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Opinión

  • | 2012/10/19 00:00

    Cazadores de quimeras

    Los gritos de independencia de Cataluña no son mas que un sofisma de distracción.

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El pasado 11 de septiembre, en la fiesta nacional catalana conocida como la Diada, cientos de miles de catalanes se tomaron las calles de Barcelona para pedir la independencia. Ante el entusiasmo generado, Artur Mas, el presidente de la región autónoma, decidió disolver el parlamento y llamar a elecciones tempranas, dos años antes, para el 25 de noviembre, en lo que podría ser tomado como un referendo para la independencia.

La frase del referendo sería "¿Quiere que Cataluña sea un nuevo estado en la Unión Europea?" lo que crearía dos situaciones de hecho, una frente al gobierno español y otra respecto a la Unión Europea. Según la Constitución española, la secesión no es posible. Un referendo debe ser aprobado por el gobierno español, y si se va a hablar de secesión, todos los españoles deben participar en el mismo, no solo los catalanes. Por ello, el voto por la independencia del 25 de noviembre, si lo hubiera, no pasará mas allá de ser un acto simbólico.

Ya Cataluña ha buscado en el pasado una mayor autonomía. Los deseos de independencia existen desde 2006. En dicho año la región había logrado negociar con Madrid un Estatuto de Autonomía, donde se le daba un estatus privilegiado a la lengua catalana, se le reconocía como nación y se les permitía recaudar sus propios impuestos. Pero en 2010 la Corte Constitucional consideró ilegal gran parte del articulado, lo que fue un fuerte golpe para la autonomía regional y un retroceso en lo que ya se había logrado.

Lo que quiere Cataluña es autonomía en la recolección de impuestos, tal como la tiene la región vasca en la actualidad. Según los independentistas, 8 por ciento del PIB catalan -o sea 2.100 millones de dólares- salen de la región anualmente, sin que haya contraprestación. Todo lo contrario, la región ha tenido que sufrir recortes en salud y educación. Por cada euro que Cataluña paga en impuestos, recibe solamente 57 centavos. Antes de impuestos, Cataluña es la cuarta región mas rica de España, después de impuestos es la número nueve, entre las 17 regiones autónomas. Por otra parte, mientras que la inversión pública ha disminuído 25 por ciento en todo el país, la caída en Cataluña ha sido de 45 por ciento. Comparando nuevamente con la región vasca, el país Vasco transfiere al resto de España una décima parte de lo que transfiere Cataluña.

Pero, por otro lado, mientras la economía catalana es un 20 por ciento de la economía española, la deuda de la región es el 30 de la del total del país, alcanzando 55.000 millones de dólares. Las regiones mas agobiadas por los problemas económicos son Valencia y Cataluña. El gobierno español tiene constituido un fondo de18.000 millones de euros para rescate de las regiones. Estas ya han solicitado 15.000 millones, dentro de los que se destacan 5.000 millones que ha pedido Cataluña, equivalente entonces a dos terceras partes de los fondos de rescate ejecutados. Los causantes directos de los problemas de Cataluña son la recesión y una pésima administración pública de los gobiernos regionales anteriores.

Cataluña no está en posición de negociar con Madrid. Mariano Rajoy, el primer ministro español, culpa a las 17 regiones de mal manejo de los recursos públicos. Artur Mas insiste en su solicitud de que sea la región la que recaude los impuestos, transfiriéndole a Madrid lo que le corresponda y no al contrario como sucede ahora. Pero Rajoy no va a ceder un milímetro en su posición frente a las regiones autónomas, donde cada una quiere negociar privilegios individualmente. La preocupación principal de Rajoy ahora es el desempleo, donde el 20 por ciento de los españoles están sin trabajo, y la decisión de tomar o no el plan de rescate ofrecido por la Unión Europea, que por el momento no parece necesario.

Para que Cataluña se pudiera independizar de España y entrar como miembro a la Unión Europea habría que hacer muchos cambios, tanto en Bruselas como en Madrid, que muy posiblemente no se van a dar. Habría que empezar por cambiar la Constitución española y las reglas de la Comunidad Europea.

Rajoy no va a ceder. Un referendo puede hacerse solo autorizado por el gobierno central, lo que no sucederá. Con la crisis financiera encima, Rajoy tampoco va a permitir la autonomía fiscal para Cataluña. El gobierno central está exigiendo presupuestos mas austeros en las 17 regiones autónomas, para alcanzar las metas fiscales exigidas por la Unión Europea, donde el déficit fiscal debe llegar a solo el 1.5 por ciento del PIB, cuando hoy es del 4 por ciento. Artur Mas no llegó a la meta de déficit fiscal que había prometido hace dos años.

A pesar de que el referendo del 25 de noviembre no haya sido aprobado por España, sería un factor de ruido en la tensa situación que vive el país. Se crearía una crisis constitucional, puesto que sería una situación de hecho sin que haya mecanismos para enfrentarla, y para la Unión Europea se crearía un problema adicional, puesto que no tiene los mecanismos tampoco para aceptar a Cataluña como estado independiente.

Los vientos de autonomía se están dando también en Escocia, que tendrá un referendo independentista en 2014, este si negociado con el gobierno de David Cameron. Y por los lados de Flandes, ya hay prácticamente una independencia de Bélgica. El referendo escocés no hace mención a la Unión Europea, pues por ahora se considera un asunto interno del Reino Unido.

El gobierno español le ha advertido a Artur Mas la inconstitucionalidad del referendo, a lo que este ha respondido que "internacionalizará el conflicto" al presentarle un hecho cumplido a la Unión Europea.

En lo político, de acuerdo con las últimas encuestas la coalición de Convergencia y Unión, el partido que respalda a Artur Mas, conseguirá una mayoría absoluta en las próximas elecciones. El partido separatista de izquierda ERC también apoyará la independencia, mientras que los partidos tradicionales, el PP y el PSOE, tendrán una representación en el parlamento catalán de menos del 40 por ciento.

Así las cosas, lo de la independencia parece mas un sofisma de distracción frente a los serios problemas económicos que enfrenta la región, y cuya solución no es separarse de España. Como dice el rey Juan Carlos, los separatistas son cazadores de quimeras.
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