Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/04/08 12:15

Que Colombia cumpla y Nicaragua desista

Muchos países se han puesto de acuerdo para delimitar y compartir el mar en términos amistosos, con resultados excelentes

Carlos Vicente de Roux.

En su edición 1768, SEMANA planteó como posible salida al diferendo con Nicaragua acoger los criterios del fallo de 2012 de la Corte de La Haya, a cambio de rechazar totalmente los que pudiera definir respecto a su plataforma continental, esa extensión de subsuelo marino de baja profundidad que los países pueden reivindicar para fines económicos y similares. A renglón seguido, sin embargo, SEMANA descartó la fórmula, por ser improbable que los nicaragüenses negocien sin esperar el veredicto de fondo de la Corte sobre la plataforma.

¿Pero qué tal que Nicaragua nos coja la caña? Los nicas están contentos con el fallo porque no adoptó la tesis, inventada por Colombia en 1969, y cortésmente avalada por fragatas y cruceros, de que la frontera marítima era el meridiano 82. Y nosotros también deberíamos estar satisfechos, porque por fin quedó amarrada y remachada, por la fuerza de un pronunciamiento judicial internacional, nuestra soberanía sobre el archipiélago, incluidos sus 7 cayos, y sobre un amplio entorno marítimo no muy distante de Centro América. Y todo eso sin que la sentencia nos haya despojado de nada: el área marina del tamaño de Antioquia que supuestamente nos quitó, solo nos había pertenecido en el video que nos hicimos sobre el meridiano mencionado.

Por otra parte, Nicaragua sabe que no la tiene fácil en lo de la plataforma, por 6 razones, cuando menos:

La mitad de los magistrados de la Corte consideraron que el tema ya había quedado resuelto en la sentencia de 2012.

Colombia no es parte de la Convención sobre el Derecho del Mar.

Es improbable que La Haya se arriesgue a inaugurar en este caso la aplicación del derecho consuetudinario (la costumbre internacional) al asunto de la plataforma continental, y a convertir el Caribe Occidental en una caldera de conflictos entre Nicaragua y sus vecinos.

No está establecido hasta dónde llega físicamente la supuesta plataforma continental de Nicaragua.

Contra lo que se ha dicho en Colombia, la Corte no ha exonerado a ese país centro americano de recurrir a la Comisión de Límites de la Convención del Mar para probar la extensión de su plataforma. Lo que ha hecho es permitir que se inicie el trámite del proceso mientras se pronuncia la Comisión.

Los territorios ultramarinos también generan plataforma continental, así que la del país demandante tendría que repartirse con la de San Andrés y Providencia.

Tampoco hay que descartar que nuestra contraparte haya recurrido a lo de la plataforma como medio de presión contra la mamadera de gallo de Colombia con la sentencia.

A todo eso súmese que ambas naciones necesitan regular con prontitud el manejo de sus intereses comunes: aprovechar y proteger los recursos del mar y su subsuelo, definir los derechos de pesca de pobladores y empresas, reglamentar el tránsito naval y aéreo, combatir el delito, garantizar el abastecimiento de las islas (el agua y la comida les llegan de Centro América), etc., etc. Muchos países se han puesto de acuerdo para delimitar y compartir el mar en términos amistosos, con resultados excelentes. Actualmente, explotamos junto con Jamaica una extensa zona marítima y en el pasado lo hicimos con los Estados Unidos alrededor de los cayos. ¿Por qué sería imposible repetir esa clase de experiencias con Nicaragua?

Así que si convocáramos al gobierno de nuestra contraparte a negociar el diferendo, bajo el presupuesto de que cumplamos con la sentencia de 2012, y le adelantáramos, en prenda de seriedad, las bases de un posible tratado, lo pondríamos a rascarse la cabeza. La contrapartida obvia sería que desistiera de la demanda de la plataforma, conforme al artículo 88 del reglamento de la Corte.

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