Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/09/29 00:00

Chistes graves

Es la ristra de gobernantes frívolos y mentirosos, que no se respetan entre sí ni respetan a los otros, lo que ha dejado como resultado este charco de sangre

Chistes graves

Tiene razón el ex ministro Alberto casas cuando se queja de que el editorial de El Tiempo titulado 'Un ex presidente gracioso' es irrespetuoso para con el ex presidente Andrés Pastrana. Pero también tiene razón el editorialista de El Tiempo cuando le reprocha a Pastrana que malgaste su tiempo en tratar de ser chistoso. (Una interpolación: ¿más que el ex presidente? Ernesto Samper). Y tiene igualmente razón el propio Pastrana cuando acusa a El Tiempo de frivolidad al soslayar el hecho cierto de que sus críticas al presidente Álvaro Uribe no son ningún chiste. Y tiene asimismo razón en esas críticas: "El gobierno está legalizando a los narcos". Pero a su vez tiene razón Uribe cada vez que señala que recibió una herencia de catástrofe del frívolo cuatrienio de Pastrana. Y éste vuelve a tener razón cuando le recuerda a Uribe que su predecesor fue él mismo, en su primer gobierno. Y la tiene nuevamente cuando se candidatiza a sí mismo como nuevo director (y editorialista) del frívolo diario El Tiempo: de algo tiene que servir ser amigo del nuevo dueño, y algo tiene que hacer el nuevo dueño con su nueva adquisición. Todos tienen razón.

(Es probable que, de carambola, haya tenido razón yo mismo cuando hace dos meses pedí aquí explicaciones sobre la operación de compraventa del diario "aunque no sea más que para evitarnos a los lectores la sorpresa de encontrar dentro de algunos meses en la dirección de 'El Tiempo' a otro amigote de José María Aznar: Andrés Pastrana").

Tal vez el único que no tiene razón sea el que empezó toda esta ronda de arreglos de cuentas: el periodista de SEMANA que hace ocho días entrevistó a Pastrana. Quiero decir: tiene razón en haberle dado pie para que criticara -con toda la razón- al gobierno de Uribe; pero no en haberle preguntado, frívolamente, si esas críticas vienen de que ya no cobra su jugoso sueldo mensual de embajador de Uribe. Al hacerlo le dio la oportunidad de rehuir sus responsabilidades de colaboracionista con una pirueta pomposa, moralista y patriotera: decoro, impedimento moral, servicio al país, etcétera. Porque nuestros ex presidentes son, sí, muy codiciosos (y con notable éxito: todos se han hecho multimillonarios, aunque no por sus sueldos); pero no los mueve solamente la codicia desnuda. También la vanidad, y el apetito impúdico de la figuración, y la amistad por sus buenos amigos y el rencor hacia sus viejos enemigos: todos esos defectos de que se acusan sin cesar -y con razón- los unos a los otros.

Con razón, insisto. Aquí siempre la tiene el que critica a un gobernante, así a su crítica le quite autoridad el hecho de haber sido gobernante también él. Tiene razón Uribe cuando critica a Pastrana, y Pastrana cuando critica a Uribe, y así sucesivamente: tal como, digamos, tenía razón López cuando los criticaba a todos y tenían razón todos cuando criticaban a López. Todos tienen razón, en particular cuando critican la frivolidad de los otros. Más arriba me referí al "frívolo cuatrienio" de Andrés Pastrana, pero la expresión no es nueva: fue usada hace más de treinta años para definir el de su padre Misael, y era entonces simplemente la reedición del calificativo dado a principios del siglo XX al turno presidencial del poeta jocoso José Manuel Marroquín, el de la Guerra de los Mil Días. Porque esas razones simultáneas y contradictorias que tienen todos, esa razón que tiene cada uno, no dan en su acumulación un resultado positivo, y ni siquiera una suma algebraica de saldo cero. Dan negativo. Es la ristra inacabable de gobernantes criticones y frívolos, que censuran la irresponsabilidad ajena y niegan la propia, que no se respetan entre sí ni merecen respeto de los otros, impúdicos y ávidos, vanidosos y codiciosos, rencorosos y mentirosos, y en cuanto les brindan la ocasión, pomposos, la que ha dejado como resultado final -hasta ahora- este charco de sangre, este pantano de babas, este cenagal de líquidos fecales en el que estamos chapoteando y ahogándonos. La acción de nuestros dirigentes políticos sólo ha contribuido a agravar las cosas de la realidad, del mismo modo que la intervención de los policías de tránsito ayuda a dificultar el tránsito.

Como dice Andrés Pastrana en su respuesta a El Tiempo, el chiste es un hecho grave. Tiene razón Pastrana.

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