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Opinión

  • | 2009/02/21 00:00

    Coincidencias y botines

    Las casualidades han marcado el reparto de los procesos en los que tiene interés el magistrado Escobar Araújo

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Al magistrado José Alfredo Escobar Araújo probablemente preferiría que nadie volviera a mencionar sus relaciones con Giorgio Sale. Tal vez quisiera que olvidáramos los regalos que él y su señora recibieron, y que ella agradeció tan emocionada: "Giorgio: quería darte las gracias por esa cartera tan divina. Está espectacular, de mi gusto… de mi entero gusto. Los zapatos de José Alfredo, los botines me parecieron divinos. Una belleza y a él también le encantaron… Un beso bien grande. Chao".

Al magistrado Escobar posiblemente le resultaría más cómodo que no se dijera que una grabación prueba que le reportó al administrador de Sale acerca de contactos que había adelantado con el entonces jefe de bienes de la Dirección de Estupefacientes, que por añadidura era un pariente de su esposa: "Yo estaba por llamarte porque conversé con Antonio Fernández de Castro y me dijo que ya tenía listo lo de Grajales y que el viernes iba a definir lo de Barranquilla, lo del centro comercial".

En esa misma conversación, el magistrado deja que Francisco Obando, el hombre de Sale le pida que llame a dos jueces que manejaban procesos en los que estaba interesado el hoy detenido ciudadano italiano: "Mira, viejito, te llamo para una molestia para una persona muy allegada a Giorgio y a mí. Es un mayor de la Armada, tiene un pariente que los están jodiendo... ¿tú tienes cómo anotar?...". El magistrado no rechaza la solicitud, se limita a advertirle amistosamente a Obando: "Dame y yo miro a ver cómo es la cosa porque hay vainas que no pueden ser por teléfono"… "Ah bueno. Listo no hay problema. Yo le digo a Adriana que me haga el puente. No te preocupes, con el mayor gusto".

En su defensa ha alegado que en esa conversación le mintió a Obando, porque realmente nunca hizo las llamadas que le prometió.

Desde esas molestas revelaciones, José Alfredo Escobar Araújo ha interpuesto varios procesos penales y tutelas contra periodistas que han traído a colación temas relacionados con él. Las querellas penales no se han fallado. Siguen pendiendo sobre el cuello de los impertinentes periodistas. Pero las tutelas sí, y siempre las ha ganado el magistrado.

No cree él que ser magistrado de la institución que maneja la carrera judicial, es decir la posibilidad de ascenso de los jueces, pueda pesar en el ánimo de quienes deben resolver sus demandas.

Las casualidades han marcado el reparto de los procesos en los que tiene interés el magistrado. Ese reparto se hace mediante un computador que asigna los casos a los despachos aleatoriamente. Sin embargo, el azar ha actuado de manera curiosa.

Por ejemplo, el juez Dubley Mahecha Vega, quien acaba de decidir una tutela en contra de María Jimena Duzán, fue el mismo que en 1994 ordenó la excarcelación de Reginaldo Bray, cuñado de Escobar Araújo y cabeza de Dragacol. El juez argumentó un supuesto vencimiento de términos que, según la Procuraduría de la época, contrariaba el fallo de un tribunal superior. (Recientemente, y en plena época navideña, Bray fue absuelto. Sin embargo la Procuraduría impugnó la decisión).

El arresto de Alejandro Santos fue ordenado por la juez Carmen Amanda Vargas, quien había sido ascendida de juez municipal a juez del circuito en un concurso citado por la Sala Administrativa del Consejo Superior de la Judicatura, de la cual Escobar Araújo hace parte. La hija de la juez, fue incluida por la misma Sala en una lista de elegibles para ser nombrada juez administrativa.

Una querella del magistrado contra mí, le tocó en suerte a un fiscal que había sido funcionario del Consejo Superior de la Judicatura. (Fiscal, condenado después, por recibir sobornos).

El juez que absolvió póstumamente a Hugo Escobar Sierra, padre de Escobar Araújo, fue nominado por la Sala Administrativa para ascender a magistrado del Tribunal Superior de Medellín.

Todas son casualidades. Incluso que la Sala Administrativa propusiera, después de todo el escándalo, a un antiguo abogado de Giorgio Sale para ser administrador judicial del Atlántico. José Francisco Castillo Tuirán fue elegido. A nadie le importó que también hubiera apoderado a la 'Gata'.
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