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Opinión

  • | 2017/06/05 15:16

    Sentencias para enmarcar

    A gritos debemos clamar por un sistema más eficiente, moderno, ágil y eficaz, donde las sentencias sean un triunfo de la sociedad en el esclarecimiento de los hechos y la búsqueda de la justicia, no pergaminos para colgar en la pared.

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Dicen que la justicia es lenta, pero que llega. Lo decimos como consuelo ante la imposibilidad de contar con un sistema judicial que se pronucie de manera rápida y efectiva, que emita condenas ejemplares en todos los procesos, no solo ante crímenes que suceden en circunstancias complejas. El esclarecimiento total de los hechos y una condena ejemplar son presupuestos elementales para que además de justicia exista paz y equidad.

Uno de estos crímenes que requiere un esclarecimiento total y justicia para sus familiares, es el de Diego Felipe Becerra, tristemente recordado como el “grafitero", quien falleció el 20 de agosto de 2011 como consecuencia de un disparo que le propinó un patrullero de la Policía Nacional.

Casi seis años después, en enero de 2017, un juez dictó sentencia condenatoria a pocos días de que otro juez hubiera decretado la libertad del patrullero que le causó la muerte, hoy prófugo de la justicia. ¿Se hizo justicia? La sentencia condenatoria es para enmarcar, el condenado no aparece.

La noche en que Diego Felipe, o Tripido como lo llamaban sus amigos, recibió el disparo, había iniciado su recorrido junto con unos amigos varias cuadras al norte de donde ocurrieron los hechos. Recorrió la avenida Boyacá haciendo bombing, es decir, cubriendo con pintura espacios con su tag o firma, dejando huella de su destreza como artista urbano o grafitero.

La tragedia ocurrió en inmediaciones del puente vehicular de la calle 116 con avenida Boyacá, un puente que hoy por hoy está totalmente recubierto con imágenes alusivas a su memoria. Imágenes que llenan de color el espacio pero que tienen una enorme carga emocional alusiva a la injusticia de su muerte y al clamor porque se haga justicia.

El lugar exacto donde ocurrieron los hechos fue manipulado. Se habla incluso de un "falso positivo urbano", en medio del cual, quienes quisieron proteger al patrullero que cometió el grave error de disparar contra Tripido, sembraron en la escena de los hechos un arma e hicieron parecer a Tripido como el supuesto atracador de un bus urbano que fue capturado (y asesinado) por la Policía.

Pero seis años después, con sentencia condenatoria en mano, no se ha hecho justicia. Sus padres y familiares no descansan. Al igual que con muchos crímenes atroces e injustos que ocurren en nuestro país, al dolor de la muerte de un ser querido se suma la difícil tarea de luchar contra el aparato judicial, contra las instituciones y contra muchas fuerzas que no tienen interés en que se esclarezcan totalmente los hechos.

En medio del dolor por haber perdido a un ser querido, las víctimas tienen que asumir una carga enorme de tiempo y conseguir recursos para contratar abogados, que deben luchar día a día para mover los procesos, luchar contras las maniobras dilatorias y lograr que lentamente y cojeando, la justicia se vaya pronunciado.

A la justicia no se le debe permitir cojear. Las víctimas de todo delito tienen derecho a que se haga justicia y a conocer de manera precisa lo ocurrido. Quien es acusado de un delito y resulta ser inocente tiene derecho a defenderse y el aparato judicial no debe escatimar esfuerzos para dar con el verdadero culpable.

No se puede permitir que en casos como el de Tripido, un error humano como es disparar contra un individuo que no estaba armado, que no representaba peligrosidad y que todo lo que estaba haciendo era pintar un muro en la calle, sea encubierto por compañeros y superiores, como ha sido probado en el proceso, y que el nombre de la víctima y de sus familiares sea manchado injustamente.

A todo esto se suma el dolor que debe padecer una familia, que además del daño irreparable de perder a un hijo debe esperar aún varios años más para que se haga justicia. ¿Dónde está el patrullero prófugo de la justicia? ¿Por qué se manipuló la escena de los hechos? ¿Quien permitió que esto sucediera? ¿De que forma se va a reparar a la familia?

No hay justicia en este país, y no la habrá mientras las sentencias tarden años en salir, los procesos sean tortuosos y complejos, la corrupción reine en el medio judicial, los testigos falsos deambulen impunemente y los hechos no sean esclarecidos de manera satisfactoria para todo el mundo.

La justicia es un derecho que no puede ser garantizado a medias. A gritos debemos clamar por un sistema más eficiente, moderno, ágil y eficaz, donde las sentencias sean un triunfo de la sociedad en el esclarecimiento de los hechos y la búsqueda de la justicia, no pergaminos para enmarcar.

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