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Opinión

  • | 2011/12/10 00:00

    Carta al Niño dios

    Al parecer, las damas estaban celebrando la ley antidiscriminación cuando llegó la revista y tomó las fotos.

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Querido Niño dios, Alguna vez te pedí que me permitieras ganar el Baloto para forrar el inodoro de cuero, comprarme un ascensor dorado y contratar a una periodista española que me hiciera entrevistas. Me dirás arribista, Divino Niño, pero te digo la verdad: sueño con ingresar a la clase alta colombiana, ser uno de ellos, no dejarme de nadie. Y, para conseguirlo, esta navidad quiero pedirte tres regalos muy concretos. Solo tres.
 
Primero: quiero unas tirantas compradas en Sacks, como las que se pone José Gabriel para hacerle fieros a Carlos Slim. Desde que confesó ese detalle en una entrevista, quiero ser un poquito como José Gabriel, no se lo voy a negar a nadie: quiero pasar de discutir el repertorio de canciones con César Mora a convertirme súbitamente en un estadista de alto nivel.
 
Fui de los tontos que, al principio, no creyó en ese nombramiento. ¿Cómo vamos a mandar a México a José Gabriel –pensaba- justo cuando los pobres mexicanos padecen lo que sufrió Colombia en los años ochenta? ¿Y qué significa, exactamente, que México está como Colombia en los ochenta? ¿Soportan conciertos de Compañía Ilimitada? ¿Las mujeres se peinan con el copete Alf? ¿Pasan "Baila de rumba" por televisión, con Alfonso Lizarazo?
 
Pero después de esa entrevista reconocí mi error. Donde todos veíamos a David Letterman, existía, agazapado, un Henry Kissinger. Era cosa de asignarle una embajada para que floreciera. Atrás quedaron esos días en que piropeaba a los bagrecitos de su programa o les pedía aplausos a los de la Defensa Civil, que, como en todos los concursos colombianos, solían ser el público invitado. Ha nacido otro hombre: ahora José Gabriel adora el anonimato, asesora financieramente a Ricardo Salinas y tiende puentes entre el presidente Santos y Álvaro Uribe. Es un verdadero componedor.
 
Segundo: quiero una finca en el Nilo junto a la del ex esposo de Astrid Betancur. Yo también caigo rendido ante el acento galo. En una época adulaba a Juan Fernando Cristo porque creía que era francés. Sueño vestirme de blanco, ir a las fiestas que organicen en Nilo, conocer al general Mora para ver si en persona es tan "lengua e´sopa" como en televisión; conversar con Andrés Pastrana para sentirme inteligente; saludar a Pardo Koppel; cuidar a Pachito en la piscina. Y, claro, bailar con Uto Sáenz o al menos con Astrid. Admiro a Astrid por más de que haya desobedecido el principio básico de no sacar nada de la nevera después de estar planchando. Pero la admiro, digo, por su tenacidad. Porque esa Astrid es tenaz.
 
Por último, te pido dos esclavas negras. Sí, Divino Niño: no me pienso dejar de nadie. Tampoco de doña Sonia Zarzur y su descendencia.
 
Las señoras Zarzur, por si no estás suscrito a Hola, aparecen en la última edición de esa revista en una foto memorable, que cuelgo en la versión on line de esta carta para que la veas: en ella salen las tres generaciones de damas y atrás, en el fondo, aparecen dos mujeres negras que cargan unas brillantes vajillas de plata. Desde la serie de televisión Raíces no veía una puesta en escena tan bien lograda.
 
Al parecer, las cuatro damas se encontraban celebrando el paso de la ley antidiscriminación desprevenidamente cuando llegó la revista y tomó las fotos. Pero estamos en Colombia y no falta la gente envidiosa y de doble moral que ahora las critica: ¿quién, acaso, no ha posado para la revista Hola con dos mujeres negras como utilería?
 
Bien habría podido Doña Sonia de Zarzur poner unas mascotas, por ejemplo, o dos flamingos dorados, que lucían mejor con el paisaje del Beverly Hills de Cali; pero, obsesionada con la equidad social, permitió que salieran ellas porque cree en un país sin distingos, en el que tanto las empleadas como sus amas posen juntas para Hola. ¿De qué otra manera habrían podido salir dos empleadas afrodescendientes en una revista de sociedad? ¿No es esta una foto incluyente, porque incluye, además, dos juegos de plata?
 
Quienes la critican deberían saber que la señora Zarzur ha hecho mucho por Colombia. Una vez trajo a Óscar de la Renta, por ejemplo. Gracias a ella el Valle ha sabido conservar sus tradiciones desde La María hasta nuestros días. Además, les compró uniformes para la foto. Y ya dio la orden para que se pudieran mover.
 
Te habría podido hacer más encargos, Divino Niño: un contrato doble con la Presidencia y el Ministerio de Comunicaciones, por ejemplo, pero no sé si para eso uno deba ser pareja del Ministro Molano. O unas acciones de la Empresa de Energía de Bogotá, pero ya viste cómo quedó de petrificada. O una ONG para que Rafico Nieto sea del núcleo de apoyo que la desprestigie. Al menos unos biopolímeros como los que se puso Jessica Cediel, para seguir su ejemplo y ventilar, si se me permite la expresión, todo lo que me vaya sucediendo por detrás.
 
Pero nada de eso permite codearse con la clase alta criolla. En cambio, las tirantas, la finca en Nilo y las dos esclavas matarían de envidia al mismo Carlos Mattos.
 
Podría esperar a la herencia, yo sé, pero no me engaño: mi papá no tiene tirantas ni nada. Solo los biopolímeros, que no sé si sean reciclables. De él heredaré, por mucho, un viejo reloj Cassio que se le daña permanentemente. Debería llevárselo a José Gabriel. Ahora mismo no hay mejor componedor que él.
 
 


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