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Opinión

  • | 1988/01/11 00:00

    CLEOFAS SE LA JUEGA TODA

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Carlos Lleras Restrepo es un político que no entiende la política, circunstancia que lo recomienda como ciudadano y lo acredita como hombre de Estado. Si se comparan la visión, la capacidad, la energía con que ha resuelto y enfocado tantos graves problemas de la nación y con que ha creado nuevas situaciones económicas y administrativas para sus conciudadanos, si se compara ese activo perdurable y fecundo con sus frecuentes equivocaciones y desventuras en el campo político, hay para reflexionar fructuosamente en la afortunada distancia que separa al hombre de partido y de grupo del hombre de gobierno".
Juan Lozano y Lozano (1942)

Estas afirmaciones, escritas por Juan Lozano hace 45 años, parecen estar cobrando más validez que nunca estas últimas semanas. Con su sorpresivo y categórico apoyo a Juan Martín Caicedo, Carlos Lleras pudo haber cometido una más de sus "frecuentes equivocaciones y desventuras en el campo político".

En una etapa de su carrera en que los colombianos lo tenían colocado en un pedestal y lo consideraban como un oráculo al que se recurría en los momentos más difíciles del país y de la política, el ex presidente decidió colocarse al frente de la linea de fuego.
Todavía no se sabe si su actitud puede constituir una equivocación, pero por lo menos si está asumiendo grandes riesgos.

No sólo venía de una década de humillantes derrotas políticas -en manos de López Michelsen en 1973 y de Turbay Ayala en 1978 sino que acababa, hace apenas seis semanas, de protagonizar lo que se ha considerado uno de los más grandes osos de la política en los últimos tiempos: el lanzamiento y naufragio de la candidatura de Abdón Espinosa.

Esa fue la primera patinada del ilustre ex presidente, en el episodio de la Alcaldia de Bogotá. No sólo no contó con la sensibilidad y arrogancia de dos lideres jóvenes como Galán y Samper sino que, como en el fresco de La creación, de Miguel Angel, creyó que era suficiente para ungir a Espinosa Valderrama señalarlo con la simple yema de sus dedos.

Sin embargo, en este discutible apoyo a Abdón el ex presidente Lleras estaba en todo su derecho, porque tença como legítimo propósito la unión del partido.

En contraste, su apoyo posterior a Juan Martín Caicedo tuvo como resultado directo la división. Hasta que salió publicado el editorial de Nueva Frontera en el que anunciaba tan insólito apoyo, la división del Partido Liberal no era aún irreversible. El candidato definitivo estaba en gestación. Juan Martin Caicedo, conciente de que su situación era parcialmente interina, ni siquiera había mandado a hacer vallas.
Hasta ese momento se discutía insistentemente la posibilidad de una tercería...

Pero el apoyo del ex presidente Lleras tiene demasiado prestigio como para que después de haberlo recibido, Caicedo Ferrer volviera siquiera a abrigar la más leve duda en relación con su retiro. Y en lo que a Galán y a Samper se refiere, el gesto del ex presidente y la forma como los humilló políticamente en el editorial de marras terminó obligándolos a quemar sus naves, y por primera vez en todo este lio liberal, su rebeldía quedó colocada en un punto de no retorno.

Al sellar de manera tan inexplicable la división liberal, una vez más se había cumplido el precoz diagnóstico de Juan Lozano: "Carlos Lleras es un político que no entiende la política".

Guardadas las proporciones, Lleras le hizo a Galán con Juan Martin Caicedo lo que ya antes le había hecho a López con Galán.
En ambos casos tomó la decistón de apoyar a uno para cortar las posibilidades electorales del otro. En el de López lo logró, por que éste terminó derrotado, pero en el de Galán no es todavía tan evidente.

¿Por qué una persona como el ex presidente Lleras, cuya estatura histórica habría servido más apropiadamente para dirimir un amago de división del liberalismo que para propiciarla, decidió bajarse de su pedestal para tomar partido en las querellas grupistas?
Es claro que el ex presidente quería sacarse el clavo frente a Luis Carlos Galán. El naufragio de Abdón había sido claramente provocado por la actitud rebelde de su pupilo favorito, en alianza con Ernesto Samper. Pero la pregunta para hacerse es: ¿se justificaba esta sacada de clavo de todo un general de la república con dos coroneles como Samper y Galán? Por lo menos, no hay duda de que, si era ese su propósito, Lleras logró golpearlos, pero al costo de quedar aliado con los malos del paseo. Le ha tocado sentarse a manteles, con clavelito y fotico de Juan Martin Caicedo en la solapa, al lado de Santofimio, Forero Fetecua y Guerrero Estrada, lo cual debilita considerablemente su cruzada de 15 años contra el clientelismo.

Todavía sigo sin entender cómno en medio de un grupo tan poco respetable, Lleras, que había perdido su poder electoral en todos las ciudades del país, menos en Bogotá, tomó la decisión de jugarse los restos de su prestigio político en esta querella grupista.

Con ello, desapareció la "afortunada distancia" de la que hace 45 años habló Juan Lozano.
Aquella que separaba "al hombre de partido y de grupo del hombre de gobierno". --
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