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Opinión

  • | 2012/01/28 00:00

    Carta abierta al profesor Pekerman

    Tendrá que ser paciente cada vez que Santos se presente con el uniforme de la selección.

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Apreciado profesor Pekerman:

Me entero por un confidencial de El Espectador que conoció a la fuerza el bonito ADN que caracteriza a los colombianos en la rueda de prensa de su presentación como director técnico de la Selección.
 
Dice la nota que usted parecía desconcertado cuando los camarógrafos comenzaron a chiflar porque el micrófono estaba apagado; que a la camiseta que le regalaron no le quitaron el precio, y que casi no sale de su asombro cuando un periodista le pidió esperar 30 segundos hasta que el Noticiero RCN entrara al aire para que respondiera una pregunta.
 
Doctor Pekerman: no nos juzgue todavía, se lo imploro. Puede haber alguna que otra improvisación, ora en una rueda de prensa, ora en la construcción de una troncal, pero Colombia es un país lleno de gente buena, de gente trabajadora que se sobrepone a las desgracias e invade el carril contrario en las carreteras.
 
No nos juzgue todavía. Sí: podrán parecerle raras las noticias futbolísticas que ha podido observar en los días que lleva con nosotros: jugadores del Santa Fe expulsan de un partido al juez que los echó; un árbitro denuncia que Óscar Julián Ruiz lo acosó sexualmente: parece que le agarró el pito; el Distrito contrata un chamán para que no llueva en el estadio. Pero tenga fe. Aprenda de la nuestra, que da para que el exmagistrado José Gregorio Hernández traiga de gira un tubito con sangre del papa. En un principio fui bastante pesimista con esa idea porque, al igual que la sangre de Su Santidad, yo soy cero positivo. Pero el éxito del 'hemotour'me subió el ánimo y celebro que, ante la buena taquilla, José Gregorio prepare una nueva gira, esta vez con un vello púbico de monseñor Rubiano o el hígado de Luchito: no ha decidido. (Luchito, profesor, es un político al que yo le tengo gran estima porque nació para tomarse el mundo. Antes de reunirse a hablar de puestos con el presidente Santos, dijo textualmente: "no queremos ningún tufillo de transacción". Y yo le creo porque él sabe mucho de tufillo).
 
No se desanime. Podrá ver que el político colombiano se destaca por su buen corazón, como lo demostró el alcalde Petro, que acaba de adoptar un perrito callejero.
 
Recuerdo cuando mi mujer me mostró la noticia en el periódico:

--Mírame al gozque de Petro --me dijo.

La llamé al orden porque esa no es forma de llamar al alcalde. Y menos después de haber recogido al travieso canchoso que ahora camina libremente por el Palacio de Liévano divirtiendo a todos los funcionarios, menos a Navarro Wolff, contra cuya pata de palo vive aliviándose.

Ahora bien: debe saber que el alcalde no es el único que tiene ese corazón con las mascotas. También lo tuvo el expresidente Uribe, aunque él prefería las razas pequeñas, como lo constata su Pincher Arias, un ejemplar que ahora sufre porque a la infame justicia no le gustó su política de otorgar subsidios al terrateniente desamparado. A su viceministro ya le dictaron una condena casi tan larga como el pelo con que el mismo Arias nos sorprendió en su última aparición ante la Corte.
 
A mí me parece que así se le ve bonito el pelo, pero hay todo un debate a ese respecto. El país está dividido y hay personas que piden que le den la peluquería por cárcel, al menos preventivamente, y que el Inpec firme un convenio con Norberto. (Norberto, profesor, es la nueva duquesa de Alba colombiana -antes era doña Olga, pero hubo una votación y Norberto ganó por varios bótox- y en su peluquería se hace el pedicure la presentadora Laura Acuña, que usted reconocerá porque tiene las uñas tan torcidas como el gobierno anterior).
 
Como sea, no nos juzgue todavía, profesor. Colombia es un país lleno de gente valiosa, de gente cariñosa que hace una tercera fila de carros para cruzar y usa la palabra fan en plural: "yo soy tu fans". Tenemos la fe puesta en usted y lo respaldamos en todo: aun cuando deba tratar a Teófilo Gutiérrez con mano dura. Hágalo, profesor: póngalo a oír el programa de Pachito si no llega a tiempo a los entrenamientos; y oblíguelo a leer un análisis de Rafael Nieto en caso de que reincida.
 
La última vez que fuimos al Mundial fue hace 14 años, cuando José Galat acababa de cumplir 90 años y Viviane Morales apenas cultivaba su primer cuervo. Nos merecemos regresar ahora, profesor. Colombia, antes que nada, es un país lleno de gente honrada y cálida; de gente que reemplaza en la tienda los consumos del minibar y toma onces con las muestras gratuitas de Carulla. Somos el segundo país más feliz del mundo. Para ser el primero, necesitamos que tanto Jota Mario como Gregorio Pernía se retiren de la televisión o que al menos clasifiquemos al Mundial.
 
No será un reto fácil. Tendrá que ser paciente cada vez que el presidente Santos se presente en el entrenamiento con el uniforme de la Selección. Generalmente se hace tomar fotos y sale lesionado. Tampoco será fácil encontrar quién haga interceptaciones ahora que la Coneja Hurtado anda de fiesta en Panamá, ni quién robe marcas, con los Moreno ya detenidos. Pero para ocupar el terreno rival puede contar con los Urabeños; y José Obdulio y Fernando Londoño están listos para atacar por la ultraderecha.

No se desanime, profesor, y no nos juzgue. Y cuente siempre conmigo, que soy su principal fans.
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