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Opinión

  • | 2004/10/31 00:00

    Colombia frente al liderazgo en investigación

    El académico Carlos Cortés resalta el rol decisivo de la investigación para sacar a las universidades colombianas de la sombra. Foro con los lectores.

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¿Quién pondría en duda el liderazgo de Estados Unidos en investigación científica y desarrollo tecnológico? Nadie lo haría conociendo los datos publicados a finales del año pasado sobre el "ranking internacional de universidades". Sin duda, los datos muestran que la calidad universitaria está bastante concentrada, con un país muy lejos del resto: Estados Unidos tiene 8 universidades entre las 10 mejores y 161 entre las 500 mejores. Alemania le sigue con 42 y el Reino Unido con 41. En esos países se han asignado altos presupuestos para la investigación y el desarrollo en sus universidades e institutos, por lo que estos resultados son la consecuencia obvia de un trabajo continuado a largo plazo, sobre todo teniendo en cuenta la pertinencia social de la educación, la investigación científica y el desarrollo tecnológico (I&D), para mejorar la calidad de vida de la población.

Latinoamérica sólo tiene siete universidades en el selecto grupo mundial; sus macrouniversidades cuentan con un buen número de profesores titulares. Pero no será fácil mejorar su ranking ya que ellos o no realizan investigación o lo hacen en áreas que no son del interés de los países avanzados y, por lo tanto les es muy difícil publicar, o ser citados, en revistas indexadas; además la enorme inversión para lograr un premio Nobel hace casi imposible que alguien de Latinoamérica obtenga esa distinción en las áreas de las ciencias, la economía o la medicina.

Pero toda esta carga negativa no se debe tan sólo a nuestros problemas, sino a la forma de medir la excelencia académica. Seguramente en una universidad del primer mundo la calidad tiene que ver con la obtención de un Nobel como prioridad, pero esto no es cierto para una universidad latinoamericana, donde es urgente pensar en mediciones que deben correlacionar calidad y pertinencia social de los problemas a tratar por parte de sus grupos de investigación. Según un editorial reciente del único diario matutino de Bogotá: "Pero, en términos absolutos, y sobre todo en el campo científico, no hay duda de que Estados Unidos, Japón y unos pocos países europeos les llevan siglos de ventaja al resto del mundo. Lo cierto es que ya se sabe quiénes son los dueños del conocimiento y hasta dónde están dispuestos a conservar el liderato, a través de las negociaciones de tratados bilaterales de comercio. Es el nuevo nombre del monopolio, la nueva brecha entre el norte y el sur. La del conocimiento, sumada a la económica y a la social, puede ser la más devastadora de todas para tantos pueblos con hambre de pan y de saber".

Pero regresemos a los resultados del ranking. Esos resultados podrían corroborar la siguiente hipótesis: las universidades norteamericanas tienen un mejor desempeño porque impulsan la innovación en una situación de mercado, mediante ingresos privados y fondos propios. En cambio el retroceso de las universidades europeas se debería a que operan dentro de una burocracia estatal cada vez más extensa, que frenaría la innovación. Pero la explicación no es tan sencilla:

A principios de mayo apareció en Estados Unidos, el informe conocido como "Indicadores de Ciencia e Ingeniería 2004" del Consejo Nacional de Ciencia (NSB por sus siglas en inglés). El informe comienza con incertidumbre debido en primer lugar a las políticas de ajuste luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001; luego a la actual debilidad de la economía mundial y, finalmente a los desarrollos que afectan la fuerza de trabajo estadounidense en ingeniería y ciencia" . Con horas de diferencia, el destacado analista John E. Jankowski, señaló en el "New York Times" , que la "ciencia de excelencia" no parece ser ahora solamente dominio de una nación; en esa publicación se afirmó que la opinión pública norteamericana no parecía haber percibido los formidables impactos de la investigación en la vitalización de lo intelectual, en el desarrollo de la vida cultural, la generación de empleos, el crecimiento industrial y la seguridad nacional.

En un artículo cargado de dinamita, el controvertido profesor Richard Florida de la Universidad Carnegie Mellon afirma que la creatividad no es un monopolio de Estados Unidos, sobre todo ahora con sus políticas de restricciones internas a la investigación, la difusión científica y los obstáculos a la inmigración y flujos de personas. Según él, tres son los elementos sustanciales para alcanzar el crecimiento de una región o país: tecnología, talento y tolerancia (tres t): "la tolerancia y apertura son elementos clave para atraer personas que generen nuevas ideas. Lo alarmante es que, lejos de cultivar su ventaja creativa, la sociedad estadounidense parece decidida a socavarla".

