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Opinión

  • | 2005/02/06 00:00

    'Chat' con Mancuso

    El analista Jorge Iván Cuervo hace su balance sobre la charla de los lectores de SEMANA.COM con el jefe paramilitar, en la cúal participó

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Participé del chat que la revista Semana realizó con el jefe de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, Salvatore Mancuso. Estas son mis impresiones del inusual diálogo.

Lo primero es la sensación extraña que experimenté de conversar por un medio tecnológico de alta modernidad, como es un chat interactivo, con alguien como él -cuya causa se puede identificar como de baja modernidad, entendida como una lucha que es explicada por sus actores por la ausencia de Estado, una de las características de la modernidad-. Es decir, me sentí atravesado por esa paradoja de un país como Colombia, con un pie en la posmodernidad y su cuerpo en la premodernidad.

Luego del diálogo queda claro que Salvatore Mancuso y las AUC actúan desde la tesis de la guerra justa. Es decir, se alzaron en armas por justa causa, ante la ausencia del Estado para proteger su vida y sus bienes de los ataques de la guerrilla. Como esa es su justificación moral, no aceptarán más justicia que la de dejar sus armas y permitirles su reintegro a la sociedad sin mayor costo, y que el Estado ocupe su lugar, sus territorios como los llama Mancuso. Queda pendiente conversar sobre cómo un movimiento de autodefensa se transformó en el paramilitarismo: una empresa política y económica que no sólo defiende a los campesinos de la guerrilla sino que aspira al poder político y a ejercer control social sobre distintas actividades económicas.

Otro tema que queda claro es que la desmovilización de las AUC es posible gracias al compromiso del gobierno del presidente Uribe porque la fuerza pública controle militarmente el territorio. Este Presidente les genera confianza y es una coyuntura sin la cual no se explicaría la desmovilización. En medio del diálogo, Mancuso señala que si el Estado no hace del control militar del territorio una política de Estado, seguramente aparecerán nuevas formas de autodefensa. Buen mensaje para las élites.

Sobre las víctimas, dice estar dispuesto a conversar con ellas para obtener su perdón, pero no a repararlas más allá de lo que el gobierno disponga en cuanto a distribución de tierras. Considera que una Comisión de la Verdad es innecesaria como ejercicio de contar muertos y desaparecidos, en una señal clara de que están dispuestos a dejar sus armas si no se esculca mucho su pasado. Entre otras razones, porque consideran equitativo hacer ese ejercicio de retrospección con todos los que han optado por la lucha armada, incluido el M-19, y eso recalentaría al país.

Es un hecho que Mancuso y las AUC hablan duro en la mesa y el gobierno y su Comisionado de Paz han optado por el pragmatismo moral, porque como lo deja entrever el primero en el diálogo, ellos no están derrotados ni militar ni políticamente, y lo que hacen es un gesto por la paz. Se sienten con una buena dosis de capital político que les permite pisar y pedir duro. Saben que este gobierno no presionará mucho para que sea de otro modo.

Queda claro que el proceso de desmovilización con las AUC se fue por el camino del realismo político en detrimento de exigencias éticas mínimas en cuanto a verdad, justicia y reparación. Pero no nos digamos mentiras, no hay quien se oponga a una negociación en esos términos, salvo un grupo minoritario de congresistas y uno que otro columnista cuya opinión no trasciende más allá de los cocteles de los clubes bogotanos. La comunidad internacional ni quita ni pone, la ONU porque está concentrada en otros temas -tsunamis y corrupción-, y el retiro del asesor especial del secretario general es una señal inequívoca del desentendimiento de esa organización por este tema, y la OEA porque anda en una crisis sin precedentes, sin secretario general y con un mecanismo de acompañamiento sin dientes que ha jugado un muy pobre papel en cuanto a exigir que se eleve el estándar ético y jurídico del proceso (¿la Unión Europea? Bien, gracias). Las ONG de derechos humanos no han logrado hacer de la suya una causa universal, y de ahí que no sean consideradas por muchos actores como interlocutores válidos. Quedan las víctimas, a quienes el gobierno ha dado muy poco juego, y difícilmente eso cambie en el futuro próximo.

Como estamos en tiempos de real politik, las objeciones morales quedarán como resabios de académicos y de analistas despistados que no han sabido defender la causa de las instituciones democráticas con entereza, por sus veleidades ideológicas con la izquierda. Sin embargo, queda una inquietud de frente al futuro. Cuando se entre en un proceso de negociación con las Farc y el ELN, una vez el Estado perciba que está en condiciones de hacerlo, el piso dejado por este proceso con las AUC será el piso desde el cual se construirá ese proceso de paz. Habrá que olvidar, perdonar y no reparar en la misma proporción que hoy se hace con las AUC. Será lo mínimo que las guerrillas pidan. El punto es si la sociedad está dispuesta a aceptar esa concesión y si es sostenible una paz en esos términos. Se dirá que las condiciones políticas serán otras y el Estado podrá ser menos condescendiente. Puede ser, pero el precedente de desmovilización a bajo costo que va dejando el proceso de paz con las AUC no deja de ser inquietante frente a una verdadera reconciliación nacional.

*jicuervo@cable.net.co
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