Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2014/06/10 00:00

    Dios salve a Colombia y su democracia

    La gestión del fiscal ha sido una constante suma de yerros y desaciertos, que inflige daño irreparable a la democracia y devela abierta participación en política.

COMPARTIR

Si algo me merece reconocimiento, respeto y subordinación, son los magistrados, los jueces y los fiscales, al punto que no tolero que en mi presencia se someta a duda o escrutinio el buen juicio, el decoro y la probidad de estos dignatarios. No en vano, en las sociedades más civilizadas, los maestros, los jueces y los soldados son los ciudadanos más respetados y apreciados; necesitamos que en Colombia también lo sean.

Pero ante los vergonzosos hechos acaecidos recientemente en la Fiscalía no se puede menos que decir que el señor fiscal perdió la mesura y que su conducta, propia de un político en campaña, debilita la autoridad del Estado.

No siendo poca la improcedencia de sus actuaciones y sin en el menor asomo de rubor ha propuesto, que quienes sean condenados por genocidio y delitos de lesa humanidad puedan participar en política y hacer parte del Congreso. Tamaño despropósito, además de quebrantar el Estatuto de Roma, estimula la violencia y la impunidad, ofende a la nación y provoca su airado repudio.

Al parecer el fiscal, al igual que el candidato presidente, aspira al Premio Nobel de Paz, y para hacer visible su pretensión, no tiene reparo en proponer que se violente el estado social de derecho y en propiciar condiciones para que se premie a criminales y se burle a inocentes.

La gestión del fiscal ha sido una constante suma de yerros y desaciertos, que inflige daño irreparable a la democracia y devela abierta participación en política. El fiscal debería renunciar para sumarse a la campaña reeleccionista y no comprometer con sus falaces ocurrencias la autoridad de una institución angular para la democracia colombiana como es la Fiscalía General de la Nación.

El fiscal y Santos olvidan, que Colombia rechaza una paz impuesta bajo amenaza, que premie atrocidades y perpetúe impunidad y violencia.

Pero Santos insiste en decretar la paz a cualquier costo, no para lograrla, sino para lucrarse de ella, asegurando su reelección y soñando con una nominación al Premio Nobel de la Paz. Y es que ante la falta de resultados de su gobierno, Santos no ha tenido alternativa distinta que politizar la paz, tratar de dividir al país e intimidarlo con la guerra, ignorando que la paz es un bien anhelado por todos que a nadie le pertenece, y que su logro es el resultado del orden, la justicia y la equidad, y no de la impunidad o la guerra.

Santos olvida que lo que país anhela, es el fortalecimiento del Estado Social de Derecho, en el que prevalezca la seguridad, el orden y la justicia; también olvida, que la nación no está dispuesta a jugar con su tradición democrática, y menos, aventurar su futuro para satisfacer la vanidad de un mal gobernante empecinado en usar la paz para perpetuarse en el poder.

Ante los abusos solapados del candidato presidente, la nación debería exigirle que suspenda de manera inmediata la publicidad oficial de su gobierno en todos los medios, y a los medios que se abstengan de recibirla, de manera, que en lo que queda de campaña, solo se difunda publicidad política pagada por su campaña, evitando así que se siga dilapidando el erario público y utilizando de manera abusiva los impuestos.

A su vez, los medios deberían volver a la imparcialidad y al equilibrio informativo, y algunos de sus más encumbrados periodistas, resistirse a los estímulos del gobierno y no fletarle su juicio y bien ganado prestigio.

El 15 de junio Colombia decidirá entre mantener en el gobierno a un político que ha demostrado incapacidad para gobernar sin estímulos y artificios, o elegir a un estadista que restituya y fortalezca las políticas de seguridad democrática, cohesión social, crecimiento económico y confianza inversionista, las que restituyeron la autoridad, redimieron la institucionalidad y devolvieron la esperanza de una nación postrada por la violencia.
 
Nunca como ahora, estuvo en juego el futuro democrático del país y la vigencia de sus instituciones, por eso todos los ciudadanos debemos participar en la elección ejerciendo el derecho al voto que la misma democracia nos concede.

Dios salve a Colombia y su democracia.

En Twitter: @rrjaraba
*Consultor Jurídico y Corporativo. Catedrático Universitario.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.