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Opinión

  • | 1997/01/20 00:00

    CENSURA

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Desde que estoy desempeñando este oficio de periodista, esta es la primera vez que la odiosa palabra 'censura' adquiere su dimensión real. Está encaramada en un altar que le hicieron el Congreso y el gobierno a través de un documento que fue consagrado, con todos los honores, en Ley de la República. Durante los últimos 20 ó 30 años la palabreja 'censura' sur-gía como una queja de los periodistas ante una actitud del gobierno de turno _siempre igual en todos los gobiernos_, que había consistido en la petición verbal o escrita de que los comunicadores tuvieran prudencia en el manejo de la información en los temas relacionados con asuntos de seguridad nacional. Lo cual, en sentido estricto, no es una censura sino una invitación a la continencia o, en el peor de los casos, un amago de intimidación. Las quejas más aulladas por el periodismo nacional han sido ciertos estatutos mediante los cuales se prohíbe la transmisión de voces de guerrilleros o narcotraficantes en declaraciones que hagan apología de su oficio de delincuentes. Pero no más.El resto de las gestiones gubernamentales para aplacar el ímpetu (a su juicio desbordado) de los comunicadores consistía en unas reuniones en Palacio con los directores de medios, en las cuales a instancias del presidente de turno se acordaba asumir una actitud de autocontrol, que duró siempre hasta el momento en que el deseo de acaparar una chiva llevaba a cualquiera de los periodistas a violar el pacto de caballeros, tras lo cual cundía el ejemplo, casi sin excepción, entre los colegas.Pero que a través de una ley se le entregue a una instancia de alto nivel, como la Comisión Nacional de Televisión, no solo la facultad sino la orden de evaluar cada medio año la imparcialidad, objetividad y equilibrio informativos de los programas de televisión, es una asquerosa institucionalización de la censura.Entiendo que esa atribución la tiene ya el Estado en algunos contratos administrativos, pero la actitud política que hay en que un congreso y un gobierno se unan para convertirla en el esquema básico de funcionamiento de la nueva estructura de la televisión supera los límites de la tolerancia.Se dirá que esas son cosas de los parlamentarios que están bravos con los noticieros, pero no es así. A pesar de que el Ministro de Comunicaciones siempre dijo que la administración Samper se limitó a respetar el derecho del Congreso a tramitar la ley de televisión, los susurros de Saulo Arboleda al oído de los presidentes de las comisiones y plenarias durante el trámite del proyecto, que vimos los televidentes de la Cadena Tres, indicaban un interés mucho mayor que el de un simple espectador.Y si el gobierno hubiera sido la décima parte de lo liberal que dice ser, habría brincado como un resorte ante la amenaza evidente de una norma de censura que haría revolcar en sus tumbas a las glorias liberales que los funcionarios suelen citar en sus discursos.Ningún ser humano, por sabio, brillante y justo que sea, puede juzgar la imparcialidad, objetividad y equilibrio de ninguna información. Esos conceptos forman parte de los intangibles que tiene derecho a manejar el hombre libre como le venga en gana, mientras no se estrelle con la legislación penal. Poner esa atribución en manos de la Comisión de Televisión _la de ahora o cualquiera de las próximas_ es institucionalizar el garrote político a costillas de un derecho sagrado como el de la libre expresión.Supongo que dura más un merengue en la puerta de una escuela, de lo que se va a demorar la Corte en tumbar esta joya que acaba de pulir con tanto esmero el pensamiento liberal colombiano. Lo grave es que el antecedente sí queda como muestra de hasta dónde está llegando el revanchismo político en el país,Hace un par de días el presidente Samper repitió uno de esos pensamientos célebres que recogen la filosofía de la libre expresión: "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero daría mi vida por defender su derecho a decirlo". Sería muy bueno que cuando el Presidente tenga el esfero en la mano para sancionar esa ley, recuerde que oyó esa frase en algún lugar. n
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