Martes, 2 de septiembre de 2014

Germán Forero Laverde

| 2010/07/16 00:00

Colombia y la OCDE

por Germán Forero Laverde*

¿Vale la pena la iniciativa del presidente electo Juan Manuel Santos de intentar que Colombia entre a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico es un organismo multilateral que, desde los años 60, propende porque los países democráticos, que valoran la economía de mercado alcancen un crecimiento económico sostenible y aumenten su nivel de empleo. Además, busca contribuir al crecimiento del comercio mundial, en particular entre sus 31 países miembros. En esta organización, en particular en cada uno de los comités que la componen, los gobiernos comparan experiencias, identifican mejores prácticas tanto de política económica como comercial y coordinan políticas domésticas e internacionales para alcanzar estos objetivos.

El proceso para acceder a este selecto club, sin embargo, es largo y tortuoso. Chile, que logró su entrada en mayo de este año, tuvo que participar, a través de un mecanismo de vinculación especial, por más de una década antes de ser miembro. Además, debió surtir un proceso de ajuste y cumplir con los requisitos de una hoja de ruta planteada en 2007 para poder lograr el acceso. No se trató sólo de tener una economía de mercado, y principios democráticos sólidos. Se requiere también cumplir con requisitos de derechos humanos, un desempeño económico mínimo, participar activamente en otras organizaciones internacionales y regionales y presentar propuestas e iniciativas de desarrollo que aporten al acervo con el que ya cuenta la organización.

Colombia, exceptuando el tema de derechos humanos, podría cumplir con los demás requisitos sin problema, sobre todo si logra imponer la regla fiscal que propone el nuevo gobierno. Sin embargo, es indispensable que se acepten y ratifiquen todos los instrumentos que han suscrito los países miembros de la organización. De estos instrumentos, el país no ha adherido a ninguno. De hecho, como con cualquier tratado internacional que no verse sobre derechos humanos, cualquier adhesión por parte del gobierno nacional a los instrumentos de la OCDE requiere una ratificación por parte del Congreso de la República, lo que presenta un primer escollo que tardaría al menos un par de años en superarse.

Otra situación que plantea una dificultad adicional es que la OCDE quiere tener un número máximo de 45 miembros en el mediano plazo. En este momento tiene 31, hay cuatro países (Estonia, Israel, Rusia y Eslovenia) que ya han firmado una hoja de ruta y están en el camino a la vinculación y hay cinco países más (Brasil, China, India, Indonesia y Sudáfrica) que tienen un estatus de “vinculación especial” y que tendrían prelación en el caso de futuras vinculaciones formales. Es aquí donde adopta una importancia capital la gira del Presidente Electo por Europa, donde consiguió el apoyo del Jefe de Gobierno francés y de la Canciller alemana a su iniciativa.

La pregunta esencial que queda sobre la mesa es si este proceso de vinculación traerá beneficios al país. Dentro de varios documentos publicados por la OCDE se describe una preocupación de la organización porque enfrenta una pérdida de influencia a nivel global. Esta se debe a que los países miembros cada vez representan una menor porción del PIB global, y porque otras organizaciones de la arquitectura económica global, como el FMI y la OMC, tienen una representación casi universal, mientras que la OCDE sólo cuenta con 31 miembros y 9 aspirantes a vincularse formalmente.

Esta pérdida de protagonismo, sin embargo, no es tan crítica como puede parecer a primera vista. De hecho, los beneficios que podría obtener la nación parecen ser más que los costos de pertenecer a una de las más selectas organizaciones internacionales.
Primero, la OCDE es un organismo al que asisten tanto economías desarrolladas como economías en desarrollo. Así, puede servir como un foro adicional en el que Colombia podría interactuar con socios comerciales potenciales, así sea para lograr acuerdos bilaterales e impulsar iniciativas que no se inscriban directamente dentro del marco de la organización.

En segundo lugar, la OCDE fue descrita por Michelle Bachelet, presidenta de Chile, como el “club de las buenas prácticas”, a las que el país podría suscribirse logrando grandes beneficios. En principio, podría lograr mayor inversión extranjera, dado un marco legal más sólido y estable, así como menores costos de financiación al obtener el visto bueno de economías desarrolladas sobre el potencial de crecimiento del país en el largo plazo. Además, el gobierno nacional podría beneficiarse de la experiencia con la que cuentan otros países en el diseño e implementación de políticas y programas de desarrollo.
Así las cosas, si existe la posibilidad de pertenecer a una organización internacional adicional donde el país puede encontrar nuevos interlocutores para diseñar mejores políticas y profundizar sus relaciones comerciales, es mejor que se realicen todos los esfuerzos necesarios para convertirse en miembro. Al fin y al cabo, lo malo de la rosca es no pertenecer a ella.
 



* Profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales. Master of Science en finanzas de la Universidad Pompeu Fabra. Profesor Investigador Cipe - Universidad Externado de Colombia. germanf.forero@uexternado.edu.co

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