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Opinión

  • | 2011/03/16 00:00

    Colombia a la cabeza de UNASUR: adiós a la "patria boba" del aislacionismo

    La "patria boba" sería más bien el retorno de Colombia al ostracismo continental, a la perpetuación de la anarquía regional.

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Volver a mirar hacia los procesos de integración latinoamericana en UNASUR es un acierto notable de la actual conducción de la Política Exterior colombiana. A pesar de los diversos matices políticos de los vecinos, la integración pluralista entraña una estructura social de oportunidades y vínculos que incrementa el potencial de gobernabilidad de sus participantes en medio y no “por encima de” sus diferencias naturales o coyunturales.
 
Cierto ex Presidente, que se resiste a desaparecer del clima de opinión nacional, sugería erráticamente en una red social que tal cambio en la orientación internacional colombiana podría implicar un retorno a la “patria boba”. Escenario que conduciría eventualmente al “caos nacional” y a la legitimación colectiva de los discursos y actores terroristas al tenderles la mano a gobiernos permisivos o colaboradores con grupos al margen de la ley.

Una vez más, la simpleza argumentativa y la mirada provinciana opone allí la “soberanía de los intereses nacionales” al poder facultativo de los intereses colectivos, desconociendo que las estructuras sociales se crean, precisamente, para aproximar a los actores, edificar bienes comunes y una ética compartida, administrar conflictos (no necesariamente resolverlos o suprimirlos) y generar mecanismos para constreñir y/o motivar ciertas conductas y rutinas en los sujetos políticos.
 
El argumento secundario de que plataformas como UNASUR “carecen de dientes” frente a las múltiples realidades nacionales y constituyen algo más que foros de discusión, se cae también por su propio peso, ante hechos detonantes como la entrada en vigor del Tratado Constitutivo y la introducción de las Medidas de Fomento de la Confianza y la Seguridad (MFCS) en el marco del Consejo de Defensa Suramericano (CDS).
 
Precisamente, se promueve la adhesión voluntaria a reglas de convivencia democrática y el acceso común a información transparente en áreas sensibles -y usualmente ocultas como las compras militares-, los acuerdos de cooperación bilateral y las políticas de defensa, cubriendo incluso aspectos centrales de la seguridad en otros consejos del organismo.

La “patria boba” sería más bien el retorno de Colombia al ostracismo continental, a la perpetuación de la anarquía regional producida por el imperio de los intereses y actitudes depredatorias de las Doctrinas de Seguridad Nacional, al juego de las desconfianzas múltiples y de la diplomacia reactiva para satisfacer a las audiencias nacionales y el “rating presidencial”.
 
Colombia tiene hoy el voto de confianza de su entorno al recibir la Secretaría General de UNASUR y la fortuna de postular a una diplomática tan equilibrada y decantada como María Emma Mejía. Mejía tendrá un año para demostrar que el país no ha sepultado los valores que lo caracterizaban tradicionalmente en el sistema internacional, tales como el pluralismo, el multilateralismo y el civilismo.
 
Colombia no puede someterse, como algunos opinan, a una cruzada solitaria en UNASUR para ponerle tilde regional a los problemas que más le acucian, nominalmente narcotráfico y “terrorismo”. Más que atraer a los demás actores a su marco de racionalidad, Colombia tiene en UNASUR la oportunidad invaluable de continuar profundizando sus vínculos con Brasil; y en el proceso ir tratando colectivamente dilemas de seguridad nacional que ya se han convertido en inestabilidades regionales, quiérase o no.
 
Brasil y Colombia pueden compartir un lenguaje de cooperación con miras a una sociedad estratégica para el área andina que trascienda los ámbitos del intercambio comercial bilateral y subregional (CAN-MERCOSUR) y de las tensiones en seguridad. En este contexto, Colombia siempre ha sido considerada por Brasil como un eje de integración al norte del subhemisferio y se halla en una coyuntura idónea para cumplir un rol histórico como imán y como aliado para levantar conjuntamente un andamiaje de verdadero contrapeso democrático a los polos tradicionales de decisión internacional. En fin, Colombia y Brasil pueden conformar esa dupla integradora en UNASUR, pero necesitan una agenda bilateral más intensa y abierta a la suma de los demás jugadores.
 
* Director del Departamento de Relaciones Internacionales. Pontificia Universidad Javeriana. Editor de la Revista Papel Político.
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