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Opinión

  • | 1999/03/29 00:00

    CHAVEZ QUE MIEDO

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Los colombianos, y muy pocos, nos hemos limitado hasta ahora a comentar en voz baja algo
que debería figurar entre los primeros renglones de las preocupaciones nacionales: el discurso del presidente
venezolano Hugo Chávez en la frontera, vestido de militar, en el que se dirigió directamente a Colombia con
un mensaje que señala cuál podría ser en el futuro su posición en relación con elconflicto armado que vive
nuestro país."Venezuela, dijo, en el conflicto interno entre el gobierno colombiano y la guerrilla, es neutral.
No vamos ni a un bando, ni al otro".Más adelante declaró: "Ese conflicto ya pasó los límites desde los cuales
hay que respetar las fuerzas enfrentadas en Colombia".Y como si todo lo anterior fuera poco, Chávez también
afirmó: "La guerrilla colombiana liberó, hace unas horas, a un grupo de venezolanos secuestrados de la
industria petrolera (sic). Y según leí en la prensa, la guerrilla dice que es un gesto de buena voluntad por haber
declarado la neutralidad, como la ratificamos. Bienvenido el gesto de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia". Pero aguanten los nervios, porque aquí no termina el destape de Chávez. También reveló estar
enterado de que el gobernador del Táchira está manteniendo conversaciones con la guerrilla colombiana, a
lo que tendría que haber dicho a renglón seguido, y no lo hizo, que desaprueba dichas conversaciones. Y
advirtió que si no hay arreglo con la insurgencia, él buscará la forma de intervenir para lograr dicho acuerdo.
Hacernos los locos con las declaraciones de Chávez, y suponer que ellas no implican nada muy grave para
la situación de nuestro país, sería un acto de extremada irresponsabilidad. De ellas puede deducirse que la
tolerancia de Chávez con nuestra guerrilla trasciende la coincidencia entre el pensamiento bolivariano obsesivo
del Presidente venezolano y el movimiento bolivariano, por ahora clandestino, que 'Tirofijo' le declaró a
SEMANA que constituye el proyecto político de las Farc.Una neutralidad frente a nuestro conflicto
armado, como muchos analistas internacionales han tenido ocasión de explicarlo, tiene graves y
profundas implicaciones. Por ejemplo, la bobadita de reconocerle a la guerrilla colombiana el estatus de
beligerancia, que junto con otras condiciones que todavía, en este caso, por fortuna no se han dado, implica
que el grupo insurgente pasa a ser sujeto de derecho internacional público, o sea, que se asimila a un
Estado con el que pueden firmarse tratados, u otorgarle préstamos, o venderle armas, o concederle sede
diplomática. De ahí que no suene raro que Raúl Reyes, al expulsar las Farc a la fiscal de uno de los
municipios de la zona del despeje, haya advertido que lo que pasa es que en Colombia "hay dos
gobiernos...". La pregunta del año es, entonces, si Chávez sí quiso decir lo que dijo. ¿Será tan temerario, recién
posesionado, como para declararle de esta manera la hostilidad a nuestro país? ¿Será tan temerario como
para enfrentársele en este punto a Estados Unidos, que ha manifestado estar en una posición absolutamente
contraria? ¿Será tan temerario como para convertir a su país en un oasis de la guerrilla colombiana, a donde
nuestros guerrilleros viajen a descansar, a conseguir atención médica, a hacer transacciones comerciales, a
hacer contactos políticos públicos?Tan grave perspectiva nos cae en un momento en el que la posición de
Colombia en el continente está bastante maltratada. En un mismo período han coincidido, con las peligrosas
declaraciones de Chávez, varios otros síntomas preocupantes. Por ejemplo, el asesinato del ecuatoriano
Hurtado, atribuido al paramilitarismo colombiano, por su presencia en el Caguán. Por ejemplo, las
declaraciones de Fujimori desde Washington, nada menos que en la Junta Interamericana de Defensa, donde
se discute la seguridad del continente, en el sentido de que Colombia es una amenaza para la seguridad de
la región. Por ejemplo, el emplazamiento de una candidata presidencial panameña, que le pide a Estados
Unidos garantizar la seguridad nacional de Panamá frente al peligro colombiano.Ahora corremos el riesgo,
en medio de toda la evidente incomodidad de los vecinos de Colombia, de que Chávez resuelva colocar en
igualdad de condiciones con el gobierno colombiano legítimamente constituido, y elegido por la mayor
cantidad de votos de la historia, a movimientos guerrilleros que se financian con el secuestro, la extorsión y el
narcotráfico. Con ello Chávez estaría comprando, a corto plazo, la seguridad de que la guerrilla colombiana
no toque a Venezuela, pero a mediano o largo plazo, un perfil que difícilmente, en medio de unas relaciones
pacíficas con el vecino país, podrá manejar el gobierno colombiano.Un libro desconocido en Colombia pero
que circula ampliamente en Venezuela, editado por Centauro, recoge los comunicados que hace dos años
las Farc vienen enviando al gobierno venezolano para advertirle que "no se meta en este lío". Hasta ahora
los gobiernos venezolanos habían estado firmemente alineados con Colombia en cuanto al conflicto con la
insurgencia.Y aunque las declaraciones de Chávez sugieren una actitud bastante comprometedora
con la guerrilla colombiana y en contra del gobierno legítimo de Colombia, el Canciller venezolano, la semana
pasada, pareció echar reversa, cuando dijo que no era cierto lo de la neutralidad venezolana, y que su país
era enemigo de reconocerle la beligerancia a los grupos armados de Colombia. Como es absolutamente
imposible suponer que un Canciller rectifique a su Presidente, la conclusión es que más que una política
frente a la guerrilla, Chávez por ahora, pero por ahora, desea dejar encendida una vela a Dios y otra al diablo.
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