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Opinión

  • | 2017/07/31 08:50

    150 cajas repletas de firmas

    La corrupción se desliza por entidades públicas de todo el país, pero la semana pasada Claudia López y Angélica Lozano entregaron más de 4 millones de firmas para castigarla con una consulta. Tema central de la campaña electoral.

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Si alguien aún tenía dudas acerca del tema central de la campaña electoral que se avecina, Claudia López y Angélica Lozano ya dejaron bien claro que será la lucha contra la corrupción. En los últimos meses he escuchado decir a algunos analistas que poner a la corrupción en primer orden de la agenda política es un artilugio para que los temas de implementación de los Acuerdos de Paz caigan en la desidia y el desinterés. O sea, la corrupción como parapeto. Francamente, hay gente que dice mucha pendejada, esa es una falsa dicotomía.

La pelea contra la corrupción apenas se estrena. Este año ha surgido un relativo consenso acerca de la dimensión del fenómeno y la necesidad de combatirlo, pero nadie había planteado cómo hacerlo. Lo que muestra la historia de aquí hacia atrás es una larga fila de proyectos de ley archivados, de impedimentos ciertos o inventados por entes de control que a veces parecen ratas a cargo de cuidar el queso, mucha alharaca y escándalo en los medios, y mucha indignaditis en las redes, pero ningún hecho real que permita pensar que se le está torciendo el pescuezo al monstruo.

Puede leer: Verdes: el reto de traducir en votos 4 millones de firmas  

Pero Claudia López tomó las banderas del tema y, por encima de opiniones e indignaciones, echó a andar una consulta anticorrupción que, con el apoyo de Angélica Lozano y el soporte de más de 35.000 voluntarios en todos los rincones del país, recogió 4.313.963 firmas que fueron entregadas en 150 cajas a la Registraduría Nacional para su verificación.

Nunca antes se habían recogido tantas firmas en Colombia. Álvaro Uribe tuvo 300.000 menos para su reelección en 2007; el año pasado la pareja Morales–Lucio, con la mitad de estas firmas en su haber, casi se lleva de mano derechos fundamentales de miles de personas. Las firmas de la consulta anticorrupción crean un hecho político innegable, tanto para las promotoras como para millones de ciudadanos firmantes.

Si algo ha demostrado la dupla política López–Lozano es fuerza y valentía para asumir retos cuando y donde toca, sin amedrentarse ni rendirse. Pero lo que viene es duro, porque como dicen los que saben obtener votos sin comprarlos, no hay que hacer cuentas alegres con las 4,3 millones de firmas, porque lo verdaderamente jodido es que el Congreso las avale, y luego, conseguir los 11 millones de votos que se necesitan para que los puntos de la Consulta se conviertan en mandato.

Pero más importante que sumarle un gran peso político a las promotoras, que ya lo tienen ganado, estas firmas le dan a la ciudadanía el poder de saberse capaz de hacer lo que toca, cuando a quien le toca no hace nada para que se haga. Lo que gritan esas cajas llenas de firmas es que la gente decidió que ya es suficiente de ver cómo los corruptos se tragan 50 billones (millones de millones) de pesos al año, mientras Colombia sigue entre los cinco países más desiguales del mundo; que ya basta de sentarse a esperar que el Congreso le ponga coto a la sinvergüencería, que los entes de control controlen, que los veedores vean y que los fiscales huelan. Basta de pasividad frente al desangre de los recursos públicos.

Le sugerimos: Las firmas mueven la democracia 

La corrupción es sinuosa, expansiva, se desliza por entidades públicas y privadas, por despachos oficiales, bolsillos de contratistas, negocios de interesados y escritorios de zares, fiscales y jueces nombrados dizque con la única misión de acabarla. Mientras la gente conviva con el fenómeno como si fuera normal, natural y deseable, mientras la corrupción sea impune, aplaudida y respetada por la gente, mientras al corrupto se le premie por avispado y por eso se le respete y se le permita ser el dueño del pueblo, la maquinaria traga recursos seguirá intacta. Si no se frena la corrupción, la platica ahorrada con la paz se va a perder, toda.

Según cálculos, este es un monto cercano a los 9 billones de pesos al año. ¿Cuál plan de vías, de educación, de salud o de tierras va a funcionar así? Guerra y corrupción se alimentan mutuamente, si no se acaba con la corrupción no va a haber paz. Así de simple. Esta vía, la de la democracia directa, se posiciona como una alternativa real cuando los representantes de los ciudadanos son corruptos, ineptos y arbitrarios.

La reglamentación de las consultas en Colombia hace arduo el proceso, pero tiene la gran virtud de darle poder al pueblo para definir los asuntos realmente importantes para sus vidas, y para el país; nada hay más valioso para la democracia que una ciudadanía empoderada. Para conocer los siete puntos de la consulta, y unirse a esta causa anticorrupción, consulte www.vencealcorrupto.com

De remate/ ¡Ay Venezuela! El único partido posible es el clamor por el restablecimiento de la democracia.

Ana María Ruiz Perea
@anaruizpe

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