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Opinión

  • | 2013/10/18 00:00

    Cuentos pintados

    Pachito, que se iba furioso del uribismo, de puro verse solito, volvió a la carrera donde Uribe para decirle: “nunca más seré malo/ ¡ay mamita, dame palo!/, ¡pero dame de comer!”.

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No es serio un país en el que la política busca su inspiración en la poesía cómica. En el trasfondo se despliega la tragedia de la vida real. Pero en primer plano dan volantines los matachines y los payasos. La semana pasada tuve que recurrir aquí a los versos festivos de La perrilla de Marroquín para describir los grandes preparativos de los fiascos del presidente Juan Manuel Santos. Hoy les toca el turno a los Cuentos pintados de Pombo: 

“Michín dijo a su mamá: /voy a volverme pateta. /  Y el que a impedirlo se meta / en el acto morirá”.

Así comienza El gato bandido. Así empezó Francisco Santos, ex vicepresidente de la República y precandidato presidencial del uribismo, su aventura individual (para decirlo con las palabras que usa Chateaubriand a propósito de Napoleón). Salía Pachito hecho un trueno, con todos los fierros:
“Ya le he robado a papá / daga y pistolas; ya estoy / armado y listo: me voy / a robar y matar gente. / Y nunca más, ten presente, / verás a Michín desde hoy”.

Iba Pachito indignado porque el dedazo del expresidente Álvaro Uribe –el guiño, llaman a eso en este país de farándula– no lo había señalado inequívocamente a él, como señaló hace cuatro años a su primo Memel. Porque, dicho sea entre paréntesis, qué estrambóticos métodos para elegir presidente usamos en este país de opereta: el guiño de un finquero, o cuatro entierros de primera, o la chequera de un narco, o el reloj de propaganda de un guerrillero. 

Para elegir parlamentarios nos inclinamos más bien hacia la figura del comodato: hace unos días contaba sin ironía esta revista que no sé cuál senador de un partido “no ha definido aún si aspira a reelegirse o prefiere cederle su electorado a su hermana”, la cual milita en un partido distinto. 

Pero vuelvo a Pachito Santos, que se iba furioso del uribismo, resuelto a todo, para vivir su vida. Y sin embargo al día siguiente, sin siquiera haberse topado como el Michín original con un gallo ni con una lechuza ni con un perro, sino de puro verse solito, volvió a la carrera a donde Uribe para decirle:

“...has de ver / que nunca más seré malo. / ¡Ay mamita! Dame palo / pero dame qué comer”.
Y ahí sigue refugiado bajo el ala del expresidente, gallina clueca a la que de aquellos huevitos de antes le quedan sino tres pollitos, contando a Pacho, porque al otro que tenía se lo llevaron preso. Hay dos más de reserva, que le cedió –en comodato, eso sí– el Partido Conservador. Como apunta Pombo en La tía Pasitrote: “En el cogote / va la chiquita”.

Pero no es solo el Uribe Centro Democrático  (¡qué nombre para un partido político! Si ya aquello de ‘La U’ daba vergüenza ajena...) el que está lleno de personajes cómicos de las fábulas de Pombo. En el liberalismo tienen, claro está, a Simón el bobito, que “volviendo a casa le dijo a papá: / Taita, yo no puedo matar pajaruco / porque cuando tiro se espanta y se va”. 

Y en el Polo Democrático está Clarita: “Pastorcita perdió sus ovejas / y no sabe por dónde andarán”... Se las llevaron los lobos Progresistas, ahora travestidos de verde como Rin Rin Renacuajo, que “se fue saltando tan alto y aprisa / que perdió el sombrero, rasgó la camisa, / se coló en la boca de un pato tragón / ¡Y este se lo embucha de un solo estirón!”.

Lo habrán reconocido, por supuesto: es el procurador Ordóñez zampándose a Gustavo Petro. El mismo insaciable procurador que, “gastrónoma vorágine / que tragaba más bien que comer; / y a veces suplicábanle / (ya previendo inminente catástrofe) / señora doña Pánfaga, / véase el buche, modérese usted”. El mismo que, para la boda de su hija, hizo un gran “banquete de pipiripao” como Mirringa Mirronga, la gata candonga, al que “llegaron en coche / ya entrada la noche, / señoras y damas con muchas zalamas, / en grande uniforme, de cola y de guante, / con cuellos muy tiesos y frac elegante”.

Y es verdad: allá estaban todos, generales, ministros, altos jueces, parlamentarios, atiborrándose: “El pescado frito estaba exquisito / y el pavo sin hueso era un embeleso”, cuenta el poeta. Parecía que todos fueran como aquella “viejecita / sin nadita qué comer” del poema de La pobre viejecita, o como la mariposa de los otros versos: “Mariposa / vagarosa, / rica en tintes y en donaire / ¿qué haces tú de rosa en rosa?/ ¿de qué vives en el aire?”. 

Y la respuesta la da el gobierno de la Unidad Nacional, justo, moderno y seguro, con su prosperidad para todos: “Un niñito / tan bonito / y que tiene tanto traje”. Se los conocemos casi todos: los calzoncillos de interior, los pantalones rojos, la camiseta amarilla de la selección, los chalecos sin mangas de Indiana Jones para ir a visitar a los mamos arhuacos del Arca Perdida. Esta vez, su trajecito de niño risueño que en la punta de su dedito le ofrece a la mariposa “una gota de miel pura”.

“Y ella, ansiosa, / vuela y posa / en su palma sonrosada. / Y allí mismo, ya saciada / y de gozo temblorosa, / expiró la mariposa”.

Esa “prima especial de servicios” para los congresistas, por valor de 2.069.392.590 pesos mensuales, fue la gota de mermelada que desbordó el vaso. 
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