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Opinión

  • | 2013/11/23 01:00

    Así tomó Santos la decisión de lanzarse

    “Para poder ver al grupo de golf he tenido que nombrarlos o darles asesorías”.

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¡Cáspitas!, se me olvidó dictarle la columna a Gabriel…

–¿A quién, mi vida?

– A Gabriel Silva, el gordito… Iba a pedirle que atacara otra vez a Uribe porque el gobierno anterior tuvo pésimos ministros… en especial los de Defensa.

– Juan, amor, deja ya de pelear… Te noto muy nervioso. Ponte las bolsas de té en los ojos y duérmete ya. Te desmaquillas mañana…

–Pero ¿cómo quieres que esté? El proceso de paz anda a media marcha… Me la paso viajando a tierra caliente a ver si subo en las encuestas…Y no me sale una sola reforma…

–¿Y la reforma que le hicimos a la Casa Privada acaso no te gustó?

–Bueno, esa sí …

–Esto parecía una fonda paisa: me tocó botar la rana, el billar, la rocola, esos carteles vulgares escritos con mala ortografía de “Oy no fío mañana sí”…

–Los debió escribir Tomás… O el otro: ¿cómo es que se llama?

–Pero al final lo logré. Inspírate en ese ejemplo y saca adelante tus reformas…

–Pero es que todas me salen mal… Hago la reforma agraria y se ponen bravos todos esos cuidanderos…

–Campesinos, Juan: apréndete de una vez ese término.

–Eso, campesinos. Hago la reforma a la salud y los de las batas blancas se ponen furiosos…

–Llámalos médicos, Juan…

–Los estudiantes también viven histéricos conmigo, pese a que la inversión en educación de este gobierno no tiene techo, como se pudo ver con el de la Facultad de Derecho de la Nacional…Y encima de todo el procurador me vive regañando, y dice que todo lo que hago es un acto proselitista, hasta abrir la sede de Buen Gobierno…

–No, Juan: dice que fue un acto  ‘pros-elitista’, porque fueron Luis Carlos y Fanny, ambos adorados. Más bien mira que la sede quedó espectacular, llena de fotos tuyas: hay una divina en la que alzas a un bebé todo negrito, y otra divina en que sales disfrazado de mamo. Quité esa en que salías oliendo un ladrillo de marihuana y la otra en que aparecías leyendo un periódico en una casa de muñecas que le regalaste a no sé qué niños… Parecías en el baño. 

–Era un simulacro de evacuación…

–Como sea: descansa, mi Juan. Solo quítate el delineador. Y ponte las bolsas de té.

–Pero cómo voy a descansar si además ya se vence el plazo para lanzarme a la reelección…

–¿Y es que lo dudas?

–¡Claro! Me veo yendo otra vez a la ceremonia esa en la Sierra Nevada y me fundo de la pereza. Ya no me mamo ni a los mamos. Y no quiero saber más ni de cuidanderos…

–Campesinos, Juan…

–Ni de paleteros…

–Médicos, Juan…

–Ni de nada. Y además, me da miedo perder…

–Al revés: no tienes nada que perder …

–¿Que no? ¿Y las idas a la taberna del Country? ¿Y las escapadas con el grupo Tándem de golf? Para poderlos ver he tenido que nombrarlos en cargos públicos o contratarles asesorías…

–Pero tienes una responsabilidad muy grande con el país, Juan: si sube un presidente malo, puede hacer cualquier barbaridad con la patria: quitar a Aída de Artesanías de Colombia. O a Claudia de Marca País. Tu compromiso es gigante, mi amor.

–¿Y si pierdo?

–¿Pero contra quién puedes perder?

–No sé… contra el señor ese que es candidato de Uribe… Se me va el nombre ahorita.

–¿Óscar Darío Zúñiga o algo así? Con ayuda de Uribe, es posible que supere el margen de error. Pero nada más.

–O Navarro. 

–Pero, mi gordito… Si tú hablas mejor que él. A él no se le entiende nada. 

–Esa es mi desventaja: que a mí sí se me entiende.

–Mira las encuestas, tontito: el único que te supera es el voto en blanco. 

–Pero si el voto en blanco hace coalición con el voto nulo, me derrota…

–Eso no va a pasar…

–Y me imagino un debate televisivo contra el voto blanco, y me muero del susto. Es mucho más claro que yo. 

–Pero el voto en blanco no acude a propaganda negra, como J. J.; y no tiene cuotas afro, y tú ya tienes dos. 

–Pero no hace promesas imposibles, como yo…

–Sí, pero si no lo atajas, en unos años el hijo del voto en blanco terminará encabezando una lista al Senado, y eso no lo podemos permitir. Dale, anímate… ¡Lánzate!

–¿Será?

–¡Claro! Y armemos desde ya un viaje a la ONU en octubre, para que coincida con las rebaja de Sacks. Habla con María Ángela.

–No sé…

–Juan: hice venir a mi hermano Mauricio y a Sugey desde Londres: no podemos dejarlos con los crespos hechos…

–Si se quedan con los crespos hechos digo que son cuota afro y les doy un ministerio. 

–Entonces, tranquilo, mi amor: no te lances. Y, en lugar de ir a la Casa de Huéspedes, el próximo diciembre veraneamos en los llanos, invitados por la familia de Sugey, que preparará mamona, espero que no como un indirectazo contra mí. 

–¡¿Cómo?!

–Sí, Juan. Y nos vamos en Avianca, que ha mejorado mucho. A los llanos y a todas partes.

–¿A Anapoima en vuelo comercial?

–A Anapoima en carro, mi Juan: no hay vuelos a Anapoima.

–¡¿Qué?! ¡¿En carro?!

–Sí. Y el 8 de agosto analizamos el Chevyplan para comprarnos un carrito para el pico y placa…

–¡Sí voy! ¡Me lanzo! ¡Necesitamos la paz! ¡Me sacrifico por la patria!

–¡Ese es mi Juan! Ahora ponte el gorro y a dormir. Y tranquilo, que en cualquier momento se desploma el voto en blanco. 

–¿Como el techo de la Facultad de Derecho de la Nacional?
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