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Opinión

  • | 2017/05/18 08:19

    Una coalición será liderada por el Centro Democrático. Y ¿los otros? (II)

    La hábil estrategia de ese partido será, como siempre, la de hacer de las Farc, aunque ya no existan como grupo armado, “la bestia negra”, el enemigo.

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Frente a la amenaza autoritaria que representa la coalición de fuerzas de derecha y de extrema derecha surge la necesidad ineludible de organizar otra que defienda, con la autoridad que les dé a sus líderes su pasado impecable de demócratas, la paz firmada con las Farc, el Estado Constitucional, Democrático y Social de Derecho y las libertades públicas. Ello implica llegar con un solo candidato a la primera vuelta so pena de no pasar a la segunda.

El Centro Democrático encabeza la coalición de derecha. Fernando Londoño Hoyos en la convención de ese partido tuvo el valor de llamar las cosas por su nombre: El Centro Democrático -dijo- es de derecha, no de centro. Ajeno a ardides estratégicos de coyuntura, reveló la esencia de esa agrupación política. Y con la misma sinceridad develó en esa convención que se cumplió en un templo cristiano, al doctor Álvaro Uribe Vélez como “presidente de ayer, de hoy y de siempre”, expresión reveladora del tipo de devoción que tienen los del Centro Democrático por su líder y que es comparable en su alcance a la siguiente: “El Señor Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos”. (Hebreos 13:8) También se desprende naturalmente de su dicho que si alguien del Centro Democrático llega a la Presidencia, el verdadero jefe de Estado será el “presidente de ayer, de hoy y de siempre”. Podría haberlo dicho de otra manera como lo hizo Perón: XY a la Presidencia, Uribe al Poder. Un eslogan de esta naturaleza hace aún más fuerte la coalición derechista.

Debemos cumplir con el deber de hacer todo lo que esté a nuestro alcance en tanto que demócratas, por derrotarla en las próximas elecciones de la misma manera que Emmanuel Macron, líder de un auténtico movimiento de Centro político, derrotó a Marine Le Pen por la Presidencia de Francia. La segunda vuelta volvió a servir para vencer al extremismo, al autoritarismo, a la xenofobia, al populismo, al nacionalismo detrás del uso y del abuso de la palabra patria. Una coalición de Centro, porque es bien sabido que la derecha no sabe respetar los derechos humanos, como lo hemos padecido en Colombia recientemente, y la izquierda socialista no sabe dirigir la economía con miras al desarrollo y al bienestar de todos como ha sucedido, por ejemplo, en Venezuela.

Para la tarea de encabezar esa coalición tenemos figuras como Humberto de la Calle, Juan Manuel Galán, Juan Camilo Restrepo, Mauricio Cárdenas, Sergio Fajardo, Claudia López, Roy Barreras, Clara López, es decir, integrantes del Partido Liberal, del Conservador, de La U, del Partido Verde, etcétera, que podrían ser el núcleo duro de esa coalición por la democracia y la paz. Pero es necesario darse prisa.

La hábil estrategia del Centro Democrático será, como siempre, la de hacer de las Farc, aunque ya no existan como grupo armado, “la bestia negra”, el enemigo. Quien luche por la construcción de la paz ya pactada, o es un idiota útil al servicio de esa guerrilla, trabaja para ella, está aliado con ella, es pro Farc, es su vocero, o es uno de sus integrantes. No conocen límites. Han llegado hasta el extremo de sugerir que el presidente Santos está al servicio de la desaparecida guerrilla conspirando por volver al país castro-chavista, comunista. Esto sonaría ridículo si no tuviera tantos ‘creyentes’.

Ahora tienen la bandera de que el proyecto de reforma rural conspira contra la propiedad privada porque prevé la posibilidad, en ciertos casos de interés social, de expropiación. La estrategia del miedo continúa. La Constitución de 1.886, conservadora si la ha habido, establece dos principios fundamentales al respecto que perviven hasta hoy: La prevalencia del interés general sobre el particular y la posibilidad de expropiación.

Nadie ha acusado nunca a Don Miguel Antonio Caro ni a Don José María Samper y demás constituyentes de la época, de atentar contra la propiedad privada por haber consagrado esos dos principios de la siguiente manera: “Cuando de la aplicación de una ley expedida por motivos de utilidad pública, resultaren en conflicto los derechos de particulares con la necesidad reconocida por la misma ley, el interés privado deberá ceder al interés público. Pero las expropiaciones que sea preciso hacer requieren plena indemnización”… (a.31) Luego, en 1.936 se estableció que “La propiedad es una función social que implica obligaciones” lo que permite la extinción del dominio cuando ella no cumple dicha función, conforme a la ley. Y en 1.991 se agregó la posibilidad de que “dicha expropiación podrá adelantarse por vía administrativa, sujeta a posterior acción contenciosa administrativa, incluso respecto del precio”. Se quiere hacer aparecer ahora que la expropiación, la posibilidad de que se haga por vía administrativa y la extinción del dominio en los casos que prevea la ley, son engendros diabólicos del proyecto sobre la reforma rural o reforma agraria.

Otro tanto sucede con el tema de la acumulación de baldíos. Al respecto nada mejor que transcribir la siguiente observación de Ramiro Bejarano: “Mi apreciado amigo el exsuperintendente de Notariado, Jorge Enrique Vélez, ignoro si en nombre propio o de Cambio Radical, promueve la tesis de que la prohibición para acumular baldíos solo opera a partir de la Ley 160 de 1994. No es cierto. Basta mirar el artículo 37 de la Ley 135 de 1961 y el inciso 8 del artículo 13 de la Ley 30 de 1988”. (El Espectador, domingo 14 de mayo de 2017)

Es que vivimos tiempos de cosas insólitas generadas por espíritus empeñados en hacer fracasar la paz con las Farc porque de la supervivencia de esta como guerrilla, tal como lo señalo arriba, depende el futuro de esas fuerzas derechistas, tanto como ha sucedido en el pasado.
___________
Nota: Este columna no aparecerá durante las próximas tres semanas por razón de vacaciones.

*Constituyente 1991
Mayo 18 de 2017

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