Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2007/12/22 00:00

CINCO CRÍTICAS ‘AD HOMINEM’

Nunca aprendí las figuras de la retórica eclesiástica, y no se si la más sinuosa de las que usa José obdulio se llama paronomasia, catacresis o epanástrofe

CINCO CRÍTICAS ‘AD HOMINEM’

Protesta José Obdulio Gaviria de que lo ataquen por ser primo del narcotraficante Pablo Escobar. Tiene razón. En primer lugar, porque nadie es responsable de sus parientes (así todos los usemos: decía Oscar Wilde que la función principal de la familia es darle respetabilidad a uno). Segundo, porque en un país que lleva treinta años viviendo del narcotráfico

todo el mundo tiene algún primo narco. Yo, para no ir más lejos, tengo varios en Santa Marta. El mismo ex presidente Andrés Pastrana, el más conspicuo promotor de la tesis de que José Obdulio no merece respeto porque es primo de un narco, tiene él también un primo narco que fue extraditado del Uruguay a los Estados Unidos. Así que tiene toda la razón José Obdulio: no hay por qué.

En lo que sí hay por qué es en otras cosas.

Pongo de primera una que puede parecer menor, pero que pinta a un hombre. Escribe José Obdulio que se usan contra él argumentos ad personam, cuando se refiere a los que siempre se han llamado argumentos ad hominem. Me atrevo a ver ahí un lambetazo oportunista a los partidarios y las partidarias de la corrección política de género gramatical. ¡Y en latín¡ Qué fatiga... José Obdulio merece ser atacado por lambón.

En segundo lugar, por ejercer de funcionario sin serlo. José Obdulio firma como "asesor presidencial", pero no recibe sueldo del Estado, con lo cual es irresponsable. Es el ejemplo vivo de que el gobierno de Álvaro Uribe, en su avorazamiento privatizador, ha privatizado hasta la administración pública. José Obdulio merece críticas por avivato.

Tercero: por tramposo. Como nunca pasé por seminario alguno, nunca aprendí las figuras de la retórica eclesiástica, de modo que no sé si la más sinuosa y sibilina, reptilínea, de las que usa habitualmente José Obdulio se llama paronomasia o anfibología o catacresis o epanástrofe. Es esa argucia zorruna que consiste en poner en boca del contradictor razonamientos que él no ha empleado para sí más fácilmente refutarlos. De la columna de prensa en que replica a sus críticos tomo un ejemplo de tergiversación obdulista. Dice que le ha tocado toparse con "cierta gente" que (y esa indefinición ominosa, "cierta gente", "algunos políticos", etcétera., es característica del talante oblicuo, obdulesco, de este gobierno de seminaristas), con cierta innominada gente que "entroniza torpes conceptos" como el de que "el dilema es ser guerrerista o aplicar la política social y, como Uribe es guerrerista, no tiene política social". De ahí deduce José Obdulio la mala fe de esas gentes. Yo deduzco por mi parte la mala fe de José Obdulio. Pues ese que propone, poniéndolo fraudulentamente en labios de otros, no sólo no es el dilema, sino que ni siquiera es un dilema, puesto que se puede a la vez ser guerrerista y tener una política social: en eso consiste lo que Marx llamó: "bonapartismo". Como se puede también ser guerrerista y no tener ninguna: y ese es, en efecto, el caso de Uribe.

Salvo, claro está, que se llame "política social", o sea, antisocial, a cosas como la privatización de la salud para entregarles el negocio a los narcoparamilitares y los empresarios del chance mientras se lleva a la quiebra y al cierre y se sacan a subasta los hospitales públicos. Y así puede llamarse, en efecto, dentro de lo que José Obdulio llama pomposamente el "cuerpo de doctrina" del pensamiento de Álvaro Uribe, que se dispone a publicar en ocho volúmenes. Las incoherencias, las inconsecuencias, las contradicciones, los delirios, los deliquios, las intervenciones populacheras en foros comunales, los anuncios untuosos ante el cuerpo diplomático, las amenazas telefónicas en lenguaje chabacano, las proclamas marciales ante auditorios militares, los discursos en inglés, las promesas electorales, las proclamas, las contraproclamas, las rectificaciones, las improvisaciones, los arrebatos, las ventoleras, del presidente Uribe.

Esa es la cuarta razón por la cual merece críticas José Obdulio Gaviria: por pretender que ese batiburrillo de gritos y suspiros constituye un cuerpo de doctrina.

Hay una quinta, que él mismo cita en su columna como prueba "categórica" de su distancia política con Pablo Escobar: "Yo militaba en 'Firmes', él en el santofimismo". Esa voltereta desde la izquierda social de 'Firmes' hasta la derecha militarista de Uribe vuelve a pintar al hombre. José Obdulio merece críticas por volteado. n

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