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Opinión

  • | 2017/02/23 09:27

    "Cultura y rentabilidad no son excluyentes"

    El Carnaval de Barranquilla es la muestra perfecta de lo que vale, lo que aporta y lo que pesa la economía creativa (naranja).

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Colombia se prepara para su fiesta cultural más importante, el Carnaval de Barranquilla, del 25 al 28 de febrero. Desde la batalla de flores y el desfile del rey Momo, hasta cuando Joselito se vaya con las cenizas, la ciudad, capital del Caribe se convierte en el epicentro de la principal muestra del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad que tiene nuestro país.

Esta fiesta, hija del mestizaje, la cultura y la representación Caribe en toda la región hemisférica, pone a Colombia en el mapa a la par de eventos tan importantes como el Carnaval de Rio, los Carnavales antillanos e isleños, y el Carnaval de la hermana Venezuela.
Pero la fiesta empieza desde antes; con el acostumbrado “precarnaval” la cultura va haciendo de las suyas con la izada de bandera el 20 de enero, hasta el recorrido de verbenas el 24 de enero, así que la fiesta se inicia cuando arranca el año en enero, y termina en el ocaso de febrero.
La festividad del pueblo Caribe es un patrimonio no sólo cultural sino económico, artístico y creativo de nuestro país. El presupuesto de ingresos para el Carnaval 2017 se estima en 14.372 millones de pesos, lo que supone un aumento del 7 % respecto a la cifra del 2016, y un aumento sustancial si lo comparamos con los 9.000 millones de pesos de presupuesto que se tenía para el año 2012.

El Carnaval no sólo es motor económico de la ciudad durante las festividades, sino que es el ejemplo perfecto de una alianza público-privada en torno a un proyecto común, es así como el porcentaje por patrocinios asciende al 47 % de ingresos, seguido por el 29 % por concepto de alquiler de palcos. Otras cifras importantes corresponden a los actores que se emplea el Carnaval (26 %), las carrozas utilizadas en la tradicional batalla de flores (9,3 %), la coronación de la reina del Carnaval (7 %) y los servicios logísticos, incluidos los de seguridad (6 %).

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Con casi 12.000 empleos temporales por las festividades y una ocupación casi total de núcleos familiares, el Carnaval de Barranquilla es, sin duda, el principal motor de la economía local durante el primer trimestre del año.
Para el 2017, la Cámara de Comercio de Barranquilla estima un aproximado de 56.000 millones de pesos en ingresos asociados a actividades productivas formales e informales en el departamento de Atlántico por concepto del Carnaval.
El incremento del 2,5 % respecto a la cifra estimada de ingresos del 2016 al 2017 representa el 0,2 % del PIB departamental, lo que equivaldría casi a US$19,5 millones.

El Carnaval de Barranquilla es la muestra perfecta de lo que vale, lo que aporta y lo que pesa la economía creativa (naranja), ya que en estas festividades se empelan artistas, músicos, diseñadores, confeccionistas de ropa, publicistas, fotógrafos, coreógrafos, arquitectos, presentadores y asesores, entre otros, todos relacionados con la logística y la producción de los diferentes eventos; sin mencionar los aportes económicos a los sectores tradicionales de industria y comercio, así como a los servicios de transporte, hotelería, servicios médicos, etc.

El único lunar que encuentro ante esta euforia carnavalera es el hecho de que al ser muchas de estas ocupaciones y oficios temporales, y al empatar el fin de año con la temporada de vacaciones y el inicio del Carnaval, una afectación latente es el endeudamiento y otras prácticas como acudir a las casas de compraventa, a las que deben recurrir muchos de los barranquilleros para poder financiar la fiesta.

El fenómeno obedece a que, de acuerdo con datos del 2015, en departamentos como Atlántico, uno de cada cuatro habitantes estaba en situación de pobreza, lo que se suma al hecho de que en la costa caribe es normal que las personas de los estratos de 3, 2 y 1, en los que existe mayor informalidad, la población acuda al “pagadiario” para endeudarse o a las compraventas para obtener dinero rápidamente, fenómeno que aumenta en vísperas de la celebración del Carnaval.

Según datos de la Asociación de Casas de Compraventa, de las 7.000 compraventas que existen en el país, 700 se reparten por los departamentos de La Guajira, Magdalena, Cesar, Bolívar, Atlántico, Córdoba y Sucre, en donde la tasa de informalidad laboral supera la media del país, según la última encuesta elaborada por el DANE. 

El Carnaval de Barranquilla y todo el potencial creativo del Caribe deben ser motores permanentes de prosperidad, no una bonanza pasajera asociada la fiesta que regrese a los estratos 1, 2 y 3 a la informalidad y la falta de oportunidad. La cultura vale, y a través de ella podemos cerrar las brechas de la inequidad, encontrar un camino para el desarrollo económico del departamento y convertirla en una cantera de nuevos talentos que nos traigan a Shakira, o a la siguiente compañía de baile, o a otra revelación de un nuevo talento del que el Caribe no carece.

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