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Opinión

  • | 2014/07/14 00:00

    Muchachos: chuzar, chuzar y chuzar

    Con el impulso dado durante el gobierno de Uribe a esta modalidad infame de escudriñar en la privacidad del otro para avasallarlo, da la impresión de que hoy todo el mundo tuviera licencia para hacerlo.

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Vieja maña. Propia de los hombres desde sus orígenes, ha sido siempre la curiosidad. Muchas veces sana, otras enfermiza como cuando evoluciona en fisgoneo. Y es que ocuparse de lo que se secretea o se habla en privado por encima de lo que se dice en público y en alta voz, es fisgonear, husmear, espiar. Y este hábito, sobrevenido en vicio, fue adquiriendo con el paso del tiempo las características de herramienta útil para aventajarse los unos sobre los otros. Y entonces, ya adaptada como instrumento para la competitividad, tomó el nombre de espionaje, echando mano para su puesta en marcha de toda clase de artimañas hasta llegar en Colombia a nuestras célebres y depuradas “chuzadas”.        

De vieja data son los registros históricos sobre el espionaje. Se dice, por ejemplo, que Escipión el Africano sembró una red de espías en el ejército de Aníbal y que Moisés hizo lo propio en la tierra de Canaán. De tal suerte que mal podríamos nosotros ser inmunes a tamaña tradición. 

El país ya conoce lo que se hizo en materia de escuchas ilegales durante el régimen del expresidente Uribe, todas ellas con fines siniestros que irían desde el desprestigio personal y las imputaciones falsas hasta la incitación al crimen. A raíz de ello, algunas de sus víctimas entre las cuales están Hollman Morris, Iván Cepeda, Piedad Córdoba, Gustavo Petro, César Julio Valencia Copete, Daniel Coronell y Ramiro Bejarano, le dirigieron una enérgica carta al nuevo presidente de Panamá para que detenga y deporte de su país a la antigua directora del DAS, cuyo asilo fue declarado inconstitucional por la Corte Suprema de Justicia panameña. 

Con toda firmeza, los signatarios señalan a la señora María del Pilar Hurtado Afanador como la responsable directa de esas y muchísimas otras chuzadas, producto de una prolongada operación presumiblemente ordenada por la Presidencia de la República (que yo no dudaría en nombrarla como una incontrovertible aproximación a un terrorismo estatal). 

Ellos claman por el regreso de Hurtado a Colombia para que sea juzgada como una simple delincuente común, ya desprovista como lo está de la falsa armadura de “perseguida política” que le confeccionó el ahora senador Uribe cuando se la recomendó en su momento al entonces presidente panameño Ricardo Martinelli.  

Y es que en nuestra turbulenta Colombia, esta fétida variedad de espionaje, pese a haber sido consentida de gobierno en gobierno hasta casi convertirla en usanza y rutina naturales, nunca había alcanzado estas características de sistemática arma de destrucción y aniquilamiento de opositores o enemigos de las administraciones de turno. Sólo al día de hoy y luego de ese escenario de persecución y amedrentamiento diseñado por el expresidente Uribe entre el 2002 y el 2010, vino a mostrar su ferocidad fascista y su minucioso apego a los métodos hitlerianos, pinochetistas, videlistas, somocistas o stroessnerianos.
                                                                                                     
¡Cómo no! Este señor, a quien la historia ya ha comenzado a reservarle su infeliz sitio en el origen y desarrollo del paramilitarismo, los falsos positivos y las criminales chuzadas, es el mismo que en uno de sus arrebatos de cínica desmesura se postuló como víctima de las escuchas ilegales de sus propios subalternos. Y también el que impuso un candidato presidencial, el doctor Zuluaga, quien en medio de la campaña electoral fue descubierto con la manos en la masa y el rostro en los videos en maniobras non sanctas de espionaje, chuzadas y tareas de desprestigio de sus contrincantes.   

A cargo del DAS, ¡ah!, pocos de sus contradictores fueron los que se escaparon de sus chuzadas, su husmeo y sus rastreos furtivos seguidos de la calumnia y el vilipendio. Si en esos 8 años de autoritarismo y arbitrariedades usted, además de no simpatizar con el Führer criollo, ejercía con equidad, carácter e independencia oficios tales como periodista, defensor de los derechos humanos, integrante de una ONG, dirigente de izquierda, sindicalista, magistrado de las altas o medianas cortes o por cualquier razón levantaba la voz de la inconformidad con posibilidades de resonancia, amigo, aún continúa incólume, usted es la prueba fehaciente de que los milagros sí existen. 

Y es que a la manera de las más escalofriantes e implacables agencias de espionaje del mundo, el tristemente renombrado DAS del gobierno uribista -herencia mejorada del SIC de Rojas Pinilla-, en su afán de “cubrirlo todo” llegó a lo insólito y lo ridículo: en el 2004, los sabuesos del régimen, responsables de la “fortaleza” y la “inviolabilidad” de la Seguridad Democrática se dieron a la tarea de espiar en su fugaz visita a Colombia a la iraní Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz. ¿Y si por tales calendas de miedosa recordación hubiese venido el Papa?   

En fin, este se volvió un país de chuzadores. Con el impulso dado durante el régimen uribista a esta modalidad infame de escudriñar en la privacidad del otro para poder avasallarlo, da la impresión de que hoy todo el mundo tuviera licencia para emprender los suyo. Como se sabe, chuzan la Policía, el Ejército, los hacker, el patrón al Zorro, Zurriaga al Pachito, la Procuraduría, el CTI, los delincuentes y hasta algunas compañías privadas de seguridad.  

Así las cosas, ¡que Dios nos coja confesados! 

guribe3@gmail.com 
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