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Opinión

  • | 2014/06/04 00:00

    Los años maravillosos

    Nos han abocado a un clásico enfrentamiento entre liberales-conservadores, ahora llamado “Unidad Nacional versus Centro Democrático”, y nosotros hemos caído redondos en la trampa.

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Se dice que estas elecciones son cruciales por el tema de la paz. Curiosamente desde que tengo memoria se dice lo mismo en cada elección. En el 90 era el triunfo de nosotros como pueblo o de los narcotraficantes, el 94 era todo o nada entre liberales y conservadores, en el 98 era paz ahora o nunca, en el 2002 era la campaña de la guerra total, en el 2006 era la continuidad o el salto al vacío y en el 2010 era la oportunidad de continuar un modelo de manera estable o de nuevo un salto al vacío.

Hoy estamos ante otra disyuntiva “determinante” y el futuro del país se define ya no sólo para los próximos cuatro años, sino posiblemente para los ocho siguientes. Es precisamente ese sentido de “urgencia”, que siempre logra transmitir el establecimiento político lo que demuestra su habilidad para movilizar al electorado. ¿Pero se está definiendo algo realmente? 

Creo que simplemente estamos ante otra disyuntiva momentánea en la que “cambia todo para que al final nada cambie”.

Una claro reflejo de la anterior afirmación es el cambio generacional vivido en estas elecciones, marcado por un vacío en el liderazgo, en la que vemos a Gaviria, Samper, Serpa, Uribe, Pastrana, Noemí, Mockus, Peñalosa, Carlos Gaviria, Lucho, Clara, Santos,  como políticos de salida. Están viejos, canosos y trasnochados y ya no convencen; a ellos se les ha ido jubilando paulatina y forzosamente a punta de votos; la sociedad les ha dado un mensaje claro: “no los queremos más”, con excepción de Uribe que parece que esta dando cátedra de cómo dar una última batalla y hasta el momento sigue vigente.

Los del establecimiento tradicional han preparado sus delfines, los tienen ya en viceministerios, en el Congreso o en el Concejo de Bogotá; los de la izquierda lo intentaron pero se les quemaron, los otros por su parte, no dejaron sucesor precisamente porque crearon movimientos personalistas y caudillistas y los caudillos no dejan herederos, dejan huérfanos, muchos de los cuales andan haciendo carrera a la sombra del establecimiento que los acogió hábilmente para cooptarlos.

En este escenario de transición es de esperarse que “los nuevos” asuman el poder y cobren protagonismo, pero estos delfines no son particularmente brillantes, por lo que sus padres salen al ruedo para garantizar su continuidad. Por eso vemos a Gaviria luchar con ímpetu por el futuro ministerio de su hijo, lo mismo que Samper por su hijo el viceministro, lo mismo que Serpa, lo mismo que Pastrana y hasta el mismo Lucho que lucha por su hijo. Todos ellos coinciden (menos Pastrana) en que Santos les garantiza un relevo tranquilo, un buen trabajo y protagonismo para sus herederos. No es por el futuro del país, no es por la paz, es por mantener el linaje, es por mantener el statu quo. 

Para lograr esa transición están aplicando una idea clásica de la publicidad: “si el producto no gusta o no vende, cambia la conversación y sino resulta, cambia la marca pero no el producto”. Esta idea aplica perfecto para el establecimiento que sutilmente nos han abocado a un clásico enfrentamiento entre liberales-conservadores, ahora llamado “unidad nacional versus Centro Democrático” y nosotros hemos caído redondos en la trampa.

Hoy todos están alineados donde deben estar, los liberales de la unidad nacional tienen a los Gaviria, los Samper, los Lleras, los Galán, los Pardo y Santos, y los conservadores del Centro Democrático tienen a los Pastrana, a Uribe, a Pacho y otros de menor calado pero que están reencauchándose sigilosamente; y aunque parezca más grande el primer grupo, cabe recordar que los de la unidad no han logrado sacar más del 30% de los votos en los últimos 16 años.

Hoy cada casa política está defendiendo el pedazo de terreno que heredarán a sus vástagos y sólo los Santos parecen que van a ganar por lado y lado, que hábiles son.

Mientras tanto, la élite política sigue desconectada del querer nacional, tal y como lo han reflejado estas pobres campañas y los ya tristemente célebres debates. Sus hijos encarnan el futuro inmediato del país, un futuro oscuro si se considera su falta de liderazgo.

En Twitter: @DANNYPOLITICO
Docente Universidad del Rosario.
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