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Opinión

  • | 2011/11/30 00:00

    Colombia: Reencontrando a Indonesia

    El interés del gobierno del Presidente Santos por Indonesia, reflejado en la apertura de la embajada colombiana en ese país, no obedece a un capricho de último momento.

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El interés del gobierno del Presidente Santos por Indonesia, reflejado en la apertura de la embajada colombiana en ese país, no obedece a un capricho de último momento. A inicios de la década de 2000, bajo la administración del Presidente Uribe, la confianza inversionista y el fomento de la inversión extranjera se adoptaron para alcanzar un alto crecimiento económico. El objetivo de la internacionalización de la economía colombiana se enfocó hacia la búsqueda de reglas de juego estables; lo que llevó a que Colombia, dando pasos de gigante, pasara de ser un país aislado -en materia económica internacional- a tener un relacionamiento intenso. La tendencia fue evidente, pues tras pertenecer a la -aún convaleciente- Comunidad Andina de Naciones (desde 1969) y tener tan solo un acuerdo plurilateral en los noventas (G3, ahora G2); Colombia pasó a negociar acuerdos comerciales profundos con Estados Unidos, Canadá, 27 países miembros de la Unión Europea (UE), la Asociación Europea de Libre Comercio –EFTA- (Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza), Corea del Sur, Chile y Triángulo Norte (Salvador, Guatemala, Honduras).

El repentino interés del gobierno anterior por insertarse en la economía globalizada, no se limitó a la negociación de acuerdos internacionales en materia comercial; sino que se acompañó de medidas que hicieran el clima de inversión más transparente -para inversionistas nacionales y extranjeros-, las cuales se tradujeron en la mejora del clima de inversión colombiano (Doing Business, 2003-2011).

Antes de la llegada del Presidente Santos al poder, las reformas implementadas para mejorar el perfil económico del país ya habían producido algunos frutos; ejemplo de ello fue la creación del CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica) que, contrario a lo que muchos piensan, no es un bloque ni un ejemplo de un proceso de integración económica; sino, un acrónimo acuñado por la Unidad de Inteligencia de The Economist (2009) que representa al grupo de economías emergentes del futuro, los nuevos BRICs. El interés del Presidente actual por tratar de liderar el grupo se plasmó en el mismo Plan Nacional de Desarrollo.

En ese contexto, se entiende la decisión del Presidente de reabrir la embajada de Colombia en Indonesia, tras el cierre ordenado por su antecesor (2003). Bajo la dirección del Embajador Alfonso E. Garzón en ese país, Colombia no solo deberá llenar el vacío diplomático y comercial que durante ocho años dejó en el Sudeste Asiático; sino, que, tornando la agenda más ambiciosa, el Embajador tendrá la difícil tarea de crear lazos con el bloque asiático (ASEAN). A pesar de su reciente nombramiento, nuestro representante en Indonesia ha avanzado en su tarea. Con el objetivo de crear vínculos, generar espacios de conocimiento mutuo y de avanzar en la agenda bilateral, nuestro representante lideró recientemente un encuentro en el cual académicos, el sector privado y un tímido sector público, presentaron sus primeras impresiones en torno al tema central: Reencontrando a Indonesia (16/11/2010).

Es claro que la apuesta de Colombia por reencontrar a Indonesia obedece al interés del Presidente colombiano de poner los huevitos en distintas canastas y de no seguir mirando obsesivamente al norte (EE.UU.). Sin embargo, la manera de hacerlo no debería concentrarse únicamente en la negociación de acuerdos comerciales, más o menos profundos, con Indonesia; sino, en la generación de espacios de conocimiento mutuo. Por otro lado, si el objetivo de Colombia es convertirse en pieza clave a nivel internacional, supuesto líder de un grupo (CIVETS), y en la nueva diva de las economías emergentes; el gobierno nacional debería pensar en la profesionalización y especialización de los funcionarios de Cancillería. No obstante, un nuevo obstáculo surge y es la ausencia de una política exterior de Estado en la que se fijen las pautas para avanzar, ojalá exitosamente, en la nueva etapa de internacionalización y relacionamiento con otros países. Finalmente, si tras el cambio de viraje de las relaciones internacionales colombianas se espera un mejor desempeño comercial con los nuevos interlocutores del país, se requiere con urgencia mejorar nuestra penosa infraestructura para el efectivo y eficaz aprovechamiento de las ventajas que eventualmente se deriven de este reencuentro.

*Profesora Asistente de la Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Departamento de Relaciones Internacionales.

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