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Opinión

  • | 1990/09/10 00:00

    CARTA AL PAPA DE MARIA PAZ

    Los niños son sabios, señor presidente. ¿No vio que María Paz se quedó dormida durante el discurso del senador Irragori?

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Señor D.
Cesar Gaviria Trujillo
Presidente de la República
Casa de Nariño
Bogotá

Señor Presidente:

El martes pasado, pocas horas antes de su posesión, empezó a correr, hacia el mediodía, un rumor terrible y sobrecogedor. No era, gracias a Dios, ninguna noticia sobre atentados, ningún hallazgo sobre explosivos, ningún problema con las delegaciones visitantes.

Pero le confieso que ese rumor, que se extendió rápidamente por la ciudad, era casi tan grave como una bomba. Mi primera reacción, cuando lo supe, fue de incredulidad. Después fue el pasmo. Y, por último, me sentí invadido por una gran desazón.

En pocas palabras, señor Presidente, a esa hora, cuando empezaba a salir el sol y se despejaban los nubarrones invernales, los periodistas nos enteramos de que los padres de María Paz estaban considerando seriamente la posibilidad de no llevarla a la Plaza de Bolívar, para los solemnes actos de posesión porque la niña se ha vuelto muy necia.

De inmediato, ante semejante eventualidad, Antonio José Caballero, Julio Nieto Bernal y yo creamos sin papel sellado ni estampillas el Club de Defensores de María Paz. Convocamos una reunión de urgencia y decidimos, como medida extrema en caso de necesidad, que suspenderíamos nuestra transmisión radial si la niña era dejada en casa. Estábamos listos, inclusive, para pedir la solidaridad de los otros medios de comunicación.

Porfortuna no fue menester hacerlo porque vimos que María Paz apareció en las pantallas de televisión, oronda, fresca, tapando las lentes de las cámaras con su vestido, sonriendo con ese diente encaramado que le queda tan gracioso. Pero le juro, señor Presidente, que estábamos dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias.

Los niños, cuando son sanos y normales, tienen el sagrado derecho a ser necios. Son inquietos y traviesos. Cuando tienen lombrices, en cambio, se exponen a ciertas majaderías, y sus padres los enseñan a recitar con seriedad y a multiplicar con la tabla del doce. Los niños son la sonrisa de Dios. La risa de un niño es como un reguero de monedas sobre el piso.

A usted y a su esposa les advertimos, cordial pero categóricamente que el Club de Defensores de María Paz se declara en sesión permanente. Estamos alerta. Exigimos que la niña siga siendo necia, que ensucie las alfombras del Palacio, que se duerma en los consejos de ministros que, si quiere, le pinte bigotes al óleo del general Bolívar con un lápiz romo.

Compréndalo usted, señor Presidente: María Paz es el símbolo fresco, es como un viento de enero, de la nueva Colombia que estamos anhelando. Viéndola a ella, cuando hace diabluras en los actos oficiales, queremos recuperar la inocencia perdida.

María Paz, señor Presidente, es una vaharada cálida en los desierto pelados del poder, donde los hombres hacen tantas locuras. Déjenla que alegre los pasillos lúgubres de Palacio, los muebles polvorientos, las paredes cargadas de historia.

Los niños son sabios, señor Presidente. ¿No vio que María Paz se quedó dormida durante el discurso del senador Iragorri? María Paz es su contacto cariñoso con el país, con las familias, con las gentes anónimas. Es su vínculo afectuoso con el pueblo. Es su cordón umbilical.

Dígale a su ministro de Gobierno que nos tramite rápidamente la personería jurídica para el Club de Defensores de María Paz. Tenemos abiertas las inscripciones para recibir nuevos afiliados. Ya nos adjudicaron un número telefónico, contratamos una secretaria y estamos buscando una oficina barata y pequeña pero cómoda, cerca de la Casa de Nariño, para instalar allí nuestra sede. Ya tenemos hasta el lema, como toda agremiación que se respete: "De que los niños manden en Palacio".

Su investidura, señor Presidente, lo hace merecedor de muchos títulos. Las gentes lo llaman excelencia, jefe del gobierno, primer mandatario, jefe del Estado, primer magistrado. Pero, de acuerdo con nuestra resolución número 0004 expedida en esta fecha, el Club de Defensores le reconoce a usted, de ahora en adelante, un solo título: usted es el papá de María Paz...
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