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Opinión

  • | 2014/05/21 00:00

    Chuza Dos

    De ganar las elecciones el grupo político de Óscar Iván Zuluaga continuará espiando a los colombianos. Así lo advierte en su publicidad electoral y en su programa de gobierno.

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Como testigos miramos una lluvia de escándalos que bien podrían ser los capítulos de un elogio a la desfachatez. Y es inevitable hacer preguntas. Entre todas, una: ¿Por qué el expresidente y actual senador electo Álvaro Uribe está ligado a los dos capítulos de interceptaciones ilegales más graves que han existido en el país? La respuesta: el espionaje es pilar y arma política del ‘Uribismo’. 

No es coincidencia, ni montaje, que durante el mandato de Álvaro Uribe se orquestara que el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) realizara seguimientos ilegales a periodistas, magistrados y opositores a su gobierno. “Una empresa criminal dirigida desde la Casa de Nariño”, alertaron en su momento los representantes de la Corte Suprema de Justicia. 

Tampoco es coincidencia, ni montaje, que ahora, su elegido para ocupar la Presidencia en cuerpo ajeno, Óscar Iván Zuluaga, se siente frente a seis monitores a escuchar los reportes de actividades de espionaje que adelanta el señor Andrés Sepúlveda, hacker del que todavía no se sabe si es altamente peligroso o altamente charlatán.

Pero más allá del ruido de todo este alboroto es necesario prestarle atención al silencio de los pensamientos. El candidato Zuluaga, en su campaña y en su plan de gobierno promueve una nueva Presidencia que vigile y espíe. En repetidas cuñas publicitarias el aspirante asegura con especial ahínco: “Y llenaremos de cámaras de seguridad todas las ciudades”. Y finaliza con la arenga: “Todos los ciudadanos tenemos el derecho a vivir sin miedo”. 

Esta proclama política la complementa mejor en el punto séptimo de su plan de gobierno: “Implementaremos mejores sistemas de cámaras de seguridad y censores de sonido en centros urbanos para detectar la criminalidad, dar seguimiento a los victimarios e identificar incidentes con arma de fuego”. 

También advierte que: “dotaremos al país de mejores instrumentos jurídicos para detectar, prevenir y sancionar actos de terrorismo en todo el territorio nacional”. Y realizará “identificación georeferenciada por barrios, localidades, manzanas, cuadrantes, que permita detectar los movimientos de la criminalidad organizada por tipo de delito”. 

¿Habría pensado el candidato Zuluaga en el señor Sepúlveda para estas “mejoras”?
Aumentar las actividades de inteligencia para frenar la delincuencia es un debate amplio, válido y necesario, siempre que se reconozca los alcances de esta vigilancia en la era digital y que no vaya en detrimento de los derechos fundamentales. Hace 20 años poco o nada podía conocerse de una persona al observar su actividad en la red; hoy quién vigila tiene una radiografía exacta de la persona. Eso asusta. 

Como explica Eduardo Bertoni, exrelator especial para la Libertad de Expresión de la OEA, la afectación de la privacidad no se limita únicamente al hecho de que un tercero esté al tanto de asuntos de un individuo que este último quisiera que no se supieran; la ausencia de privacidad también afecta el proceso de subjetividad de la persona y la relación de esta con su entorno. Sin mencionar que un individuo que no goza de un espacio para reflexionar, pensar y formar su criterio no podrá manifestarse de manera libre. 

Ojalá sean estos escándalos pretextos suficientes para que Presidencia, Congreso y magistrados giren su cuello y miren detenidamente a la Ley de inteligencia, concretamente el artículo 17, que permite el monitoreo del espectro electromagnético sin orden judicial y sin control independiente. Que tal y como está redactada significa que los agentes de inteligencia pueden monitorear todo lo que circule por el espectro, entiéndase llamadas telefónicas y datos. 

El expresidente Uribe explica su concepto de nación de manera clara y contundente. "Hoy no es posible hablar de Nación sin seguridad, porque la Nación, a partir de su conducta vincula la fuerza pública no sólo a la esfera del cumplimiento de la acción del Estado, sino también a la cotidianidad del pueblo, haciendo que de una u otra forma el pueblo identifique a cada soldado y policía como garantes de su pertenencia a una nación”.

Ojalá que el próximo presidente de Colombia no tenga como pilar que la vigilancia y la seguridad son sinónimos de Nación. 

*Periodista de la Fundación Para la Libertad de Prensa.
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