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Opinión

  • | 2017/09/21 14:01

    Frente a la coalición autoritaria, una demócrata y liberal

    Para frustrar el intento de devolvernos a la violencia del pasado, es necesario crear una fuerza electoral lo más amplia posible en la que participen todos quienes apoyan la paz, todos los demócratas y liberales de ideas, aún a costa de que los exguerrilleros vayan al Congreso y no a la cárcel.

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Claudia López es la candidata a la Presidencia de la República por el partido Alianza Verde. Acaba de derrotar a Antonio Navarro quien de buen talante aceptó su derrota. Apoya la paz firmada con las Farc y defiende los acuerdos que condujeron a ella. También ha prometido acabar con el cáncer de nuestra democracia y de la igualdad de oportunidades que es el clientelismo.

De otro lado, todos los días es más claro que habrá una coalición autoritaria que liderarán los expresidentes Álvaro Uribe, Andrés Pastrana y el exprocurador Alejandro Ordóñez y que irá a la primera vuelta presidencial con un solo candidato(a). A estas alturas no sabemos todavía a ciencia cierta si el doctor Germán Vargas Lleras vinculará su suerte política a la de los expresidentes. Yo personalmente no lo creo, pues él ha apoyado la paz con las Farc, que ya es un hecho cumplido, y no se propone, pienso yo, reversar nada al respecto, sino, llegado el caso, implementarla con lealtad y buena fe. Sin ir más allá de los acuerdos pero tampoco sin quedarse corto en su cumplimiento.

Esta coalición autoritaria tiene entre sus banderas esenciales modificar la legislación que implementa dicha paz a objeto de que los exguerrilleros pierdan la elegibilidad a los cuerpos colegiados y vayan a la cárcel. La normatividad actual excluye, en principio, la prisión para quienes resulten condenados por la JEP. El planteamiento es el de que si no hay pena privativa de la libertad hay impunidad. La simple “pena restrictiva de la libertad”, propia de la justicia transicional, no les parece castigo. Confunden la cárcel con la justicia.

El exministro Fernando Londoño Hoyos se refiere al tema así: "El primer desafío del Centro Democrático será el de volver trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final con las Farc". Es cierto que el ex presidente Uribe hábilmente ha dicho que sólo se le harán “ajustes” a la implementación legislativa de los acuerdos de paz. Pero es que los temas de la elegibilidad y de la cárcel son de la esencia de la paz pactada con las Farc. Su desconocimiento no es un “ajuste”. Es “volver trizas” el acuerdo como dice Londoño.

Cuando el general Rojas Pinilla ganó supuestamente la presidencia en 1.970 y unos probables fraudes en el departamento de Nariño frustraron su ascenso al poder, de esa circunstancia surgió un grupo guerrillero, el M-19, que comenzó su accionar delictivo asesinando a José Raquel Mercado, presidente de la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC). Cuenta entre sus “hazañas” con los horrores del asalto al Palacio de Justicia, que dejó tantos Magistrados muertos, tantos heridos y tantos desaparecidos. Practicó también el secuestro, que tuvo entre sus numerosas víctimas al ex candidato presidencial, doctor Álvaro Gómez Hurtado, luego vilmente asesinado por otras fuerzas oscuras. ¡Qué desgracia tan grande es la violencia!

En 1.970 le “pusieron conejo”, presuntamente, al general Rojas Pinilla, con el resultado de violencia que he reseñado. “Ponerle conejo” a las Farc puede tener el mismo resultado.

En el supuesto de que la coalición autoritaria de que vengo hablando ganara el poder y cumpliera su promesa de convertir la “pena restrictiva de la libertad” en “pena privativa” de la misma, y expulsara de los cuerpos de elección popular a los ex guerrilleros, con ello no sólo haría trizas los acuerdos con las Farc sino también la “situación en la que no existe lucha armada”. Parece inverosímil que este pueda ser un programa de gobierno, pues lo que ofrece es que corramos el riesgo de volver a la violencia hoy superada. Es increíble que aun así concite el apoyo de muchos colombianos. Evidentemente, esta política de retaliación, de aplicación de la ley del Talión, no le conviene al país.

Para frustrar el intento de devolvernos a la violencia del pasado, es necesario crear una fuerza electoral lo más amplia posible en la que participen todos quienes apoyan la paz, todos los demócratas y liberales de ideas, aún a costa de que los exguerrilleros vayan al Congreso y no a la cárcel.

Pero entre estas fuerzas veo que existe mucha confusión. Es como si el objetivo de llegar con un solo candidato a la primera vuelta presidencial se perdiera de vista.

A este respecto la iniciativa de Humberto de la Calle de elegir los precandidatos de esta coalición en noviembre próximo, tiene todo el sentido si el objetivo es seleccionar en marzo el candidato único para ganar la presidencia en el 2.018.

Es indispensable, pues, escoger, mediante consulta popular, como lo propone Juan Manuel Galán, a más tardar en noviembre de este año, los candidatos que habrán de competir en marzo por la candidatura única de esta coalición. Llegar con multiplicidad de candidatos a la primera vuelta puede ser un desastre.
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Añadido:

¿Y qué opinarán los precandidatos presidenciales del hecho de que, según Mauricio Botero Caicedo (El Espectador, 10 sept.2017), las exenciones tributarias en 2.016 fueron de $72,3 billones de pesos, cifra equivalente al 9% del PIB de ese año? Hay que eliminarlas todas para poder bajar los impuestos, sugiere Botero. Ya Claudia López se casó con esa tesis: “en ningún caso nadie tendrá exenciones”, ha declarado a El Nuevo Siglo del 16 de septiembre de 2.017, p.5A. Esperamos el pronunciamiento del resto de candidatos.

Constituyente 91*

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