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Opinión

  • | 2010/09/20 00:00

    Colombia y Ecuador: reconstruyendo los puentes de entendimiento

    La estrategia militar del anterior gobierno empujó el conflicto con las Farc y demás grupos armados ilegales hacia las fronteras extremadamente frágiles del país.

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En un conversatorio con académicos celebrado el pasado 9 de septiembre en la Universidad de los Andes, la canciller de Colombia, María Ángela Holguín, fue enfática en resaltar que para los intereses del país constituía una prioridad el restablecimiento total y la normalización de las relaciones con Ecuador y con Venezuela.
 
Por tanto, reconstruir los puentes de entendimiento con nuestros vecinos inmediatos representa un paso importante para terminar con el aislamiento al que nos había conducido un enfoque de política de seguridad doméstica, que poca o ninguna importancia les daba a las consecuencias tranfronterizas de sus acciones.

En efecto, la estrategia militar del anterior gobierno empujó el conflicto con las Farc y demás grupos armados ilegales hacia las fronteras extremadamente frágiles del país. En ese contexto, las relaciones de Colombia con Ecuador sufrieron un impacto estructural negativo, como producto del efecto acumulativo de las reiteradas fricciones e incidentes acontecidos en la frontera común durante la última década, cuyo detonante final fue la muy conocida y controvertida operación militar (Fénix) en territorio ecuatoriano en marzo del 2008.
 
A ello debemos sumarle el distanciamiento y la conflictividad que se generaron, en el nivel de las relaciones intergubernamentales, por las diferencias marcadas de sus políticas exteriores y de seguridad, que han expresado, además, posiciones opuestas a los modelos de integración regional y la política exterior norteamericana, pero que no reflejan en conjunto las visiones que ambas sociedades tienen de sí mismas.

Por tanto, frente al desafío que representa el restablecimiento de las relaciones bilaterales, los Cancilleres de Colombia y Ecuador, María Ángela Holguín y Ricardo Patino, respectivamente, acordaron una hoja de ruta, en un encuentro celebrado en Ipiales el 26 de agosto pasado, que marca el sendero a recorrer para alcanzar dicho propósito. De esta forma, se dio inicio a la reconstrucción de los canales diplomáticos tradicionales.
 
Lo más importante de lo acordado es que el tema de la seguridad no pasó a dominar totalmente la agenda y se vislumbra, más bien, una diversidad temática que recoge los intereses comunes de ambas naciones, reconociendo claramente las interdependencias que son características de toda situación de vecindad, las cuales determinan la imperiosa necesidad de un entendimiento mutuo y de cooperación bilateral.
 
Se destacan temas relativos al transporte, proyectos de infraestructura vial en la frontera binacional, los refugiados colombianos en territorio ecuatoriano, energía, medio ambiente, seguridad y control de la criminalidad, etc. Por último, y no menos importante, la necesidad de aclarar algunas inquietudes de Ecuador respecto a la Operación Fénix, con el propósito de cerrar las heridas aún abiertas.

Sin embargo, esta nueva etapa de las relaciones binacionales debe estar enmarcada por políticas conjuntas que permitan un mayor conocimiento entre dos sociedades tan cercanas geográficamente, pero que poco saben la una de la otra.
 
De esta manera, cada uno podría comprender mejor la situación de su vecino, al contrastar la imagen que se tiene del otro con lo que son en realidad. Se requiere, por tanto, ampliar el conocimiento de las dinámicas políticas, tanto nacionales como locales, a ambos lados de la frontera, ajustando los pronunciamientos públicos para no reducir el margen de maniobra de cada uno de los gobiernos.
 
Es necesario que el nuevo gobierno colombiano eleve el estatus de sus relaciones con Ecuador, manejando, además, un discurso frente al conflicto que no lo polarice, para ganar su confianza y cooperación. Finalmente, ambos gobiernos deben reflexionar conjuntamente el futuro de la CAN y de UNASUR. La construcción y la consolidación de instituciones regionales pueden contribuir positivamente al desarrollo de las relaciones bilaterales.

*Director del Departamento de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana y Editor de la Revista Papel Político.
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