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Opinión

  • | 2017/04/24 12:30

    Espejito, espejito ¿cuál es el país más bonito?

    Mal hacemos los colombianos al estimular que Venezuela se meta en una guerra interna. Si sucediera, esa catástrofe tarde o temprano será nuestra.

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Venezolanos y colombianos debemos mirarnos unos a otros como en un espejo.

Los tambores de odio y violencia que retumban en el vecino país son los que una gran porción de colombianos queremos abandonar.

Disolver la clase media y expulsarla del país para construir un modelo en el que un sector social le impone a otro sus condiciones, asusta a muchos en Colombia.

Allá dicen que conservar un régimen político en el que un grupo de familias se ha amarrado al poder por más de 60 años es reprochable para país que se erige como faro de la democracia en la región.

Lo cierto es que tener como estrategia para mantenerse en el poder la violencia, confrontando las Fuerzas Armadas con sus propios nacionales degrada a quienes lo han hecho aquí en Colombia y a quienes lo quieren hacer allá en Venezuela.

Luego de 200 años de independencia de España mantener la dependencia del precio del petróleo es un resultado pobre y débil, que le impide a Venezuela enfrentar los retos globales de hoy y del futuro. El chavismo no superó eso, se dedicó a regalar plata, claman por aquí.

Sí y tener una estructura social proclive al sicariato y al desarrollo de mercados y actividades ilegales es lo que resulta por preservar una democracia de castas en Colombia, ripostan desde allá.

Independiente de su visión de la crisis que enfrentan, los venezolanos no deben dejarse tentar por los fuegos artificiales de la violencia y de la guerra.

Mal hacemos los colombianos estimulando que Venezuela se meta en una guerra interna. Si sucediera, esa catástrofe tarde o temprano sería nuestra.

Los medios de comunicación colombianos se han convertido en instigadores de una visión que en Colombia favorece el derrocamiento del gobierno de Maduro a las buenas o a las malas. ¿Es correcto ese rol?

¿Por qué los medios colombianos han de definir cuál es la solución a la crisis interna de Venezuela?

El Gobierno de Colombia y los de la región deben asegurar que los principios sobre democracia y derechos humanos suscritos en el marco de acuerdos regionales voluntarios se respeten y apliquen. Lo que no debe perderse de vista es que el mecanismo a utilizar es la diplomacia internacional.

Comprender la situación dramática de los venezolanos enfrentados por cuál es el modelo que debe imperar para sus vidas es una oportunidad para que los colombianos reflexionemos sobre la urgente necesidad de consolidar los avances del proceso de paz.

Aquí las calles no fueron el único escenario de la confrontación. Tres generaciones nos matamos para concluir que en el marco de la democracia y con la participación de todos es como habremos de resolver sobre el rumbo de la sociedad y del país.

Siendo conscientes de que en la democracia colombiana el juego limpio es escaso, aún así hemos convenido que a pesar de lo destartalada en ella tendremos que construir oportunidades para que sus bondades lleguen a las mayorías, y no para que continúe siendo la herramienta que perpetúa una casta en el poder.

La herencia de estas castas es el vergonzoso lastre de una guerra de más de cincuenta años e indicadores sociales de vergüenza y espanto.

La herencia de quienes la enfrentamos es ser corresponsables de ese lastre y no haber logrado consolidar una alternativa política a esas familias

Venezuela no puede recorrer el camino de dolor y sangre que hemos vivido los colombianos.

Evitarlo es nuestra responsabilidad.

A pesar de las opiniones, el incendio de la casa vecina no debe alegrarnos.

Adenda: A la alianza de Cambio Radical en Tumaco con el Movimiento de Autoridades indígenas de Colombia (que tuvo la presencia activa de Vargas Lleras durante la campaña), se sumó el apoyo de las FARC bajo la orientación de Romaña y produjo el primer triunfo electoral del posconflicto.

¿Se mantendrán juntos para el 2018? ¡Averígüelo Vargas!


ajimillan@gmail.com
@alvarojimenezmi

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