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Opinión

  • | 2012/10/27 00:00

    Carta abierta a la próstata de Roy Barreras

    No debe ser fácil ser la próstata de alguien que se llame Roy, ya lo sé. Pero, mi nueva amiguita, la vida no es fácil.

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Apreciada amiga:

Como probablemente lo habrá sabido, la patria atraviesa por un momento aciago: la primera próstata de la Nación fue extirpada hace unos días y, casi simultáneamente, a la próstata vicepresidencial, que es su reemplazo constitucional, le encontraron un tumor "microscópico y nada agresivo" que de todos modos molesta y causa escozor: haga de cuenta como Pachito Santos.

El país, querida amiga, no soporta este bache prostático. Pierde potencia el chorro de la economía. La misma Guajira parece escurrirse reblandecida en el mapa. El deterioro social puede palparse. Y como la carta magna prevé que si fallan a la vez presidente y vicepresidente, es el jefe del Congreso quien asume el mando, deduzco que esos reemplazos pueden darse por partes y que es usted la llamada a asumir como repuesto del gran aparato genitourinario de los doctores Santos y Garzón.

La patria se lo pide, compañera: queremos verla ejercer como máxima glándula de la Nación, como la primera vesícula seminal de la República. La Nación no puede quedar al garete. Sin folículos plenos, como el suyo, pierden funciones los del poder ejecutivo: ya es poco lo que pueden, y menos lo que ejecutan. Por eso requerimos que se aloje cuanto antes en la cavidad presidencial, amiga querida, y que esté a la altura de este magno recto que le plantea la patria. Asúmalo con vigor, señora próstata. Ocupe el lugar que le reclama la historia, ubicado exactamente en la zona baja de la vegija del presidente.

No faltará quien advierta que las glándulas se parecen a sus dueños, y que usted resultará idéntica al senador en que se aloja: ¡cuánto mejor, mi vieja linda! Mientras más se parezca a Roy, mejor próstata será: nada mejor que una glándula servil y acomodaticia, que jamás se crezca y que se deje manosear constantemente. Así resultarán más fáciles de practicar los chequeos médicos.

No debe ser fácil ser la próstata de alguien que se llame Roy, ya lo sé. Pero, mi nueva amiguita, la vida no es fácil, y de ello dan fe casi todos los mandatarios latinoamericanos que ahora se la pasan enfermos. Fidel Castro, para no ir más lejos, tuvo que desmentir esta semana los rumores de su propia muerte: a través de una Ouija oficial dictó unas declaraciones según las cuales no recuerda lo que es un dolor de cabeza. De lo cual se deduce que entonces tiene alzheimer, cosa que explicaría que ahora discuta con los hidrantes; se pierda en el malecón; mutile las libertades civiles y mande a fusilar gente.

Pobre Fidel. Casi no salgo de mi asombro cuando publicaron la prueba fotográfica de su superviviencia. Aparecía vestido con bluyines, camisa de cuadros y un enorme sombrero de paja seca, y por eso en un primer momento pensé que se trataba de un espantapájaros. Incluso tuve la ilusión de que ayudara a que los pájaros del Ejecutivo colombiano levantaran el vuelo nuevamente.

Pero resultó ser el Fidel de siempre que, al igual que los guerrilleros de nuestro país, padece hondos quebrantos de salud. Así sucede, por ejemplo, con Jesús Santrich, el negociador subversivo que apareció en Oslo en evidente estado de invidencia, si me autoriza el juego de palabras. Ya entiende uno por qué la guerrilla colombiana da tantos palos de ciegos. El señor Santrich encarna mejor que nadie la visión de las Farc.

Todos están enfermos, digo, pero no contábamos con que la próstata de Santos y su reemplazo, la vicepróstata, sacarían la mano al mismo tiempo. Con razón uno sentía que Santos le quedaba en pañales al país; con razón Angelino soltaba la información por goteo.

Por eso, admirada compañera, ruego a usted que asuma como primera glándula cuanto antes, a pesar del sacrificio que ello implica. Es posible que en adelante la revisen de una manera secreta, como hacía Angelino con la suya; y que se burlen de usted en las redes digitales. Pero de todas formas nadie secreta mejor que usted, mi chiquita; ni hay nada más digital que los exámenes que le esperan.

Se preguntará usted: ¿en qué país del mundo las próstatas de los dirigentes ocupan las primeras planas durante casi dos meses? La respuesta es Colombia, como es obvio; pero debemos observar este fenómeno como si se tratara de algo natural. Finalmente todos, absolutamente todos, tenemos próstata. La de Ricardo Montaner son sus hijos, por ejemplo. La de Clarita López, su marido.

Invoco, pues, su concurso inmediato. Si no queremos que la salud prostática marque el debate de las próximas elecciones, urge que, tras la correspondiente ceremonia de deposesión, usted se trasplante de inmediato sobre la máxima uretra de la Nación, y ejerza desde allí sus labores con enérgica entrega. Hágalo por todos nosotros. El país la necesita. Ayúdenos a que la fórmula presidencial que elegimos sea una referencia para el continente, no para el incontinente. En el tire y afloje de la negociación con la guerrilla, necesitamos que nuestros mandatarios tiendan más hacia el tire que hacia el afloje, y usted es fundamental para tal fin. En sus manos está, señora próstata, que, ante esta súbita orfandad de las glándulas directivas, el país no se sienta tan impotente.
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