Sábado, 21 de enero de 2017

| 2015/12/09 10:41

Los 70 del sur para el posacuerdo

Vale la pena que la oficina del Alto Comisionado para la Paz y la canciller diseñen una estrategia que borre ese tufillo exclusivista por no decir clasista que tienen las visitas a Harvard y Oxford.

Álvaro Jiménez. Foto: Semana.com

Al tiempo que se han desarrollado los tres años de negociación en La Habana, el equipo negociador del gobierno ha adelantado reuniones en distintos lugares del país, ha asistido a reuniones gremiales, foros de organizaciones sociales, campesinas y centros de pensamiento. También han hecho visitas a centros de alto reconocimiento por su calidad académica y como centros de formación de poder como Oxford en Inglaterra y Harvard en los Estados Unidos. En estas reuniones interesados y estudiantes colombianos han conocido de primera mano el desarrollo de las conversaciones, expuesto sus interrogantes y escuchado sobre la construcción de paz territorial como paradigma del proceso de paz con las FARC. En esos foros se les ha advertido la necesidad de integrar territorial e institucionalmente la periferia, la necesidad de construir democracia y equidad exigidas por décadas a punta de borbotones de sangre de los más pobres de Colombia.

Por esta razón, vale la pena que la oficina del Alto Comisionado para la Paz y la señora canciller diseñen una estrategia que borre ese tufillo exclusivista por no decir clasista que tienen las visitas a Harvard y Oxford. Y no es que allí no haya estudiantes que con su esfuerzo han logrado becas, sino porque mayoritariamente en estos centros se encuentran en proceso de formación los hijos de los grupos de poder. Esta “exclusividad” en las visitas recicla la lógica de validar a estos sectores y sus herederos como los interlocutores importantes, y desde luego que lo son, pero también deben serlo “los 70 del sur para el Post Acuerdo”. Los 70 son un grupo de colombianos que becados por el gobierno de Brasil se educan en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana UNILA. La misma, surgió en 2010 como un esfuerzo del gobierno brasilero para promover el encuentro y trabajo compartido de jóvenes latinoamericanos a los que educan de manera gratuita en portugués y español. La universidad esta ubicada en Foz de Iguazú, estado de Paraná, allí donde Brasil, Argentina y Paraguay comparten la majestuosa reunión de aguas conocida como la Triple Frontera y donde se pueden observar las monumentales cataratas de Iguazú y la represa de Itaipú, considerada la segunda más grande del mundo. (Ver página web de la UNILA)

A esta universidad han llegado estudiantes colombianos, jóvenes de familias trabajadoras con pocos recursos económicos que han tenido limitaciones para adelantar en Colombia sus estudios de pregrado. Allí encontré a Sergio Eduardo Escobar Bolaños y a Diana Rodríguez, estudiantes orgullosos de la UNILA, llegados desde La Dorada, Caldas y del sur de Bogotá, respectivamente. Entusiastas, felices por haber agregado el portugués a su conocimiento y práctica. Pude apreciarlos en medio de un evento latinoamericano mostrando su colombianidad orgullosos del joropo y la cumbia como patrimonio, tocando la gaita, felices con un sombrero vueltiao para 10, enseñando con recursos fotográficos limitados la majestuosidad de Colombia como nación y soñando un futuro compartido con jóvenes de Uruguay, Paraguay, Argentina, Haití, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, en fin, siendo parte del mundo del Sur donde las identidades son más evidentes que las que tenemos con los americanos del norte o los ingleses de Oxford. Allí viven la raíz de su historia ganando universalidad. Su ambición es regresar para trabajar en sus lugares de origen, no en Bogotá donde “hay mucha gente”, volver a sus regiones, al lado de la familia y de los amigos. Conversar con ellos es avisarse de los cambios en la mentalidad de la juventud, las preguntas sobre los retos que enfrentarán a futuro y la certeza lamentable de que aún para ellos no existe el gobierno de Colombia o por lo menos es lo que ellos sienten. A la pregunta de si han sido visitados por la embajada de nuestro país y qué tipo de apoyos reciben del Gobierno de Colombia, su gobierno, contestan con risas, como si fuera una pregunta absurda. “Nada, a nosotros el gobierno lo que nos pone es trabas, hace todo más difícil. Un día vino un embajador y dijo que nos iba a ayudar, pero bueno usted es colombiano y ya sabe, nunca volvió”.

La paz territorial se construirá con gente de carne y hueso. Muy pocos colombianos formados en Oxford y Harvard se irán a la profundidad putumayense , araucana, caqueteña, chocoana o del Catatumbo a construir país. Ellos están siendo preparados, para desde Bogotá, desarrollar y administrar su herencia y luego con la ayuda del gobierno acrecentarla. Sería conveniente que por la UNILA en Foz de Iguazú se dieran una vueltica física o virtual la oficina del Alto Comisionado para la Paz y la Cancillería pues los 70 del sur también están en condiciones para ser constructores de paz territorial en clave de democracia.

ajimillan@gmail.com
@alvarojimenezmi

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