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Opinión

  • | 2011/06/10 00:00

    Colombia: una condición excepcional

    El mandato del presidente Juan Manuel Santos y la gestión de la canciller María Ángela Holguín se iniciaron de manera promisoria en el frente externo.

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El mandato del presidente Juan Manuel Santos y la gestión de la canciller María Ángela Holguín se iniciaron de manera promisoria en el frente externo. Una serie de acontecimientos, pronunciamientos y decisiones permitieron recomponer el perfil y la inserción del país en América Latina. Los rápidos logros diplomáticos en la región facilitaron objetivos más ambiciosos como que el país llegara con un fuerte apoyo al Consejo de Seguridad de la ONU y que una colombiana—María Emma Mejía—pasara a ocupar la Secretaría General de Unasur.

Ahora bien, el cuadro geopolítico que enfrenta el país en el área andina exigirá más despliegue y eficacia. Un rápido vistazo al cuadro político en la vecindad permite comprender mejor los desafíos internos e internacionales del país. A comienzos del siglo XXI el país “excepcional”—por fuera de las tendencias andinas del momento—era Venezuela. Hugo Chávez estaba cumpliendo su primer período presidencial (1999-2001) y comenzaba el segundo (2001-06).

En Bolivia, se sucedieron Gonzalo Sánchez de Losada (2002-03) y Carlos Mesa (2003-05). En Ecuador, se dieron los gobiernos de Gustavo Noboa (2000-03) y Lucio Gutiérrez (2003-05). En Perú, se produjo la presidencia de Alejandro Toledo (2001-06). Colombia—en línea con buena parte del arco andino—conoció el primer mandato de Álvaro Uribe (2002-06). En breve, mandatarios de centro y de derecha eran lo nota de la época, salvo—repito—el caso de Chávez.

Al comienzo de una nueva década de este siglo, la “excepción” es Colombia. Chávez sigue en el poder, Evo Morales consolida el suyo en Bolivia, Rafael Correa procura afirmar el propio en Ecuador y Perú se prepara para la presidencia de un líder nacionalista, pro-Estado y neo-desarrollista, Ollanta Humala. Variaciones distintivas de presidencias progresistas, de centro-izquierda e izquierda se proyectan en el área andina.

Colombia deberá “leer” bien qué significa este nuevo cuadro en materia de política doméstica y exterior. Por ejemplo, no parece prudente para los intereses nacionales que el país llegue al final del mandato de Santos sin resolver su prolongado conflicto armado que en 2014 cumplirá medio siglo de existencia. No es factible desconocer el peso de la agenda social—su urgencia en términos de menos desigualdad y más justicia—en el avance que viene experimentando fuerzas reformistas y renovadoras en la sub-región.

En lo que hace a la política exterior, Colombia deberá redoblar esfuerzos y desarrollar más capacidades para ganar socios, aliados y espacios de maniobra. Por ejemplo, se hará más imperativa una política de equilibrios con el Cono Sur pues solo mirar al norte—a Estados Unidos—no será suficiente para generar contrapesos a lo que acontece en los Andes. En la llamada Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) se requerirá un manejo más propositivo y objetivo—ser un puente atractivo con el resto de Sudamérica—que defensivo u obstruccionista—“frenar” a Brasil, debilitar MERCOSUR o re-introducir el tema de los acuerdos de libre comercio en la agenda hemisférica.

En breve, la diplomacia colombiana debe dotarse para nuevas tendencias y fenómenos: solo así se podrá buena continuidad a una labor internacional que se inició de manera muy alentadora y positiva. De ahora en más vendrán horas más demandantes, temas más complejos y retos más hondos.

*Profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Di Tell, Argentina

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