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Opinión

  • | 2014/05/25 00:00

    Carta a Martín Santos y David Zuluaga

    A los dos los conozco. Son ustedes los hijos mayores de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, que se disputan la Presidencia en una segunda vuelta el próximo 15 de junio.

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A los dos los conozco. Son ustedes los hijos mayores de Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, que se disputan la Presidencia en una segunda vuelta el próximo 15 de junio. Les escribo porque los tres hacemos parte de una generación de colombianos menores de 30 años que hemos visto cómo el terrorismo golpea el mundo moderno en los campos y las ciudades, y sacrifica todos los días a las nuevas cosechas de ciudadanos que apenas están empezando sus vidas. 

Como algunos viejos aman la guerra aunque no vayan a librarla, nuestros niños y jóvenes más pobres están pagando los platos rotos de una violencia cuyos ‘pretextos’ históricos son completamente ajenos a nosotros. Pero ahí estamos. Metidos en la mitad de un pleito que no nos pertenece y a ese pleito, como si fuera poco, le estamos sumando una disputa desleal y sucia en el terreno de la democracia.

Sus padres, Juan Manuel y Óscar Iván, representan alternativas opuestas y proponen métodos sustancialmente diferentes para acabar este conflicto armado de más de medio siglo. Ambos tienen razones para optar por uno u otro camino. Lo que no puede ser posible es que nos lleven a las urnas a los colombianos a elegir un mal menor para nuestro país y a votar con resignación y sin esperanza.

Enfrascados en escándalos y acusaciones mutuas, agobiados por el pasado y muy poco interesados en las causas colectivas que deberían mover esta nación, sus padres –lo digo con franqueza– nos dieron muestras de una campaña francamente lamentable en esta primera vuelta.

Ustedes escogieron venir a ayudarlos activamente y los entiendo. Sé que les duelen las críticas contra sus progenitores. Sé que les gustaría que sólo hablaran bien de ellos. Pero como la realidad es otra y por voluntad propia aceptaron el reto de regresar de Estados Unidos a Colombia a vivir esta campaña, les toca a ustedes, Martín y David, una responsabilidad muy alta frente a la forma como se están haciendo las cosas.

El título de delfín no lo es todo. A los dos, sus padres los oyen. Les piden, de vez en cuando consejos, o consultan las decisiones críticas en familia, como han revelado en sus entrevistas a los medios. No entenderíamos entonces, ni tampoco les perdonaríamos sus compañeros de generación, que no hicieran nada por tratar de que sus padres eleven el nivel de los debates políticos y se la jueguen por construir un país en el que las diferencias ideológicas se tramiten de manera pacífica y racional.

No se dejen meter en las pequeñas rencillas de cada campaña. No hereden odios que no son suyos. En cambio, participen activamente en la difusión de propuestas de peso que vayan más allá de los agravios, y hagan que sus papás incluyan en sus intervenciones y debates más veces las palabras ‘educación’ e ‘innovación’ que los apellidos ‘Uribe’ y ‘Petro’ que ya han mencionado lo suficiente a lo largo de esta campaña.

Estamos mamados de la misma forma de hacer política con ‘p’ diminuta. Ahora cuando los electores dejaron en pie sólo dos candidaturas y será inevitable que su papá, Martín, o su papá, David, se convierta en el próximo presidente de Colombia, ayúdennos desde su entorno familiar a que los cuatro años que vengan sean de esperanza y realizaciones y no de venganza y promesas incumplidas. De ustedes también depende.

Twitter: @JoseMAcevedo 
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