Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/02/10 16:13

Carol, Tood Haynes

Con “Carol” se asiste a un preciosismo y un cuidado en todos los detalles que bien vale la pena reseñar.

Carol, Tood Haynes

Empieza bien el año fílmico con esta buena realización, ambientación de época, trabajo de cámara, puesta en escena y actuación, gran actuación. Un todo fílmico que se hace imprescindible de ver y disfrutar, para entender además el por qué de las nominaciones que tiene al Oscar y a las que no fue nominada.


Con “Carol” se asiste a un preciosismo y un cuidado en todos los detalles que bien vale la pena reseñar. Lo primero que llama la atención es la puesta en escena y ambientación de la época, principios de los años cincuenta, donde todo está muy bien diseñado y logrado para producir esa reconstrucción de otros tiempos, y que en cine sigue teniendo un encanto muy especial, como en este caso, cuando todo ha sido muy bien planificado a nivel de escenografía y decoración, lo que redunda en un efecto muy agradable a los ojos de todo espectador.


Se aprecia en la moda y trajes (nominada como mejor vestuario), también en los carros, muchos carros que aparecen en el film, pero no sólo en estos dos elementos que son los más notorios cuando se trata de recrear otras épocas, sino también los diversos artículos que un superalmacén de cadena podía vender con la inmensa registradora para pagar. Incluso, en algún momento, la coprotagonista entra a una tienda de discos, o sea, sólo acetatos de 90 y 45 revoluciones, corta escena que está muy bien reconstruida y que lástima que sea tan breve por las reminiscencias que causa. En fin, muchos elementos en esta bien elaborada ambientación, en la que su director ya es un experto, pues en el 2002 había rodado “Lejos del cielo”, en los mismos años cincuenta con Julianne Moore y Denis Quaid.


En materia fílmica todavía es más notorio este preciosismo del que se comentaba en párrafos anteriores. La variedad de planos y ángulos con que se registra la puesta en escena ya descrita y su respectiva iluminación, que es lo que hace que precisamente tenga tanto realce y se pueda apreciar en toda su magnitud esta ambientación de época. Ya desde un comienzo queda todo anunciado de cómo será la película en cuestión de movimiento de cámara y respectivos enfoques, pues se inicia con un largo y estudiado plano secuencia de alguien saliendo del metro, luego por una calle que atraviesa, para dirigirse por otra al fondo y todo ello sin ningún corte. Aspectos que ya no se ven en cine y por tanto, cuando aparecen se convierten en todo un motivo de celebración, pues expresarse con los abundantes medios que el cine permite es algo que ya no se utiliza ni se acostumbra en detrimento del arte fílmico. Las contadas excepciones como en este caso, redundan en un mejor lenguaje fílmico, en un saberse expresar fluidamente a través de las imágenes captadas. Por todo ello, muy acertadamente, está nominada a mejor fotografía.


En cuanto el sentido, concepto, facetas del tema y su tratamiento, todo en últimas es de su autora, es decir, de la novela de Patricia Highsmith “El precio de la sal”, quien la escribió en 1952, con seudónimo, pues por el tema tabú de narrar sobre relaciones lésbicas no podía ser de otro modo en aquel tiempo, y sólo 37 años después, en 1989, pudo aparecer de nuevo con su nombre y el título de “Carol”. Sus puntos de vista, tan críticos por cierto y que nunca gustaron entre sus compatriotas, sobre las apariencias y formalismos sociales, sobre la problemática de las relaciones humanas y de pareja, todo lo que criticó y fustigó severamente la escritora, se encuentra conservado en el guión, realizado por Phyllis Nagy.


En ese estilo y contenido del libro, la guionista logra conservar el espíritu del mismo, por ejemplo, en la manera de expresar las mujeres sus afectos, sensualidad y sexualidad que tienen otra connotación, tan diferente a la masculina. Quizá en lo que queda sin mucho énfasis el tema es que no había la “liberalidad” de hoy ante las lesbianas, que era algo de lo cual ni se hablaba en público, aunque dentro del relato ese es el punto central de “inmoralidad” por el cual el exmarido le quiere quitar la custodia de su hija, pues ella tiene un romance con otra mujer. Se asiste a una de las mejores adaptaciones que se hayan hecho de esta escritora, por eso mismo está nominada como mejor guión adaptado.


Patricia Highsmith, tan polémica, con su condición manifiesta de lesbiana y con tendencias izquierdistas, poco pudo soportar la situación de rechazo y juicio permanente en su país, así que en 1962, a los 43 años de edad, se trasladó a Europa de donde nunca más saldría hasta su muerte en 1995. Más aceptada y admirada en dicho continente, no es de extrañar que sea allí donde más adaptaciones de sus novelas se han realizado. Desde un Alfred Hitchcock hasta un Claude Chabrol, pasando por un Wim Wenders y otros muchos directores. Pero la temática de la película de esta ocasión todavía genera resistencias, todavía no es bien vista, la modernidad y liberalidad no ha llegado mucho por los alrededores de la Academia de Hollywood que decide qué es nominado y qué no como mejor película, por eso “Carol” no se encuentra en dicha categoría. Sin importar toda su calidad fílmica, imagen y talento visual, adaptación del guión y muy buen actuación de sus dos personajes centrales (nominadas como mejor actriz y mejor actriz de reparto), todo un conjunto más que suficiente para competir en la mayor de las categorías del Oscar, pero el tema sigue siendo tabú…

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