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Opinión

  • | 2017/06/23 09:02

    Una líder que necesita partido y un partido que necesita más líderes

    Sería bueno para el partido Liberal y creo yo también para Clara, que considerara la idea de aproximarse al Liberalismo con base en convicciones ideológicas que ojalá condujeran a la reincorporación de ella al partido de sus mayores, el de su tío-abuelo, Alfonso López Pumarejo, líder de “la revolución en marcha”, entre otros.

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Clara López es una figura de primer orden en la política colombiana con una esmerada formación económica y jurídica, una intachable conducta ética, una vasta experiencia política y probado buen desempeño en tanto que administradora de la cosa pública como lo prueba su paso durante seis meses por la Alcaldía de Bogotá así como por la Auditoría General de la Nación y el Ministerio del Trabajo, logros que la predisponen para el desempeño de las más altas dignidades del Estado. Pues bien, se ha quedado sin partido aunque no sin ideas. Hace parte de quienes, según la afortunada expresión de Mauricio García Villegas, “como saben que la pobreza se traduce en falta de libertad, sienten la necesidad de meterse en política para defender los cambios sociales que liberan a la gente pobre” mediante “la educación, la salud y el trabajo” (El Espectador, 5 de mayo de 2.017) Es la vieja idea de que la libertad de leer lo que uno quiera, no sólo los libros que no están en el Índice de la religión Católica, no tiene ningún sentido para el analfabeta. Que a la Libertad hay que establecerle condiciones materiales para que, como dice la Constitución respecto de la Igualdad, “sea real y efectiva”.

Estaba en la oposición como candidata del Polo Democrático. El triunfo del doctor Oscar Iván Zuluaga en la primera vuelta de las elecciones de 2.014 cambió el panorama político y puso en grave peligro el proceso de paz con las Farc, que ella apoyaba y apoya. Para la segunda vuelta se encontró con el dilema: Dejar, indiferente, que el presidente Santos y las posibilidades de paz corrieran la suerte que le deparara el destino, e incluso conspirar solapadamente contra ella para agudizar las “contradicciones del sistema” en busca de la revolución proletaria como lo hicieron los comunistas alemanes que se negaron a unirse y apoyar a los socialdemócratas frente a Hitler en marzo de 1.933, o entrar en la batalla por la paz al lado de quien la comandaba. Escogió lo segundo y su concurso fue definitivo para el triunfo.

Fue así como, enfrentada en la primera vuelta al presidente Santos, decidió, acertadamente desde mi punto de vista, para la segunda, apoyar al presidente-candidato, que era la manera de ser consecuente con sus ideas de convivencia.

Algo similar le había sucedido al MRL durante el gobierno del presidente Carlos Lleras: “se encontró súbitamente de aliado del gobierno en la lucha por la reforma constitucional, la reforma agraria, la autonomía monetaria y el control de cambios, las relaciones comerciales con los países socialistas y otros aspectos”… (Alfonso López Michelsen, Posdata a la alternación, Editorial Revista Colombiana Ltda, 1.970, p.299). De acuerdo en lo esencial, sucedió lo inevitable: La unión Liberal, eso sí, “con matrimonio previo”. Hacía López alusión con esta frase a que la reunificación había sido fruto de un acuerdo. Ilustraba esta circunstancia histórica con la divertida “anécdota de la emperatriz Eugenia y Napoleón III, quien la pretendía para esposa. La joven Eugenia de Montijo, enseñaba su palacio a su novio el emperador y este, con malicia, le preguntó:

-¿Por dónde se llega a vuestra alcoba?

-´Pasando primero por la capilla, majestad´, repuso Eugenia.

A la Unión liberal, había que llegar con matrimonio previo”. (Ibidem, p.309)

López ingresó al gobierno de Carlos Lleras primero como gobernador del recién creado departamento del Cesar y luego como Ministro de Relaciones Exteriores. Clara fue nombrada Alcaldesa interina de Bogotá por Santos y posteriormente Ministra del Trabajo, entrando así al gobierno, pues éste está formado, según dice la Constitución, por el Presidente, los ministros y los jefes de departamentos administrativos.

Sería bueno para el partido Liberal y creo yo también para Clara pero sobre todo para la vigencia de las ideas liberales y democráticas en Colombia, atacadas en este momento de nuestra historia por el populismo tanto de derecha como de izquierda, que considerara la idea de aproximarse al Liberalismo con base en convicciones ideológicas que ojalá condujeran a la reincorporación de ella al partido de sus mayores, el de su tío-abuelo, Alfonso López Pumarejo, líder de “la revolución en marcha”, entre otros.

*Constituyente 91
Junio 22 de 2.017

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