Actualmente existen dos interpretaciones sobre el futuro liderazgo. La interpretación tradicional plantea que los líderes económicos del futuro serán gigantes emergentes como India y China. La otra interpretación considera que ese liderazgo está en aquellos países que atraigan gente creativa y como resultado de ese proceso puedan brindar productos y servicios de alta innovación. El mencionado profesor R. Florida comparó a Estados Unidos con 14 naciones europeas a nivel mundial. La aplicación de su metodología, lo llevó a considerar que Estados Unidos ha sido rebasado por Suecia; a continuación está un grupo de países con un alto índice de creatividad: Finlandia, Holanda, Dinamarca y Alemania. Un tercer grupo está constituido por Bélgica, Reino Unido, Francia, Austria, Irlanda, España, Italia y Grecia. Portugal apareció en el fondo de la tabla. La conclusión del profesor Florida, luego de la presentación de su estudio, es la siguiente: "los estadounidenses deben tomar conciencia de que las economías son fluidas y que la creatividad es un activo que se debe cultivar constantemente".

Lo que parecía ser una idea exótica de una persona ecléctica ha comenzado a tomar fuerza en los análisis sobre la situación de la ciencia y la tecnología:

Los avances de otros países en ciencia básica ahora rivalizan con EUA; el "boom" de los noventas ha declinado y la tendencia parece que continuará, como lo confirman los informes de oficinas especializadas de la Comisión Europea. Esta Comisión afirma que los países de esa región sobrepasaron a Estados Unidos en publicaciones de literatura científica, ya que sus publicaciones parecen ir en declive permanente. Si bien entre 1960 y 1990, debido a la gran capacidad de inversión federal para la investigación básica, los Estados Unidos habían mantenido el liderazgo absoluto de los premios Nobel, ahora esos premios se reparten con Gran Bretaña, Japón, Rusia, Alemania, Suecia, Suiza y Nueva Zelanda.

Otra tendencia preocupante para Estados Unidos es la caída del número de doctores. Según la NSF (siglas en inglés) se han perdido 1.300 nuevos científicos y el número de estudiantes de doctorado de China, India y Taiwán que proyectaban permanecer en ese nación han migrado a sus lugares de origen. Los efectos han sido muy negativos para la innovación radical que impulsa la economía estadounidense en todas las ramas de su industria.

Se ha afirmado recientemente en un foro sobre el tema, que existen varios factores que están en contra de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación industrial en EUA. Entre otros aspectos están el desinterés de la juventud americana por la ciencia, el envejecimiento de la fuerza laboral y el endurecimiento del gobierno federal para conceder visas a los estudiantes extranjeros, después de septiembre de 2001.

Pasemos a otro aspecto de la producción científica. Todos sabemos que las patentes son la forma como las compañías e inventores individuales logran recompensas comerciales, pero igualmente es la forma de mantenerse competitivos en el mercado mejorando las condiciones de vida y la creatividad industrial. La situación de esta forma de producción del conocimiento, de gran competencia a nivel internacional, es otro motivo de preocupación en las empresas de ese país:

EUA mantiene un 52% del total de innovaciones, pero muchos países extranjeros, en especial, los asiáticos han mostrado gran dinamismo y en algunos campos han comenzado a asumir el liderazgo. Se ha encontrado que los investigadores en Japón, Taiwán y Surcorea producen más de un cuarto del total de las patentes, generando riqueza para sus países en detrimento de las posibilidades de los Estados Unidos. Los aumentos de las patentes asiáticas entre 1980 y 2003 son del siguiente orden: Surcorea pasó de 0 a 2% del total, Taiwán de 0 a 3% y Japón de 12 a 21%, con un evidente impacto para las economías de esos países y otros impactos culturales intangibles, por ejemplo el incremento de citaciones internacionales; es así como Taiwán y Singapur son citados ahora muy frecuentemente en áreas tales como la química, los semiconductores, la electrónica y la instrumentación industrial.

Acerca de este nuevo hecho se ha dicho que es increíble el crecimiento asiático en ciencia e innovación tecnológica. Es impresionante ver la velocidad con la que esos países publican y patentan. Los analistas vislumbran que la próxima onda de científicos se dará en China, país que desde hace tiempo se está preparando para mostrarse a nivel mundial y sacar provecho económico de sus adelantos científicos. Veamos algunos datos:

Alrededor de 400 corporaciones transnacionales han establecido centros de investigación en China; de igual manera, el Instituto de Investigación Industrial considera que los negocios y las empresas, por ejemplo la General Electric, están migrando a ese país, tanto por los bajos costos de operación, como por las ventajas que ofrece el crecimiento y la excelencia de la ciencia en China. Los analistas están impresionados, pero no pueden hacer nada pues como los empresarios dicen "usted va donde se encuentran las oportunidades y ahora están allá". Esta tendencia es imparable, con sus efectos en la pérdida eventual de empleos en EUA y con la erosión natural sobre la propiedad intelectual, puesto que los profesionales nativos de esas naciones pueden comenzar sus propios negocios con lo que aprenden en las compañías estadounidenses.

