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Opinión

  • | 2017/08/03 10:18

    Venezuela: las cinco claves

    Es mejor no acercarse al fuego cuando se tiene un larguísimo rabo de paja, como el que lucen los viejos y nuevos gobernantes de Colombia.

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1. La propaganda

Desde la ocupación de Irak en 2003, no se había librado una guerra mediática a gran escala como la que ocurre por estos días en Venezuela. Irak fue víctima de un gran engaño. Saddam Hussein, como se probó y reconoció luego el ex primer ministro británico Tony Blair, no guardaba armas de destrucción masiva como aseguraban las potencias occidentales y difundían sus poderosas cadenas de noticias. Hoy día Irak está reducida a escombros tal como lo muestran las recientes imágenes de Mosul, presentadas por las mismas cadenas que hicieron eco a la gran mentira. Venezuela no es el primer caso en que los medios se transforman en banales aparatos de propaganda.

Por estos días Arabia Saudita está preparando la decapitación de 14 personas -entre los que se encuentra un estudiante de la Universidad de Michigan- sentenciadas por el Tribunal Supremo de la Monarquía por su participación en la llamada Primavera Árabe. A los condenados se les acusa de incitación al caos y del empleo de cocteles molotov durante las protestas callejeras. Salvo Amnistía Internacional y algunos portales alternativos, las sentencias no han sido censuradas por los líderes occidentales, ni han despertado el interés de las agencias internacionales de noticias. Cuando una mujer saudí es condenada a latigazos por conducir un carro o lapidada por un affaire sentimental, Occidente mira para otro lado. Mira para Venezuela, por ejemplo.

En una avenida del sector de Altamira -donde reside la población más rica de Caracas- un artefacto explosivo estalla al paso de una patrulla motorizada de la Guardia Nacional Bolivariana, resultando siete uniformados heridos. Semanas antes un lunático militar tomó el control de un helicóptero de la Policía científica, desde el cual lanzó un ataque con granadas contra el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. Estos dos sucesos que, según el baremo de esta época, caben dentro de la categoría de ‘terrorismo‘, son soslayados por la prensa occidental. Para Occidente, a diferencia de la Monarquía Saudí, el gobierno de Venezuela es un enemigo geopolítico a batir, más aún si la patria de Bolívar es dueña de las más grandes reservas de Petróleo del planeta, amen del gas, el oro, el uranio, el coltán, el torio y el agua que yace en su territorio. Todo vale para asegurar el grifo del Petróleo: una guerra, un golpe de Estado, una ocupación militar, un bloqueo económico. Irak y Libia están destruidos y sumidos en el caos pero el crudo no ha dejado de fluir.

2. La democracia

La dirigencia política tradicional de Colombia, de cara a la cita electoral de 2018, ha convertido a Venezuela en una circunscripción electoral adicional a las 32 que tiene el país. Meter las narices en los asuntos internos de Venezuela para conseguir réditos políticos en Colombia. La situación de Venezuela en clave colombiana. No sé hasta qué punto los eternos operadores políticos colombianos tienen la conciencia tranquila o las manos limpias para sentar cátedra sobre la democracia y los Derechos Humanos. Es mejor no acercarse al fuego cuando se tiene un larguísimo rabo de paja, como el que lucen los viejos y nuevos gobernantes de Colombia.

Examinemos a vuelo de pájaro la historia reciente de Colombia. Cinco candidatos a la Presidencia asesinados a bala: Gaitán, Gómez Hurtado, Pardo Leal, Galán, Pizarro. Cuarenta y cuatro congresistas condenados del 2006 al 2010 por pertenencia a organizaciones criminales responsables de cientos de asesinatos. Juzgamiento de civiles por cortes marciales durante el gobierno liberal-conservador de Turbay Ayala. Centenares de jóvenes humildes asesinados a mansalva -falsos positivos- y luego presentados como rebeldes caídos en combate. Casos de oficiales de las Fuerzas Armadas y políticos condenados por narcotráfico por tribunales de los Estados Unidos. Centenares de altos funcionarios públicos purgando condena por apropiación del dinero público. Supresión de la oposición política por vía del asesinato tal como sucedió con la Unión Patriótica. Centenares de periodistas asesinados por contar realidades. El aparato de inteligencia del Estado -caso DAS- controlado por estructuras criminales. Con este infame prontuario es mejor guardar silencio.

3. La toma de posición

Matador -para mi gusto el mejor caricaturista colombiano- dibujó una caricatura en la que aparecen algunos de los más reconocidos dirigentes de la izquierda del país pasando de puntillas sobre el asunto Venezolano. Es un clásico colombiano: ponerse de perfil o no decir nada sobre los temas espinosos, como el que ocurre en Venezuela. Otros en cambio, navegan en las aguas políticas siempre y cuando el viento sople de popa. Nada más aborrecible que un personaje público que hace del arribismo una táctica para mantener su línea de flotación política.

Gustavo Petro, debo reconocerlo, ha sido el político colombiano más ecuánime frente la cuestión venezolana. Sus palabras no responden al clásico posicionamiento ideológico que solo percibe la realidad a dos colores. Petro, con la Constitución Política de Colombia en sus manos, defiende la autodeterminación de Venezuela con base al artículo 9º de nuestra Carta, e insta a los gobernantes de Bogotá a que se ciñan a la ley, procurando la integración de América Latina y el Caribe. Mientras Petro llama al diálogo entre las partes involucradas para conseguir un acuerdo, la mayoría de aspirantes presidenciales se encargan de echarle leña al fuego y avivan los brotes de violencia que cobra victimas en las calles.

4. La conclusión

Venezuela es teatro de una encarnizada lucha política interna. Es el abecé de la política. Sin embargo, esa lucha interna está distorsionada por poderes fácticos externos que han medido el tamaño de los recursos naturales que guarda el territorio venezolano. Recursos que en el pasado sirvieron para enriquecer a unos mercachifles que viven como magnates en La Florida, mientras en Caracas los miserables se multiplicaban en las laderas. El presidente Hugo Chávez le dio la vuelta a la tortilla y repartió la renta petrolera entre los millones de pobres de Venezuela e hizo que América Latina recuperara soberanía e identidad. Empero, el modelo rentista derivado de la riqueza petrolera no ha variado bajo ningún de los gobiernos, incluidos el de Chávez y Maduro. Un modelo dependiente del que sacan provecho algunos elementos corrompidos que hoy están en el gobierno y la oposición.

La violencia en Venezuela mata a gente del gobierno y la oposición. La inmensa mayoría de venezolanos huye de la violencia. No hay más camino que el diálogo a riesgo de que Venezuela se vuelva una sociedad como la colombiana: dividida y violenta. Entre el gobierno y la oposición empiezan a oírse voces sensatas -como la del diputado opositor Henry Ramos Allup- que claman por un cese de todas las violencias. El diálogo, el acuerdo, las urnas y la autodeterminación son las únicas opciones razonables para que el país de Los Libertadores, salga de su encrucijada.

5. Las tareas

Más que tareas, dos sugerencias sobre la cuestión venezolana. Una: que una estudiante de periodismo escriba una tesina de grado sobre el cubrimiento mediático de la crisis venezolana por parte de los medios españoles y colombianos. Dos: leer La Consagración de la Primavera, la cultísima obra del precursor de lo real maravilloso, Alejo Carpentier, para entender a los venezolanos.

* Escritor y analista político
En Twitter: @Yezid_Ar_D
Blog: En el puente: a las seis es la cita

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