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Opinión

  • | 2017/05/09 07:51

    El Septimazo

    Nuestra capital merece contar con una arteria peatonal de talla mundial donde se reivindique el respeto por el espacio público, la convivencia ciudadana y las tradiciones olvidadas

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En los años cuarenta se denominaba "septimazo" el arte de vivir el centro a partir de su eje transversal que era precisamente la carrera séptima, entre calles once y veintidós. Allí confluía regularmente la ciudadanía, antes de que las familias prestantes y los comercios empezaran a migrar al norte, hacia Chapinero. La séptima tenía una vida propia con iconos como el Teatro Colombia, buenos almacenes y bancos.

La intervención sobre esta arteria emblemática de la Carrera Séptima de Bogotá pondrá a la capital a la altura de grandes ciudades del mundo, donde el acceso al centro se logra a partir de imponentes vías peatonales, rodeadas de lugares amables, comercio al aire libre y espacios de encuentro ciudadano.

Los carros accederán por otras vías, de hecho recordemos que la Séptima va de sur a norte hasta la 32, luego no es actualmente una vía de acceso; o la gente cambiará de "chip" dejando el carro en casa cuando tengan que ir al centro. Recobra lógica e importancia un buen TransMilenio por la Séptima, desde el extremo norte de la ciudad hasta el centro.

La Séptima peatonal es una gran ilusión para todos los bogotanos, pero también un interesante reto para la administración y la ciudadanía por igual.

El ejercicio va más allá de cambiar el pavimento por adoquines, colocar materas y delinear una ciclorruta.

Se trata de un ejercicio profundo donde está en juego la movilidad, el bienestar de la ciudadanía, el comercio, instituciones públicas y privadas entre muchas otras cosas. Los diseños no pueden ser capricho de unos pocos o ideas derivadas de impulsos o emociones. Lo que deje construido la administración será solo la semilla para un proyecto colectivo que corresponde ser terminado por la ciudadanía.

Las grandes ciudades del mundo tienen arterias peatonales similares a lo que se pretende hacer con la Séptima, pero a diferencia de Bogotá son proyectos ya consolidados con décadas de existencia. Las discusiones sobre si quitar los carros para dar paso a los peatones fue bueno o malo son cosa del pasado y la ciudadanía misma se ha encargado de reivindicar su conveniencia ya que los beneficios son evidentes : mejor calidad del aire, espacios públicos para la gente, un comercio al aire libre, no en centros comerciales cerrados, entre muchos otros beneficios.

Los vendedores ambulantes que ven en la calle su única opción de subsistencia, a través del comercio informal son sin duda una de las principales amenazas que enfrenta un proyecto de este tipo y sin duda alguna uno de los argumentos más fuertes de sus detractores. ¿Cómo una ciudad que no es capaz de cuidar un andén y mantenerlo libre de invasiones va a ser capaz de sostener una vía peatonal de estas dimensiones?

El flujo de transeúntes por una vía de estas características y las grandes aglomeraciones que se generan en ciertas temporadas, se convierten en oportunidad de oro para que el comercio informal haga su "agosto" multiplicando sus ventas, netas y libres de impuestos o contribuciones, por lo menos los tributos legítimos, que se deberían al estado o a la ciudad, ya que para nadie es un secreto que en determinados puntos de la ciudad el espacio público tiene "dueños" que asignan su uso y cobran por su utilización, a cambio de una "contribución".

Le corresponderá entonces a la ciudadanía aliarse con los comerciantes y con la administración para hacer un frente común de protección al espacio que será recuperado. Las asociaciones de comerciantes deberán fortalecerse. Sin necesidad de reinventar la rueda bastará con tomar ejemplo de sólidos proyectos de asociación ciudadana ya existentes como los Business Improvement Districts o Distritos de Mejora Comercial, que funcionan exitosamente en varias ciudades del mundo como manifestación de aprecio, apropiación y responsabilidad de los mismos comerciantes por el cuidado, sostenibilidad y mejoramiento de su entorno.

Será también la ciudadanía quien deberá a partir de la semilla sembrada por la administración, materializada en espacios públicos de calidad, amplios y agradables, decidir si mantiene su indiferencia e indolencia por su apropiación indebida e invasión, o si prefieren disfrutar de un espacio amable, seguro y de verdadero uso público.

Las ventas ambulantes, la inseguridad y los males que nos aquejan hoy por hoy no pueden ser obstáculo para seguir soñando con la ciudad que merecemos hace décadas. El hecho de que nos hayamos dejado arrebatar nuestros espacios no significa que no debamos mantener e intensificar la lucha por su recuperación y que una vez recuperados seamos capaces de continuarla por mantenerlos impecables.

Preparémonos pues para muchos ‘Septimazos‘ y para replicar este tipo de ejercicios en otras vías de la ciudad.

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