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Opinión

  • | 2012/11/01 00:00

    Carta abierta a Gabino

    Le pido que lidere al interior del ELN tomar la decisión de suspender de manera definitiva y total la práctica del secuestro de personas o retenciones económicas.

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Estimado Nicolás:

En mi actividad permanente de investigación sobre conflictos y paz, leo con frecuencia los documentos que publica el ELN en su página web, y encuentro en ellos, con satisfacción, expresiones explícitas de disposición a iniciar un proceso de diálogo de paz con el Gobierno Nacional, orientado a poner fin definitivo al conflicto armado y a que se creen las condiciones para superar las causas que lo produjeron. También sé, de oídas, que ya existen contactos con el Gobierno y que próximamente se estaría instalando una mesa de diálogo, con su respectiva agenda, metodología, fases, tiempos, lugares y garantes; en la perspectiva de hacer confluir el proceso ya iniciado con las FARC-EP y el del ELN, en un momento de madurez de los dos procesos y de necesidad de discutir temas comunes para una paz única y nacional.

El país y la comunidad internacional están expectantes y la sociedad mayoritariamente apoya este proceso de paz iniciado, aunque mantiene dudas y reservas sobre la voluntad real de las partes de llegar al final del conflicto, que muy pronto cumplirá medio siglo. Es decir, el optimismo moderado de personas e instituciones que apoyan los esfuerzos de paz, va de la mano con el nivel de confianza y credulidad sobre las verdaderas intenciones de las partes, pero más marcadamente de las intenciones de las organizaciones insurgentes; lo cual indica que es una necesidad de las partes construir confianza en la sociedad y en la comunidad internacional, para que las conversaciones de paz estén rodeadas de un ambiente social positivo y de opinión favorable, que solo se logran con actos indiscutibles de paz, que obren como señales inequívocas de que se está en la dirección correcta e irreversible de poner fin a la guerra entre compatriotas.

Nicolás, la semana pasada cuando asistía a las honras fúnebres de mi madre en la ciudad de Bucaramanga, supe que en la sala de velación contigua, se realizaba el sepelio del señor Alberto Alvarado Rodríguez, ingeniero de profesión, que murió vilmente asesinado a manos de un grupo del ELN que lo había secuestrado hacía siete meses en Toledo (Norte de Santander), así lo leí y vi en los periódicos junto con una fotografía del señor Alvarado custodiado por dos personas con insignias y bandera del ELN. Todo indica que la autoría fue de la organización revolucionaria a la que pertenecí y contribuí a construir en su ideario y valores revolucionarios y de humanidad.

Quiso el destino juntar el hecho natural de la muerte, al final de la vida en el caso de mi madre, con la muerte violenta, mansalvera y cruel de un ciudadano del común que no merecía morir, que no debió ser matado porque hasta donde sé a los “retenidos por razones económicas” se les respeta la vida. Vi y sentí el dolor desgarrado de la familia Alvarado Rodríguez, dolor mucho mayor que el mío, porque mi madre falleció por causas naturales, en tanto que a Alberto se le arrancó inmerecidamente la vida.

Nicolás, sentí rabia y dolor, a veces no sabía por quien estaba llorando si por mi madre o por Alberto, tuve el impulso de pasar hasta la sala de la familia Alvarado Rodríguez para al menos decirles lo siento, pero me faltó valor. Ahora creo que habría sido una imprudencia, porque no es a mí a quien le corresponde dar una explicación, presentar excusas, pedir perdón, e intentar reparar el daño, hasta donde pueda entenderse reparable cegar una vida.

A esta altura de esta carta, le pido que lidere al interior del COCE y de la organización tomar la decisión de suspender de manera definitiva y total la práctica del secuestro de personas o retenciones económicas; y lo anuncie el ELN de manera pública, al igual que en su momento lo hiciera las FARC-EP, formulando además la decisión de liberar de inmediato a todos los secuestrados existentes en las manos de las estructuras del ELN que los tengan y la disposición a cooperar para que organizaciones humanitarias puedan monitorear el cabal cumplimiento de tal decisión.

Este sería, sin duda, un acto reconocible de paz, que contribuirá a construir confianza en la sociedad y estimulará a que el Gobierno Nacional actúe en reciprocidad, por ejemplo promoviendo medidas de alivio a la penosa situación de los presos y presas de Colombia. Además será un fardo que el ELN se quitará de sus hombros para llegar más livianos a la mesa de diálogo, y poder encarar los temas de la agenda que pacten con el Gobierno con más solvencia y mutuo respeto.

Nicolás, pido además que el COCE investigue las circunstancias del vil asesinato del ingeniero Alberto Alvarado Rodríguez, porque ese acto controvierte normas internas del ELN y el código de guerra, además del Derecho Internacional Humanitario, que el ELN se precia de acoger y respetar. Pido también que la organización dé la cara a la familia Alvarado Rodríguez, explique lo ocurrido, pida perdón y repare. Hacerlo es de revolucionarios pero mucho más de seres humanos que nos decimos y reivindicamos como luchadores por la vida digna y para la vida en mundos mejores.

Finalmente, deseo tenga salud para que con el conjunto de cuadros de dirección pueda guiar al ELN por caminos hacia la paz definitiva y la reconciliación nacional.

Fraternalmente,
Carlos Arturo Velandia J.
 
*En Twitter: @CarlosVelandiaJ
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