Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1984/12/03 00:00

CODAZO DE DOLOR PARA JORGE ENRIQUE

CODAZO DE DOLOR PARA JORGE ENRIQUE


Es tanto lo que se ha escrito últimamente sobre Roberta Close que ya podríamos comenzar un cuadro de clasificaciones. En la sección A estarían los mil y un informes (algunos serios, otros no tanto) escritos para despejar obvios interrogantes: ¿quién es ella? ¿qué piensa? ¿cómo vive?

En la sección B tendríamos a los periodistas analíticos ya no de Roberta sino del fenómeno de opinión que su dudoso sexo ha generado. (Enrique Santos en El Tiempo, Ma. Teresa Herrán y Daniel Samper en El Espectador, Laura Restrepo en Cromos.

En la seccion C se ubicarían los escandalizados divididos así:
escandalizados del tipo a): (Ludovico en Al Día, Alfonso Rentería en declaraciones a El Espectador), quienes se manifiestan asqueados con el tema y piden a gritos un castigo para la Close.
Después de leerlos piensa uno con qué horror se cubrirán la cara para no verla y cómo se darán golpes de pecho a la sola mención de su nombre.

Escandalizados del tipo b): aquéllos que señalan el fenómeno con dedo acusador, mientras con la otra mano firman contrato para aprovechar publicitariamente la situación. En este último grupo quedaría ubicado Jorge Enrique Pulido después de su serie sobre el Brasil presentada en el espacio de televisión Canal Abierto. Suena duro el cargo quizá por ir dirigido a un periodista prestigioso que se ha esforzado por darle categoría a su programa, pero en el primer capítulo sobre el Brasil la ambiguedad y la doble moral fueron tan patentes que desconocerlas sería tanto como hacerse cómplice del embuchado.

Ante todo habría que señalar la sospechosa coincidencia, porque a Jorge Enrique sólo le interesaron los problemas políticos del vecino país y el desarrollo de su proceso electoral, cuando el fenómeno Close tomó atrayentes proporciones publicitarias; luego tendríamos que hablar del programa inaugural con la extraña dama paseándose por las playas mientras la cámara trataba de escudriñar lo no escudriñable y una voz en off hacía "reflexiones" de dudosa interpretación.

"Queremos decir a los colombianos que tomas y escenas verdaderamente atrevidas fueron realizadas por Canal Abierto, a Roberta Close en el Brasil, pero por respeto a nuestro país, a nuestros valores morales y a nuestras convicciones religiosas presentamos a la travesti con ropa". Pregunto: ¿qué sentido tenía semejante texto? Ya que no es válido para mostrar ética porque después de todo las tomas existen, bien podría interpretarse como una provocación, máxime cuando Canal Abierto sucumbió al deseo de filmar bailarinas SENI - desnudas (no semi, sino seni porque sus vestidos sólo mostraban un seno), ni hablar pues de la contradicción interna dentro del mismo programa que resultó escandalizándose en el audio de lo que hacía en el video.

Así las cosas, la tan mentada serie sobre el Brasil se hubiera ido totalmente al fondo si el hada madrina del director no le hubiera soplado al oído cuán necesario era variar el tema. De suerte, pues, que la última parte sobreaguó gracias a las curiosidades de Itú, un pueblo donde usted puede encontrar salchichas de cuarenta centímetros, pizzas que se venden por metros, semáforos tan grandes que obstruyeron el paso de los vehículos, peinillas imposibles de guardar en un bolsillo y otras extravagancias.

En la siguiente emisión Jorge Enrique Pulido pretendió sondear la opinión pública política del país (un tema en el que el periodista se mueve como pez en el agua) y que prometía ser interesante pero... ¡ no hubo traducción ! En consecuencia quedaron muchas dudas regadas a lo largo de las avenidas por donde pasaron los micrófonos de Canal Abierto, pues si bien es cierto que el español y el portugués tienen giros similares, el lenguaje rápido y callejero de los entrevistados obstaculizó un seguimiento coherente.

De verdad es una lástima haber recorrido tantos y tantos kilómetros para hacer una serie que, plagiando a Miguel Ayuso, solo merecería codazo de dolor...

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