Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2008/07/15 00:00

    Colombia - Venezuela: palabras, palabras, solo palabras

    Parecen existir motivos poderosos para que el presidente Chávez opte por la moderación y conceda a Colombia una tregua temporal. Pero las razones para el pragmatismo de Caracas tienen fecha de caducidad y no hay garantías de que las prácticas de buena vecindad se extiendan más allá de los próximos meses.

COMPARTIR

Muchas veces veces, los estados construyen sus políticas exteriores sobre creencias que se perciben como incuestionables por mucho que la realidad estratégica insista en contradecirlas. El resultado suele ser una falsa sensación de seguridad que tarde o temprano rompe el estallido de una crisis. Tradicionalmente, por ejemplo, Arabia Saudí miró al Iraq de Saddam Hussein como un aliado frente a la amenaza del Irán de los Ayatollahs. Sin embargo, la invasión iraquí de Kuwait en 1990 despertó a los monarcas saudíes a la cruda realidad de que ni los lazos culturales, ni los intereses comunes eran suficientes para protegerlos de la voracidad de su vecino del norte.

En otras palabras, la diplomacia de Riad vio una asociación estratégica donde solamente existía un matrimonio de conveniencia. La lección tiene alguna relevancia cuando se contempla el entusiasmo con el que se han recibido los resultados de la pasada cumbre bilateral colombo-venezolana. Para muchos, el encuentro representa el regreso a un proyecto de integración binacional que no solo es necesario sino prácticamente inevitable entre dos países que no pueden vivir el uno sin el otro. Tal vez son estas expectativas desmesuradas las que han hecho difícil mirar de forma realista la reunión de Punto Fijo como un modesto acercamiento entre Bogotá y Caracas que podría tener una vida efímera.

Vale la pena contemplar con detalle cuales han sido los resultados tangibles de la cumbre. En principio, la agenda de Bogotá estaba marcada por dos objetivos. Por un lado, dar estabilidad a las relaciones comerciales. Por otro, obtener garantías de que la ingerencia del gobierno venezolano en el conflicto interno colombiano no volvería a repetirse. En el primer terreno, los resultados son magros. De momento, el gobierno venezolano ha esquivado la firma de cualquier compromiso destinado a proteger las inversiones colombianas o reabrir las fronteras las exportaciones del sector automotriz nacional. De hecho, los temas económicos parecen haberse reducido a una muestra de generosidad del presidente Chávez ofreciendo el suministro de petróleo subvencionado a través de la asociación de Petrocaribe a un país exportador de crudo como Colombia y la discusión de un faraónico proyecto de ferrocarril a través de los Llanos cuyo impacto medioambiental y dudosa viabilidad financiera erizaría los cabellos de ecologistas y economistas por igual.

En seguridad, las novedades tampoco son llamativas. El mandatario venezolano se ha limitado a admitir algo que resulta difícil de negar como que el manejo del conflicto interno colombiano es de exclusiva competencia del gobierno de Bogotá. Pero eso ya lo dijo antes y no le impidió tender puentes políticos y estratégicos con las Farc. Entretanto, el resto del paisaje político continúa más o menos como estaba. De hecho, protagonistas de los contactos con la guerrilla colombiana como el ministro del Interior Ramón Rodríguez Chacin y el director de la inteligencia militar venezolana, general Hugo Carvajal, siguen en sus puestos. Una mala señal si lo que se quiere es pasar página y ensayar un nuevo comienzo en las relaciones bilaterales.

Por otra parte, el masivo programa de rearme de Venezuela no ha perdido ni un ápice de su velocidad. La fuerza aérea de Caracas completará muy pronto la recepción de los 24 cazabombarderos SU-30 adquiridos a Rusia y la Armada del vecino país espera la llegada de 3 submarinos clase Kilo mejorada de la misma procedencia. Mientras, el presidente Chávez prepara un nuevo viaje a Moscú y Pekín aparentemente con el objetivo de estudiar la adquisición de más armamento.

Bajo tales circunstancias, se podría afirmar que los únicos cambios visibles están en la retórica del Jefe del Estado venezolano. Un gesto no despreciable que los optimistas quieren interpretar como el comienzo de la resurrección de los vínculos entre ambas capitales; pero que los pasados años de altibajos en las relaciones bilaterales obligan a contemplar con cautela. De hecho, para entender la moderación del presidente Chávez, es necesario tomar en consideración los riesgos y las oportunidades que encara en el frente nacional y el entorno internacional. En política interna, el mandatario venezolano es consciente de que su tono radical de los pasados meses le ha restado respaldo electoral. En consecuencia, ha optado por fortalecer su imagen de hombre equilibrado para tratar de recuperar votos en los comicios locales y estatales del próximo noviembre en Venezuela.

En el escenario exterior, la ponderación de Chávez parece responder a lo que se podría denominar el “efecto Obama”. Ante la perspectiva de que un demócrata con una visión más liberal de las relaciones exteriores llegue a la Casa Blanca, el líder venezolano podría estar decidido a pasar discretamente los últimos meses de la presidencia de George Bush con vistas a recuperar protagonismo internacional frente a un mandatario norteamericano menos hostil.

De este modo, parecen existir motivos poderosos para que el presidente Chávez opte por la moderación y conceda a Colombia una tregua temporal. Pero también es cierto que las razones para el pragmatismo de Caracas tienen fecha de caducidad y no hay garantías de que las prácticas de buena vecindad se extiendan más allá de los próximos meses. La clave para saber si el nuevo de tono de la diplomacia venezolana es el reflejo de un cambio político profundo o simplemente un ejercicio de conveniencia está en determinar si la administración Chávez ha renunciado a comportarse como la encarnación de la revolución bolivariana para convertirse en un gobierno responsable dentro del concierto de las naciones latinoamericanas. Y todavía no hay pruebas de que Caracas haya escogido este camino.



 
*Román D. Ortiz es Coordinador del Área de Estudios de Seguridad y Defensa
de la Fundación Ideas para la Paz.


¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1850

PORTADA

El hombre de las tulas

SEMANA revela la historia del misterioso personaje que movía la plata en efectivo para pagar sobornos, en el peor escándalo de la Justicia en Colombia.