleza sus medicinas y desconocían, por supuesto, el culto a una divinidad trinitaria.

Pero tras la llegada de los misioneros católicos, los templos nativos y sus monumentos fueron destruidos y reemplazados por iglesias cristianas. La resistencia indígena cayó derrotada bajo el poderío de la acción cristianizadora de los católicos quienes defendían sus crímenes con frases como “El que los indios mueran como moscas es prueba de que Dios está del lado de los que conquistan” y así justificaban las masacres.

Y es que son tantas las infracciones a la vida que cometió la Iglesia Católica para imponer el cristianismo, que todo el daño causado por las FARC al país en 52 años de guerra no son nada frente a ello. Empero, hoy los curas gozan de prestigio, opinan sobre temas de importancia nacional, violan niños y no van a la cárcel, se les permitió monopolizar el negocio de la educación con el que perpetúan el engaño, son dueños de la tierra, de cementerios, de museos, de colegios, de santuarios, de hornos crematorios, de funerarias y de cientos de parroquias en las que se recolectan miles de millones de pesos cada domingo sin rendir cuentas a la DIAN.

Precisamente, si Colombia es mayoritariamente cristiana no se debe a intervención divina alguna, sino que corresponde a los efectos de los mecanismos atroces e inimaginables utilizados por siglos para destruir sistemáticamente el presente y el pasado religioso de las generaciones posteriores a la invasión española.

Es por ello que en el mundo contemporáneo vemos hordas de hombres y mujeres que bautizan por simple tradición a sus hijos —aún cuando estos ni siquiera han aprendido a hablar— en la misma institución que masacró a sus antepasados. Este extraño fenómeno social es una clara muestra de que los cristianos desconocen en mayor parte su historia religiosa, la misma historia que dio origen a los demonios que hoy habitan en sus nubladas mentes.

* Comunicador Social de la UNAD y Reportero Gráfico de Publicaciones Semana.

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