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Opinión

  • | 2013/11/23 01:00

    La juridicidad nazi

    Le pregunto a Londoño: ¿será que entrevistar a los negociadores de paz de la guerrilla colombiana es un delito de lesa majestad contra el nazismo?

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Fernando Londoño Hoyos, que fue ministro de Gobierno y Justicia en los tiempos en que el entonces presidente Álvaro Uribe eliminó la justicia de su programa de gobierno, se ocupó hace unos días en su habitual columna de El Tiempo de un reportaje emitido en el programa Las claves de Canal Capital. 

Uno que hicimos en La Habana, con los jefes de las Farc, Antonio Albiñana, que dirige el programa, y yo, que lo presento (habitualmente en compañía de María Elvira Samper). Según Londoño, pretendíamos “justificar los delitos” cometidos por las Farc. Pero, añade con astucia solo comparable a la del Chapulín Colorado, “no contábamos con Mezger”.

No es así. Albiñana y yo no fuimos a La Habana “a lavar a las Farc de toda mancha de delito”, como escribe con su habitual prosopopeya Fernando Londoño: no somos jueces, ni confesores. Fuimos a entrevistar para nuestro programa de televisión a los negociadores de las Farc que buscan un acuerdo de paz con el gobierno: somos periodistas.

No queríamos, como asegura Londoño, “justificar” el secuestro. No se necesita ser jurista como él y sus maestros alemanes para entender que un secuestro es un secuestro, aunque quienes lo cometen lo llamen “retención”, o, como en otros casos, “detención-desaparición”. 

Un secuestro no es una retención, como, por ejemplo, un contratista de una empresa no es su empleado, aunque un jurista tan avezado como Londoño haya usado ese disfraz para hacer una maroma ilegal con las acciones de Invercolsa (que siguen, por lo que entiendo, detenidas-desaparecidas). 

No queríamos tampoco “justificar” el reclutamiento de niños por parte de la guerrilla: son los entrevistados, no los entrevistadores, quienes lo explican. Que ellos digan no saber todavía, al cabo de diez años, si son o no responsables del atentado contra el club el Nogal también a mí me parece, como a Londoño, “una mala defensa”, así sea la que todos usan habitualmente en Colombia: lo estamos viendo en este mismo momento con la resurrección de la investigación sobre el asesinato de Luis Carlos Galán –y nada se sabe todavía del de Gaitán, ni del de Uribe Uribe, ni del de Sucre.

En cuanto al atentado de que fue víctima el propio Londoño, no somos Albiñana y yo, sino los jefes de las Farc, quienes dicen que no tuvieron nada que ver en eso: y no “quedaron perdonados”, porque la función de un entrevistador no es perdonar, sino entrevistar.

Pero si escribo todo esto no es por llevarle la contraria al exministro Londoño. Sino porque me llama la atención su elección del citado Mezger como alta autoridad normativa cuya astucia jurídica le sirve para desestimar nuestras entrevistas: 

Edmund Mezger –de cuya existencia, en efecto, yo no tenía noticia. Pero me informo en la útil Wikipedia de internet, y descubro que Edmund Mezger, a quien el exministro de Gobierno y de Justicia de Uribe toma como maestro de tipificación de los delitos, fue bajo el Tercer Reich hitleriano un jurista nazi que “definió como actividades ilícitas (y aquí la Wikipedia abre comillas) ‘todas las acciones contra la ideología nacionalsocialista alemana’”.

Le pregunto al exministro de Justicia: ¿le parece que entrevistar a los negociadores de paz de la guerrilla colombiana constituye un delito de lesa majestad contra el nazismo?

Posdata: Yo también querría mostrarme generoso con el estilo literario de Londoño, como lo hace él con el mío, si no fuera porque me desconciertan, gramaticalmente hablando, sus constantes cambios de sujeto de la oración cuando habla de sí mismo. 

A veces usa el modesto pronombre reflexivo de la tercera persona, como en “se dice sinceramente”; y otras prefiere el rotundo plural mayestático de la primera persona, como en “del atentado en contra nuestra”. Y así no es fácil felicitar a nadie.
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