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Opinión

  • | 2017/02/05 22:57

    ¿Quién le teme a Donald Trump?

    Colombia es uno de los países que debería estar asustado. El nuevo gobierno gringo no valora amistades viejas.

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No pensaba volver a escribir sobre Donald Trump esta semana. Había temas como el cinismo de los secuestradores del ELN; la absurda tendencia de la Fiscalía de declarar todo crimen de lesa humanidad; la podredumbre que emana diariamente  del caso Odebrecht. Ningún hecho, sin embargo, reviste la gravedad de lo que nos espera en los próximos meses y años si se consolida el giro de las políticas de la nueva administración de Estados Unidos.

Dice la columnista Peggy Noonan, quien escribió los más memorables discursos de Ronald Reagan, que en "el Washington de Trump, nada se siente estable". Es como si la capital estadounidense, construida sobre un pantano, hubiera regresado a su estado natural: sus cimientos sostenidos sobre tierras movedizas.

Nada es lógico: el Presidente conversa amablemente con Vladimir Putin -enemigo declarado de Estados Unidos-, al tiempo que acusa al primer ministro australiano de querer enviarle a su país a terroristas, como los hermanos Tsarnaev (responsables del atentado del maratón de Boston).  Trump se quejaba de un acuerdo firmado entre la administración Obama y el gobierno de Australia que permitiría el traslado de 1200 refugiados a Estados Unidos. Según la prensa, Trump le colgó abruptamente el teléfono a su contraparte y calificó la llamada como la peor de todas las que ha hecho desde que ocupó la Casa Blanca.

En los últimos 70 años, ningún país ha sido un aliado más fiel de Estados Unidos que Australia.  Colaboró en todas las guerras, incluyendo las impopulares como Vietnam y la invasión a Irak de 2003. Es miembro del grupo de cinco naciones, incluyendo Estados Unidos, que comparten información e  inteligencia. Una encuesta de la empresa YouGov encontró que para el electorado republicano - el partido de Trump- Australia es el mejor amigo de Estados Unidos. Nada de eso importó.

El jueves pasado Trump defendió su postura: "tenemos que ser duros. Todas las naciones se están aprovechando de nosotros, virtualmente. No va volver a pasar".

Si eso ocurre con Australia, ¿qué pasará con Colombia, que para los republicanos en el informe de Yougov es más enemigo que amigo (puesto 110, Venezuela es 115)?

La situación colombiana es sui géneris. Si bien Colombia nunca ha sido popular dentro de la opinión pública (las secuelas de Pablo Escobar y el narcotráfico), en Washington ocurre lo contrario. Desde la presidencia de Andrés Pastrana, el país ha ido escalando escaños de respetabilidad en los corredores del poder, tanto en la rama ejecutiva como legislativa.

Es de los pocos gobiernos que mantienen diálogos anuales de alto nivel sobre seguridad con la Casa Blanca. El año pasado Colombia se convirtió en el octavo país -el primero de Suramérica- en ser incluido en el programa Global Entry, que facilita y agiliza la entrada a Estados Unidos. Y desde 2012 se amplió la visa de turismo a 10 años.

Ha sido una relación madura, donde se aceptaban desacuerdos y diferencias de opinión; en la cual eran más las coincidencias que las desavenencias.  Una relación construida sobre unos pilares de entendimiento y un campo de juego con reglas acordadas.  Precisamente la antítesis de lo que proponen Trump y su gente.

Ya la embajadora ante las Naciones Unidas advirtió que tomarán nota de quienes no respaldan a Estados Unidos, en especial sus aliados. Durante décadas Colombia ha mantenido una postura independiente en la ONU. Esos votos serán más costosos en la era Trump.

En su llamada telefónica con el presidente Enrique Peña Nieto, Trump amenazó con enviar tropas a México para que se encargaran de los "bad hombres", que exportan droga y crimen a Estados Unidos. No son las palabras de un amigo.

El gobierno colombiano ha minimizado el efecto Trump diciendo que todo va seguir igual ya que somos aliados y nuestra política siempre ha sido bipartidista. No comparto ese optimismo. Algo fundamental ha cambiado.

En Twitter Fonzi65

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