Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/08/09 19:08

Yo Votaré 'Sí'

Ahora que estamos ad portas de liquidar a las FARC —como grupo armado—sorprende que el panorama político del país se encuentre bajo una profunda división entre el ‘No’ y el ‘Sí’.

Carlos Julio Martínez. Foto: Semana.com

Al reflexionar sobre el tema llegué a la conclusión que lo mejor para definir el futuro de mis hijos y el mío es votar ‘Sí’ en el próximo plebiscito por la paz.

Y es que a diferencia de muchos países latinoamericanos, los colombianos poseemos la información correcta de un país que ha padecido una guerra durante cinco décadas. Bastante tiempo en el que casi todos —de alguna manera— hemos sido tocados por este flagelo cuyos estragos materiales y secuelas sicológicas no solo han afectado la mente de los combatientes, sino los corazones de la población entera. Por ello, hay que allanar el camino que conlleva a la consecución de la paz a través de un proceso de votación y olvidarnos así de una vez por todas del sangriento camino al que nos conduce la beligerancia militar.

Ahora que estamos ad portas de liquidar a las FARC —como grupo armado—sorprende que el panorama político del país se encuentre bajo una profunda división entre el ‘No’ y el ‘Sí’. Es como si un sector de la sociedad, liderado por el Centro Democrático, no entendiera que el gran error de juicio en el que caen radica en creer que la solución está en las armas y no en el diálogo. Por ello, existen varias razones para afirmar que los guías de esta campaña deben padecer algún tipo de enajenación mental que les impide vivir en armonía con la situación política del país que les vio nacer. Y es que después de coexistir en medio del conflicto armado pareciera que una parte de la sociedad, la del norte de Bogotá, se hubiera acostumbrado a presenciar como un mero dato estadístico la muerte de los soldados de la patria. Ellos, los uniformados, son quienes en definitiva tienen la misión constitucional de enfrentar a los guerrilleros y paradójicamente no son los hijos de quienes se oponen a la paz, y la razón es sencilla: los hijos de ‘papi y mami’ están ocupados cursando maestrías y doctorados en el exterior mientras que los pobres se matan a bala en el monte.

Yo tengo que decirles a los sultanes de la guerra que mi familia, mis amigos y yo votaremos por el ‘Sí’, porque no queremos que la historia diga que tuvimos la oportunidad de acabar un conflicto de diversa complejidad y nos negamos a ello condenando a muerte, de paso, a miles de soldados.

Si bien, para nadie es un secreto el daño que ha hecho a los colombianos el grupo guerrillero cuyos líderes están dialogando en La Habana, es descabellado afirmar que el país va a ser entregado a las FARC y al ‘Castro-chavismo’ como afirma el expresidente Uribe en su discurso trillado y falaz. La buena noticia es que una vez se firme el fin del conflicto las ramas del poder, las cortes y los órganos de control continuarán operando desde la democracia. La mala noticia para los seguidores del uribismo es que una vez las FARC entreguen las armas su discurso guerrerista habrá perdido su esencia y su norte.

Colombianos, la transparencia es importante en la toma de decisiones, es por ello que debemos asegurarnos de optar por la medida correcta frente al plebiscito por la paz y aquel que no haya analizado con suficiente atención —la forma en que viviremos los próximos años— es mejor que se tome su tiempo y vote desde la perspectiva de su conciencia, desde la premisa que no ha sido posible, durante 50 años, exterminar militarmente a las FARC, o al menos meter presos a todos sus comandantes.

* Comunicador Social y reportero gráfico en Semana

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