Viernes, 20 de enero de 2017

| 2006/04/28 00:00

CHERNOBYL, veinte años de ignominia.... (Por Javier Escobar Reyes)

Los eventos acaecen y la mano del hombre apresta su justificación mientras el concreto cubre presuroso la falla y el tamaño del ego.

CHERNOBYL, veinte años de ignominia.... (Por Javier Escobar Reyes)

Veinte años atrás , al igual que hoy, la energía atómica estaba encapsulada para defender los limites artificiales que definen lo mío de lo tuyo, lo suyo de lo nuestro. Vastos campos rodeaban la cápsula en cuyas criptas se depositaba la energía que arrasa y que efectivamente lo hizo, como prueba de su volatilidad y como anticipo de su poder.

Energía que no pertenece a nadie, pues nunca estará en las manos correctas, pues ninguno goza del privilegio de ser Dios para justificar su posesión, pero que lamentablemente para nuestra generación y espero que para algunas venideras, rondara cual sombra de poder infinitamente destructor, talvez porque Dios se cansó de mostrarnos un camino, y nosotros en tomar el otro.

Hoy no queda nada de ello; el hombre en su arrogancia infinita y ego destructor, ha creado una zona de exclusión de vida, en donde nadie puede vivir por efectos de la contaminación y que además ,en la mas absurda de las trivialidades humanas, quien decida hacerlo, es un ilegal.

Como si no fuera bastante pena verse forzado a vivir en una ciudad que le vio nacer, ahora contaminada de muerte, sin mas oportunidades que sobrevivir esperanzado en que algún dia partirá tan lejos , que los recuerdos de esos días oscuros de abril, no regresarán por nunca jamás.

Chernobyl no fue un accidente, fue un aviso; un aviso del poder que el hombre ha desarrollado y que no puede controlar; es la energía del universo en las manos equivocadas , no porque deba estar en otras, sino porque no debe estar en ninguna; somos niños en proceso de evolución y cinco mil años de historia no nos han hecho crecer ni un minuto: No sabemos lo que tenemos al frente y lo estamos manipulando como juguete inofensivo.

Tal vez deba ser así, para cumplir con el presagio de que el fin del hombre estará en sus propias manos.

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