Pero todavía hay más. Hoy en día existen dos impactos de la ciencia; el primero es el que se crea como un imaginario a través de los medios; el segundo es el que se basa en el trabajo real de los científicos de los países. Un ejemplo puede servirnos para explicar esta diferencia: los científicos europeos anunciaron la detección de metano en la atmósfera de Marte, noticia que fue muy promocionada desde París a Melbourne; en contraste, la televisión de Estados Unidos bombardeaba al gran público con imágenes del carrito que exitosamente exploró el planeta rojo.

Finalmente, un aspecto que se ha puesto a la orden del día es la pugna entre demócratas y republicanos: Jack Fritz, alto funcionario de la Academia Nacional de Ingeniería ha señalado que el declive de Estados Unidos y el rápido descenso del estatus americano a nivel global, no ha sido notado por los políticos enfrascados en su agrio debate entre los demócratas al ataque y el gobierno republicano a la defensiva. La pelea entre los dos bandos muestra a los demócratas acusando a la administración Bush de debilitar la base científica (Tom Daschle); mientras tanto John H. Marburger III, consejero presidencial para asuntos científicos ha planteado que el presupuesto total de investigación ha batido todos los récord y ha mantenido sus altos estándares. Los republicanos cercanos al gobierno Bush se defienden diciendo que las restricciones por el déficit no han golpeado ni golpearán a las agencias federales que están involucradas en investigaciones aeroespaciales o en áreas relacionadas con la seguridad nacional.

Más allá de esta pugna, la cuestión de fondo es si la enorme inversión de Estados Unidos está produciendo el impacto social y los beneficios para su sociedad como ocurrió en el pasado. Dicen los analistas que las inversiones durante la guerra fría tuvieron saludables beneficios para los estadounidenses: aumento en las expectativas de vida o los innumerables premios Nobel entre otros ejemplos. Hoy en día en cambio, el presupuesto federal para investigación sigue en niveles muy altos, pero la relación costo-beneficio no parece ser tan sólida en términos sociales, debido entre otras razones, al alto presupuesto militar de Estados Unidos, mucho más alto que el de cualquier otro país del mundo desarrollado.

Ya situados en nuestra realidad, surgen dos preguntas: ¿Por qué ninguna universidad colombiana está entre las mejores del mundo? ¿Podrá estar alguna universidad colombiana en un futuro ranking?

Ninguna está entre las mejores del mundo debido a causas socioculturales, históricas y políticas, pero en este artículo sólo nos referiremos a los siguientes factores: 1. El poco apoyo del gobierno y del sector privado, que se refleja en la falta de presupuesto para la investigación. 2. El entorno en el que funciona la investigación, con énfasis en la situación universitaria. 3. El tiempo de dedicación y calidad de los docentes.

En cuanto al primer factor, la situación es preocupante por decir lo menos: Colciencias ha visto caer su presupuesto de 81 mil millones en el 2002 a 52 mil millones este año, una caída del 40%. La recomendación de la Unesco para un país como Colombia es de asignación del 1% del PIB, pero estamos muy lejos de esa meta moderada; Los gobiernos de los países que están a la cabeza de la investigación científica y el desarrollo tecnológico ( I&D) destinan entre 3 y 4% de su PIB, Colombia, por su parte asigna un presupuesto que oscila entre 0,3 y 0,7% -inclusive en el 2003 cayó al 0,23%-. Pero si la situación por los lados de la inversión estatal es lamentable, no lo es menos por los lados de la inversión privada pues la tendencia es a la baja: En el año 2000 era de 0,1% y el año pasado fue de 0,078% del PIB. Si se suman las inversiones privada y oficial, el presupuesto asignado para ciencia y tecnología apenas llega al 0,31% del PIB. que es una reducción de un tercio de lo asignado en 2001. Este problema está afectando las inversiones asignadas para la formación de máximo nivel (doctorado), tanto en el país como en el exterior; así también está afectando la financiación de proyectos para cerca de los 13 mil investigadores reconocidos por Colciencias (mil grupos).

