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Opinión

  • | 2010/12/25 00:00

    Citicos Tomás y Jerónimo

    Crearé en Facebook el grupo 'Alegremos a Tomás y Jerónimo' y meteré preso a quien no lo siga.

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Me gusta la Navidad, pese a que es muy desgastante. Este 24, por ejemplo, era de noche y yo seguía repartiendo las últimas anchetas: una para Lucho con botellas de sabajón; una para 'el Sodomita' Rivera, con productos de belleza y bonos de depilación. A José Galat no le regalé nada, pero lo invité para la cena del 31, en la cual mis hijas y yo lo quemaremos, como ya es tradición cada año, y tal y como él lo hacía con Galileo, por allá en su juventud.

Ya tengo puesta la mesa para la cena de Año Nuevo: una empanada en bandeja de plata con su respectiva botella despicada por si cae el hijo de Javier Ayala; un plato vacío (con comida escondida debajo de la mesa) por si viene Róbinson Devia. Compré una torta para que se la repartan entre Iván y Samuel. Espero la presencia de Lecompte, con el brazo del tatuaje de Íngrid amputado, y la del presidente Santos, con el pequeño Edward parado en el hombro, como si fuera un loro. Instalé un acuario gigante por si aparece el Registrador. Le dije a Laura Acuña que mi familia la acogía en su seno. Corrijo: con su seno. Y le advertí al celador del edificio que se escondiera, por si pasa Rodrigo Lara.

En diciembre siempre hago una obra de caridad.

Hace un año, si lo recuerdan, adopté a un gamín: el autoproclamado gamín Álvaro Uribe Vélez. No me fue bien, lo reconozco. Era grosero, metía gente por el garaje, amenazaba a las visitas con darles en la cara. Habituado a su vida callejera, no se cubría con cobijas sino que se tapaba con periódicos, casi siempre con El Colombiano. Sin embargo, lo eduqué con cariño. Le enseñé a escribir; le abrí una cuenta en Twitter para que practicara. Al comienzo se saltaba las vocales, todas menos la U. Después mandaba mensajes día y noche sobre un tal periodista mafioso, a tal punto que intervine: no permitiré que nadie ataque a José Obdulio, mi maestro. Al final huyó de la casa en un rapto de locura. Todavía lo busco. Mide 1,60. Anda en alpargatas, lleva un poncho y carga una gallina. Si se lo encuentra, no trate de agarrarlo: puede ser agresivo. Mejor llame al manicomio más cercano.

Pese a la mala experiencia, sigo con la idea de hacer una obra de caridad. Y más después de haber visto la Teletón, que fue un desastre: ¿no es una infamia hacer una colecta para los damnificados del invierno e invitar a tocar a Palo de Agua? Con tanta gente hambrienta, ¿cómo ponen de presentador a Jorge Alfredo, cuya papada crece más que la inflación venezolana? Aunque, claro, hay que advertir que la televisión engorda. Vale la pena decirle a Jorge Alfredo que no coma más televisores.

Pensé en recoger ropa para Petro; en adoptar una mascota abandonada, como 'el Pincher' Arias. Pensé en ayudar a Pachito, que este año llenó la ciudad con unas vallas gigantes en las que salía con cara de niño perdido, todo muerto del susto. Pachito busca su hogar, pensé. Voy a ayudarlo: voy a contratarle un fonoaudiólogo para que pronuncie los fonemas sin escupir; a pagarle un peluquero que no sea tan facilista de cortarle el pelo poniéndole una totuma encima para recortar los sobrantes. Voy a volverlo adulto.

Pero no me sentía pleno. Me gusta ayudar, pero no de cualquier manera. Este año, por ejemplo, publiqué un libro para construir la Escuela para Lagartos Armandito Benedetti. Roy Barreras intrigó para que la obra llevara su nombre, pero habría sido injusto: Armandito ha hecho una gran labor. La decana será Lucero Cortés. Las inscripciones están abiertas.

Cavilé hasta último momento y finalmente di con la obra que quiero hacer de Navidad: una Teletón para recoger fondos para Tomás y Jerónimo Uribe. Pobres. Últimamente los han perseguido mucho. No sé si oyeron a Tomás en La W: era conmovedor. Contaba que su papá los ponía a limpiar pesebreras a los cinco años, tal y como lo hacía el ex presidente Turbay con Junior en las de Usaquén; y decía, humilde, que ahora se la pasa estudiando en el exterior 14 horas al día. Citico: o sea que duerme apenas diez. Pobre.

Pobres hermanos Uribe. En este país de parásitos los asedian por nimiedades, los acusan de plagio en las universidades, sus declaraciones de renta despiertan sospechas, les preguntan por sus reuniones en Panamá con los Nule. ¿No se dan cuenta, acaso, de que son solo dos muchachos tan francos como la zona donde -de pura casualidad- tienen sus lotes? Para quien no lo sepa, ambos han hecho su humilde capital reciclando basura, sobre todo en los medios, como quedó claro esta semana.

Bien: me harté. No permitiré que sufran más. Lo primero que voy a hacer es colgarle a cada uno una escarapela con su respectivo nombre para poderlos distinguir. En mi Teletón el presentador no será Jorge Alfredo, sino Pachito. El capitán Lagos y otros detectives del DAS contestarán el call center. Fernando Londoño manejará financieramente los recaudos. Crearé el grupo en Facebook 'Alegremos a Tomás y Jerónimo' y meteré preso a quien no lo siga. Y con lo que recoja, construiré en Stanford un pueblito paisa y les consignaré viáticos para que, si viajan a Panamá, se compren una pizza en el hotel y no terminen -de pura casualidad- en almuerzos con contratistas estatales.

Apoye esta obra social. Ayude a dos niños desprotegidos. Marque ya el número uno. Y feliz año.
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