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Opinión

  • | 2014/11/28 00:00

    ¿Cese al fuego bilateral? ...No, gracias

    Análisis de por qué es imposible, por ahora, poner en marcha en Colombia esta solicitud de las FARC.

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Por cuenta del secuestro del general Alzate ha estado puesta de nuevo sobre la mesa la controversia o debate sobre si negociar o no en medio del conflicto armado y, en consecuencia, si procede o no establecer un cese al fuego y las hostilidades.

En su última edición, la revista SEMANA abordó el tema, con distintas consideraciones y perspectivas, lo cual, por supuesto, más que agotar el tema, lo enriquece.

Resulta bastante obvio aspirar a que una negociación de paz avance en medio del silencio de los fusiles y el estruendo de las bombas, pero el primer escollo surge por cuenta de la aspiración a que ello ocurra de manera unilateral, en este caso, por cuenta de sólo la guerrilla.

Por supuesto que hay realidades políticas y de legitimidad (así tenga importantes grietas) por las cuales no se puede establecer una igualdad entre la posición de la guerrilla y la del Estado, incluidas sus instituciones políticas (bastante maltrechas) y armadas, pero no es realista que, en el marco de una negociación de paz, se establezcan medidas unilaterales en temas sensibles como este, sin que haya un sentido de 'reciprocidad'.

La unilateralidad así planteada, perdónese la expresión, es como dice el refrán popular: “Pelea de tigre contra burro amarrado”, algo que aun en la situación de una guerrilla desprestigiada y una opinión pública que la aborrece no se va dar porque es más pensar con el deseo que con la razón, igual a la idea de “acabarlas militarmente” u ofrecerles no una negociación sino su rendición.

Sobre el cese al fuego bilateral, que no es sólo una propuesta de la guerrilla sino también de otros sectores políticos y sociales (no siempre afectos al pensamiento político de las FARC), es bueno igualmente hacer un razonamiento sensato no sobre su utilidad (que no está en discusión), pero si sobre su viabilidad.

Y el primer aspecto a considerar es su implicación estratégica en la que la ventaja militar adquirida por el Estado (e insuperable ya por parte de la guerrilla) es fundamental para buscar un fin del conflicto armado por la vía negociada. En esto se equivocan quienes piensan que la negociación es producto de un “empate militar” y no de una clarísima ventaja militar del Estado.

No es sólo la desconfianza a que las FARC se “fortalezcan” en el marco de una tregua… el asunto más importante es que al perder la iniciativa militar el Estado perdería también una posición de fuerza dentro de la negociación, lo cual es algo crucial y nada deseable que ocurra.

Como en los casos de otras experiencias internacionales y como está concebido en el Acuerdo marco para la finalización del conflicto, con las FARC, el momento del cese al fuego bilateral es al final, no al comienzo ni a la mitad de la negociación.

Pero en sus aspectos técnicos y operativos, un cese al fuego bilateral es también inviable ahora frente a los tiempos y las necesidades políticas de la negociación, dados los complejos esfuerzos, diseños e implementación, que requerirían, entre otras condiciones básicas, varios puntos de concentración de tropas guerrilleras, amplios y detallados esquemas de apoyo logístico y de seguridad, además de un también complejo y eficaz mecanismo de verificación.

Aunque las FARC han propuesto el tema no es difícil imaginar que su idea de 'cese al fuego bilateral' es una especie de statu quo, es decir, que cada quien mantenga sus posiciones y áreas de control actuales, lo cual no es política ni militarmente aceptable; con un argumento adicional: como se garantiza y verifica esa condición en medio de un territorio vasto y complejo como el colombiano, con tantos actores legales e ilegales de por medio?

Asumiendo que se lograra un acuerdo razonable sobre concentración de los distintos frentes de las FARC en tal vez seis o siete puntos, ¿cuánto tiempo tomaría hacer todos los despliegues necesarios e implementar un cese al fuego? Seguramente no menos de un año, en cuyo caso es más o menos el tiempo previsible para que termine la negociación.

Pero además, imaginemos las discusiones sobre quien hizo o no tal o cual disparo o cometió tal o cual hecho violatorio del cese al fuego. Como lo dijera el sacrificado Jesús Antonio Bejarano, “una tregua es tan fácil de romper que se puede hacer por el disparo de un borracho” y lo que seguiría serian discusiones desgastantes que pondrían la atención del proceso en la administración o restablecimiento del cese al fuego y no en el avance de la agenda de negociación, que es lo realmente sustantivo, muy a pesar de los costos humanos y materiales que lamentablemente aun pudieran darse.

A cambio, lo que si iría bien es lo que ha dado en llamarse el 'desescalamiento' del conflicto a partir de decisiones reciprocas, como el uso proporcional de la fuerza consagrado en el Derecho Internacional Humanitario o un acuerdo sobre Derechos Humanos (como se hizo en El Salvador) pero también unilaterales, que para el caso de las FARC pasan con urgencia por respetar a la población civil, no reclutar y desvincular los menores de edad de sus filas, desminar zonas sensibles de uso civil y dar cuenta de personas en su poder (secuestradas aun), desaparecidas y/o muertas por cuenta de sus acciones.

Pero más que un cese al fuego lo que realmente requiere este proceso es de más y mejores resultados… ¡en el menor tiempo posible!

*Excombatiente del M19 y el FMLN (El Salvador)
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