Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/02/15 08:12

Colombia en el camino de Reagan a Obama

Ahora en la “tumultuosa” visita del Presidente Santos a Washington, Obama ha ofrecido su apoyo para el postconflicto.

Julio Londoño Paredes.

El 21 de Noviembre de 1987 fue capturado en un retén de la policía vial en el Valle del Cauca José Luis Ochoa Vásquez, miembro destacado del cartel de Medellín, cuya extradición había sido solicitada por los Estados Unidos.  Ochoa fue recluido en la cárcel de La Picota. Cuando llevaba 27 días en prisión, mediante un recurso de habeas corpus un juez sorpresivamente ordenó su libertad inmediata, no obstante los esfuerzos que hizo el Ministerio de Justicia para evitarlo. Ochoa se esfumó en pocos minutos. El hecho produjo gran revuelo nacional e internacional. El Departamento de Estado reaccionó el 31 de Diciembre con un fuerte comunicado.

Pero las cosas no quedaron ahí. El 1° de Enero de 1988, centenares de viajeros colombianos, incluyendo mujeres y niños, que en plenas vacaciones entraban o salían de los Estados Unidos, fueron bloqueados en condiciones lamentables en los aeropuertos norteamericanos; los vuelos de las empresas colombianas deliberadamente demorados; y, varias compañías áreas extranjeras suspendieron sus frecuencias desde y hacia Colombia.

A los buques procedentes de puertos colombianos transportando café y cargas perecederas, especialmente frutas y flores, se les impidió descargar en los puertos norteamericanos. Las protestas ante la embajada de los Estados Unidos en Bogotá y de nuestra embajada en Washington ante el Departamento de Estado, no tuvieron efecto.

Se resolvió entonces algo insólito en esa época: denunciar a los Estados Unidos ante la OEA, no obstante que se consideraba que la Organización era simplemente un instrumento de Washington. Colombia, que era líder dentro del Grupo de Río y contaba con enorme respaldo en el continente, preparó un proyecto de resolución censurando a los Estados Unidos por las medidas adoptadas. La resolución debía ser aprobada por mayoría de votos por el Consejo Permanente de la OEA.  

Aunque en ese entonces no existían las comunicaciones vía satélite, después de una intensa jornada de más de 48 horas, de decenas de conversaciones telefónicas y entrevistas con presidentes, cancilleres y embajadores se evidenció que, no obstante la activa gestión de Estados Unidos ante todos los países del continente, el proyecto colombiano obtendría la mayoría.

Cuando nuestro representante en la OEA se preparaba para presentar la resolución, el embajador norteamericano en Bogotá solicitó urgentemente al Presidente Barco que impartiera instrucciones para aplazar la reunión del Consejo Permanente por unas horas, mientras que un enviado especial del presidente Ronald Reagan venía de Washington con un mensaje.

Barco recibió del mandatario norteamericano una cordial comunicación en la que reconocía los esfuerzos y sacrificios que hacía Colombia en la lucha contra el narcotráfico y lamentaba los hechos que se habían presentado. Se levantarían además todas las restricciones impuestas por las autoridades norteamericanas.

El 14 de Enero de 1988 se celebró finalmente la reunión del Consejo Permanente que aprobó una resolución, en un tono diferente al que estaba previsto. En el artículo 1° se resaltaba la lucha de Colombia contra las drogas y en el segundo se tomaba nota “de las seguridades [del gobierno de los Estados Unidos]…de evitar daños o impedimentos a los viajeros y productos procedentes de Colombia en la aplicación de sus controles aduaneros”. La resolución fue aprobada por unanimidad.  

Ahora en la “tumultuosa” visita del Presidente Santos a Washington, Obama ha ofrecido su apoyo para el postconflicto. En el largo camino de Reagan a Obama se pasó pues paulatinamente de la coerción, a la acción concertada y de ésta a la colaboración decidida.

Si de las primarias en New Hampshire se infiriera que Sanders, considerado como un iluso por unos y Trump catalogado como funesto por otros, van a ser los candidatos, las soluciones que ambos plantean para muchos norteamericanos son inaceptables. La diferencia es que el primero es bien intencionado y el segundo calculador. 

¡Ah! Y si cualquiera de los dos fuera el presidente, ¿cuál sería el próximo paso de los Estados Unidos frente a lo que se avecina en Colombia?

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