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Opinión

  • | 2011/03/28 00:00

    Carlos Vicente de Roux, ¿en el lugar equivocado?

    Con de Roux se presenta una situación paradójica, que no deja de ser tragicómica, pues a la vez que quiere ser el candidato del Polo, ha dicho que estaría dispuesto a declinar su aspiración si Gustavo Petro se lanza.

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Si no fuera porque el Polo está tan desprestigiado, la escogencia de Carlos Vicente de Roux como su candidato a la alcaldía de Bogotá habría podido producir una tercera sorpresa política en la capital del país, después de las que produjeron Lucho Garzón (quien derrotó a Juan Lozano, el ungido por Enrique Peñalosa y Álvaro Uribe) y Samuel Moreno, hoy el más directo responsable -con su hermanito Iván- de la debacle que vive su partido.
 
Con de Roux se presenta una situación paradójica, que no deja de ser tragicómica, pues a la vez que quiere ser el candidato del Polo, ha dicho que estaría dispuesto a declinar su aspiración si Gustavo Petro se lanza. Y Petro no sólo ya no es del Polo, sino que se fue de allí dando un portazo. El lado trágico es para el PDA, pues esto se traduce en que su más firme aspirante es un caballo de Troya del petrismo, del que para colmo del infortunio no se pueden desprender. En este contexto se conoció un comunicado de ese partido (mal redactado y sin firma responsable, por cierto) donde le dicen al “honorable concejal” que su conducta “pone en duda e incertidumbre sus propósitos y objetivos los cuales podrían afectar la Unidad del POLO” (sic), y rematan con que “debe sujetarse a las normas del partido, lo contario se presentaría un presunto caso de doble militancia” (sic).
 
El lado gracioso es para el concejal llamado al orden: nadie como él sabe que en efecto está practicando una especie de tácita doble militancia, pero desde una condición preponderante, pues si no se atreven a expulsarlo del partido (como le correspondería a cualquier organización política que se precie de coherente) es porque tiene la sartén por el mango. Expulsarlo sería ahondar la crisis de desprestigio que vive esa colectividad, en tratándose de un personaje sin tacha y que -a diferencia de Petro- nunca asumió parte beligerante en el conflicto armado.
 
Estamos hablando de un abogado del Externado experto en Derechos Humanos, docente e investigador de varias universidades, vicepresidente del Banco Colmena, asesor en Derechos Humanos de la Fundación Social, director de la campaña Viva la Ciudadanía, Consejero Presidencial para los Derechos Humanos de César Gaviria y Ernesto Samper, y Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Oriundo del Valle, pertenece a una familia sobre la cual habría insuficiente ilustración si no se mencionara a sus hermanos: Lía, experta en temas de literatura y lectura, casada con Juan Martín Caicedo, ex alcalde de Bogotá; Gustavo, ministro de Salud de César Gaviria; Francisco, la máxima autoridad (provincial) de los jesuitas en Colombia, ex director del Cinep y del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio; y Antonio, vicerrector académico de la universidad Javeriana de Cali.

Se debe citar además que en 1998 de Roux formó parte del embrionario grupo político que intentó formar Antanas Mockus tras su derrota como fórmula vicepresidencial de Noemí Sanín, pero se distanció de aquél y en 2002 lideró el apoyo de los independientes a la campaña presidencial de ésta.

Todo lo anterior para concluir que se trata de un político sui generis, que no encaja en la línea ortodoxa del Polo y luce como de mejor estirpe en la de Petro, pero cual Supermán goza del maravilloso don de la ubicuidad, pues hoy está a la vez con los unos y… con el otro, cual amada infiel. Es una situación sin duda ventajosa, a la que de Roux le saca partido con cierta impudicia, consciente de que ésta es su oportunidad dorada para posicionarse en el imaginario colectivo bogotano, hacia una ronda futura.
 
En estas condiciones es altamente improbable que la Dirección Nacional del Polo convoque a una consulta abierta para la escogencia de su candidato, pues corren el riesgo de que de Roux se presente y la gane, del mismo modo que Petro le arrebató a Carlos Gaviria la última candidatura a la Presidencia, contra todos los pronósticos. Sea como fuere, sería la ocasión ideal para que ese partido rectifique, se depure (o mejor, se purgue) y logre arrojar de sí la influencia asfixiante que sobre sus destinos ejerce esa estreñida trinca conformada por la Anapo, el Moir y el Partido Comunista. La paradoja radica entonces en que convocar a una consulta abierta sería como hacerse el harakiri, pero a la vez se vislumbra como receta viable para resucitar al Polo de su agonía.

Para no darle más vueltas al asunto, y aplicando la misma dialéctica hegeliana que en los años 80 enseñaba en la universidad Jorge Tadeo Lozano, podría concluirse que Carlos Vicente de Roux está ciertamente en el lugar equivocado, pero no del todo…

En otras palabras: con cara gana de Roux, y con sello pierde el Polo.

http://www.jorgegomezpinilla.blogspot.com/
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