En cuanto al segundo factor, el entorno en el que funciona I&D en Colombia. 1. Existe un divorcio entre los industriales y los académicos, sobre todo en lenguaje, tiempo y perspectiva sobre los problemas y sus soluciones. 2. Falta un marco normativo general que favorezca la destinación de recursos, como se ha hecho en el área de la salud (ley 643 de 2001). 3. Aunque empresarios y políticos han comenzado a entender la importancia de la ciencia y la tecnología, todavía no están preparados para hacer que la educación, la ciencia y la tecnología sean factores de desarrollo y sean tomados como parte importante de la solución de muchos de nuestros problemas nacionales. 4. Para colmo de males existe una percepción social negativa de la ciencia. De los encuestados del público general, el 45% considera que I&D conlleva problemas para la humanidad (deterioro del medio ambiente y uso del conocimiento para la guerra). El público en general le ve propiedades fantásticas o piensa, 42%, que la ciencia dice solucionarlo todo pero se queda en promesas. El 49% del público en general y el 59% de los universitarios consideran que la carrera de científico o investigador es de gran importancia social (encuesta a 4.139 personas. Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia y Colciencias). 5. Adicionalmente digamos que mientras 31 universidades públicas colombianas recibieron alrededor de 140 mil millones de pesos para la investigación este año, una sola universidad americana, que no está entre las diez primeras del ranking, recibió alrededor de 1.000 millones de dólares. Por no mencionar que Harvard, la primera de la lista, este año tiene un presupuesto de 2.400 millones de dólares para investigación.

El tercer factor es el tiempo de dedicación de los docentes. Las exigencias académicas del mundo actual exigen que se contraten profesores con estudios de posgrado, preferiblemente con título de doctorado; sin embargo en áreas tan importantes como medicina, derecho y la mayoría de los programas de artes es muy baja la probabilidad de encontrar profesionales con título de PhD en el país. Adicionalmente recordemos que prima el empleo parcial de los profesores en la mayoría de las universidades colombianas. Las excepciones confirman la regla: los profesores de tiempo completo están en las universidades públicas y en algunas universidades privadas, de las cuales un buen ejemplo es la Universidad de los Andes -los estudiantes del pequeño grupo de universidades que tienen profesores de planta dedicados a las labores académicas son los que tienen los mejores puntajes en los exámenes de estado ECAES-.

Ahora trataremos de responder al segundo interrogante: ¿Podrá alguna universidad colombiana estar entre las mejores 500 en el futuro? Pensamos que un pequeñísimo grupo de universidades colombianas podría estar en esa lista, pero será necesario que el gobierno defina políticas, estrategias y presupuestos para que sea posible un trabajo académico serio en los próximos años. Salvo esas pocas universidades, las demás no podrán romper el círculo vicioso de la educación superior en el que se encuentran, por lo menos en el corto plazo debido a dos razones principales:

En primer lugar, en un entorno de violencia, las políticas macroeconómicas del país tienen dos características: pagar los intereses de la pesada carga de la deuda externa y tapar el hueco fiscal, dejando para más adelante la solución de los crónicos problemas de nuestra pobreza. Específicamente para la educación, el modelo de privatización que se está imponiendo, es la estrategia del gran capital ante la oportunidad que le brinda la educación vista como un enorme negocio. La universidad corporativa (empresarial) y la universidad emprendedora se están convirtiendo en la punta de lanza de la estrategia mencionada. Otra modalidad es la universidad virtual, cuya extraterritorialidad la hará crecer enormemente por su capacidad competitiva enfrentada a las ofertas nacionales. Esta nueva competencia internacional obligará a las instituciones nacionales, si quieren sobrevivir, a entrar en alianzas regionales e internacionales y acelerar los procesos de acreditación internacional.

En segundo lugar, un mal remedo del esquema anterior es la modalidad de la "privatización criolla" que busca con avidez ganancias rápidas y fáciles, según el esquema, que sigue un alto porcentaje de las universidades privadas: a) embellecimiento de las instalaciones (lindos cascarones huecos por dentro), b) "mostrario light" de computadores personales, c) aumento de la cobertura con matrículas relativamente bajas si se indexan según los precios internacionales, d) "facilidades para estudiar" en establecimientos de baja calidad académica, e) clases presenciales a bajo precio (los docentes se ven forzados a trabajar a destajo según las normas de "flexibilización de la planta docente"). De esta manera se perpetúa un modelo de consumo educativo dividido entre instituciones de educación superior de alta y baja calidad. Al final del proceso, un altísimo porcentaje de la juventud colombiana se frustra al sentir en carne propia la desesperanza del desempleo crónico.

Acerca del liderazgo futuro en investigación, la pregunta del millón es: "¿quién hará la ciencia de este milenio?" La respuesta es muy incierta, puesto que si bien Estados Unidos conserva la delantera en áreas estratégicas, el mundo desarrollado está erosionando su liderazgo. Muchos países están haciendo esfuerzos enormes en ciencia y tecnología, dado que han entendido el papel de I&D en el crecimiento económico, el aumento de riqueza y su efecto en la prosperidad. Inclusive algunos sectores de empresarios y políticos de un país como el nuestro han comenzado a entender esta verdad de Perogrullo. Sin embargo, la educación, la ciencia y la tecnología no son, en el presente, factores pertinentes y actuantes en la solución de muchos de nuestros problemas colombianos.

* Profesor Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá

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