Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/02/28 00:00

    Cartagena tierra de todos, tierra de nadie

    Si tanto orgullo nos produce esta ciudad, debemos actuar en consecuencia y cuidarla como la joya que es.

COMPARTIR

Todos los colombianos, de un modo u otro nos sentimos dueños de Cartagena. Pero es una propiedad efímera que tan sólo sirve para sacar pecho y aseverar con orgullo que tenemos una de las joyas más bellas de América y no para cuidarla como lo merece.

Los visitantes, sean turistas o viajeros – y hay una gran diferencia entre unos y otros – tienen la percepción de que en Cartagena todo está permitido y que es la ciudad propicia para el desmadre total. Y no los juzgo. De alguna manera es culpa de quienes vivimos aquí que ni  hacemos respetar, ni cuidamos debidamente nuestro lugar de residencia. 

En la calle del Arsenal en Getsemaní, hay una discoteca que tiene un aviso en la puerta, que por el comportamiento de la mayoría de quienes nos visitan, pareciera ser el eslogan publicitario de la ciudad. Este aviso de manera descarada dice: “Sin reglas • Sin límites” aunque exactamente a su lado en la misma puerta, otros carteles dicen prohibidos los menores de edad y prohibidas las armas. En qué quedamos ¿hay reglas y límites o no hay ninguno?

Estos avisos así de contradictorios, son una metáfora exacta de lo que sucede en la ciudad. Aunque contamos con leyes y reglas que deben ser respetadas como en cualquier parte del mundo, pareciera que aquí la norma fuera cero límites y cero reglas. La gran mayoría viene a hacer lo que se le da la gana y nosotros los habitantes regulares, nos sentimos cada vez más como actores extras de una película de cine, donde los protagonistas nos anulan y hacen de la ciudad un set donde impera el desorden y el despeluque absoluto. El ruido es incontrolable. Los espacios públicos se ferian al mejor postor con pautas poco claras, la ciudad un día puede ser el escenario para una boda o para unos premios o se convierte en una vitrina publicitaria sin ningún pudor. Una cosa son los eventos para disfrute público y otra muy distinta los eventos privados que bloquean la movilidad y el uso y disfrute de lo público.

El barrio de Getsemaní trágicamente acabará sucumbiendo a las leyes del mercado si no se toman medidas inmediatas para protegerlo y terminará perdiendo el encanto que lo hace atractivo: su gente y la vida auténtica de barrio que todavía conserva. Los dirigentes, los habitantes y los turistas no han entendido que la gentrificación es el camino más corto para perder el sabor de lo nuestro y para que todos los lugares terminen siendo insípidos y homogéneos. Hay que solidarizarse con los getsemanicenses y apoyar su resistencia pacífica pero contundente.

Hago un llamado a todos los cartageneros y a todos los colombianos que sienten a Cartagena como propia a vivirla y visitarla sin maltratarla y a no seguir utilizándola como a una cualquiera. Si tanto orgullo nos produce esta ciudad, debemos actuar en consecuencia y cuidarla como la joya que es. Lo exige y lo necesita la ciudad y nos lo merecemos todos, tanto habitantes como visitantes. De no ser así la burbuja nos explotará en la cara y ya no habrá Cartagena, ni para unos ni para otros. 

iliana.restrepo@gmail.com
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.